Érase una vez una joven alegre, con ganas de vida y de amor. Trabajaba en una joyería de una
ciudad de provincias, y no pudo resistirse a los encantos de un apuesto policía que la encandiló
con sus locuras. Se casaron y tuvieron dos hijos. Acabaron viviendo en un pequeño apartamento
de Valladolid, que ahora el hijo, ya mayor, recuerda con nostalgia. Vuelven a su mente los días
luminosos en compañía de la madre, su figura inclinada sobre la tela que estaba cosiendo, sus
charlas con las amigas y su figura esbelta que revoloteaba alrededor de las camas de los dos niños
de noche, protegiéndolos de los males que la vida acarrea consigo.
Todo cambió el día en que uno de los hijos murió en un accidente que nadie pudo evitar. Desde
entonces, una locura callada se infiltró en la mente de la madre. El marido, un hombre agresivo
y poco dado a expresar sus sentimientos, fue viviendo de su trabajo y desahogando su amargura
con otra mujer. El hijo, testigo atento de tanto dolor callado, fue creciendo hasta convertirse en un
adulto más acostumbrado al recuerdo que a la acción.
En ese mundo donde las emociones se guardan en sobres cerrados, de repente surge la
posibilidad de una vía de escape: un viaje de la familia a Madrid, que la mujer aprovechará para
rebelarse contra el destino que le ha tocado en suerte. El testimonio de este gesto está en una carta
destinada al hijo, unas palabras que sería mejor no leer y que finalmente quedarán en la mente
de quien narra como una muestra más del pacto que nos une a la vida: nadie vive como debe ni
como quiere, sino como puede… El resto está a cargo de nuestra imaginación.
Novela de amor y espanto a la vez, de breves incursiones en la locura que se esconde tras los
gestos cotidianos, La carta cerrada retoma los temas ya apuntados en Mi querida Eva y borra
por momentos las fronteras que separan lo vivo de lo muerto, celebrando finalmente nuestra
capacidad de sentir e improvisar nuevas emociones.
A la venta el 16 de Octubre 2009