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O B R A S
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Un ser casi irreal, venido de no se sabe dónde,
se cuela por la ventana de la vivienda -un piso
alto, en una gran ciudad- que comparten dos mujeres
jóvenes: Ña (menudita, de ojazos pensativos) y Bel
(esbelta, de nariz afilada). Ese intruso, que es
quien nos pone aquí al corriente de todos los secretos
domésticos que va desentrañando, trastorna, poco
a poco, la vida rutinaria de las dos muchachas;
dotado de poderes impropios de este mundo, sufrirá,
a su vez, el contagio de las pasiones humanas. Se
crea de esta forma un trío amoroso, musical, y los
cambiantes movimientos de esa convivencia hacen
del piso de Ña y Bel una casa encantada, un lugar
donde habitan la armonía y el caos, los celos y
el placer, la fascinación y el rechazo, la tristeza
y la alegría.

El
relato, contado en primera persona, se ofrece casi
como un cuento de hadas. La historia está muy cerca
de los relatos mágicos en el que los acontecimientos
se explican por el suceder de lo inverosímil y como
esto se torna, por obra de la escritura, en una
realidad casi onírica. Pero en la historia contada
la forma de operar de Martín Garzo va más allá.
La escritura traspasa lo mágico para, desde lo insólito,
ofrecer una suerte diversa de guiños irónicos desde
los que hurgar en las entrañas del mundo (femenino
sobre todo), y así ofrecer la geografía contradictoria
de las cosas, siempre desde la mirada inocente del
que desconoce y descubre.
Luis
de la Peña, en "Babelia", El País, 26/7/99.
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