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O B R A S
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Como todos los enamorados, Marta y Fernando viven
en un universo propio, en el que coexisten el gozo,
el asombro, los conflictos e incluso las pequeñas
traiciones. La dicha, una felicidad que nunca es
simple, está llena de sombras y misterios. Con extrema
delicadeza, a través del continuo diálogo entre
los amantes, el autor va revelando las múltiples
facetas del enamoramiento. La historia se sitúa
en un tiempo y un lugar concretos, la Valladolid
de la época de la transición, un momento en el que,
al igual que ocurre al inicio de un amor, se abrían
horizontes nuevos y terminaba una forma de entender
el mundo.

La
propuesta de Martín Garzo en su última y premiada
novela consiste precisamente en intentar iluminar
el espacio de una intimidad amorosa en una algidez
sostenida. Marta y Fernando, los dichosos protagonistas
del relato, muestran desde el principio una confianza
y una pasión sin fisuras, como si, protegidos por
un cálido recinto, fueran invulnerables a las acechanzas
del desamor o a la rutina conyugal. Se trata, por
tanto, de un planteamiento tan inusual como difícil
de materializar narrativamente. Si la beatitud es,
al parecer, ese estado en que "no pasa nada", entonces
la novela se encuentra sin conflicto que vertebre
su peripecia.
Por
eso la opción de Martín Garzo ha sido, como refleja
el título, componer un libro de "historias" donde
un narrador omnisciente (excepto en dos capítulos,
donde se da paso a las voces de Fernando y Marta,
respectivamente) va construyendo a estos dos personajes
a través de anécdotas mínimas, de diálogos y relatos
que los propios personajes se refieren. A través
de esta discontinuidad narrativa, tan cercana a
veces al poema, se va alumbrando el universo emocional
de Marta y Fernando. No hay una "historia", es decir,
no hay una diacronía, una evolución psicológica
bien definida, sino simplemente una acumulación
de estampas, momentos en los que sus personajes
pueden llegar a alcanzar una hondura y una emotividad
singulares. Es entonces cuando la novela (aunque
este calificativo no le cuadra exactamente) alcanza
ese resbaladizo objetivo al que aludíamos antes:
hacer del amor en su perfección algo atractivo,
más allá de los tópicos con que se lo suele abordar.
De este modo, la relación de Marta y Fernando va
mostrando una sorprendente variedad de aristas y
zonas oscuras. Y con ello se crea una paradoja que
hay que sumar en el haber de la novela. Me refiero
a la creación de un espacio para la incertidumbre
en medio de la "claridad conyugal" en que transcurre
la ficción, una sensación de (perfecta) precariedad
que transfiere a la relación de los personajes la
textura de los sueños. Es justo lo contrario a esa
otra paradoja (ésta sí, consagrada par una larga
tradición literaria), según la cual el padecimiento
amoroso alberga un secreto consuelo.
Juan Carlos Peinado en "Revista de Libros".
Marzo de 1999.
Publicado
en turco por Can Yayinlari.
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