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O B R A S
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Este
libro atípico, que disuelve la distinción entre
géneros literarios, está conformado por una serie
de fragmentos sobre el tema obsesivo de "las mujeres",
enlazados por un personaje, que suele aparecer en
primera persona sin nombre ni rasgos que lo identifiquen,
y que se dedica a combinar pequeños relatos, momentos
descriptivos y fantasías que tienen que ver tanto
con la observación de la realidad como con la mitología,
la religión o las noticias de la prensa. El personaje
siente hacia las mujeres una síntesis de devoción
y deseo, que al irse tramando con la evidencia de
una profunda desolación componen su verdadero retrato:
alguien del que no se sabe nada, que sólo habla
"de ellas", que acaba dibujándose en el espejo del
mundo que crea.

Aquí,
en "El amigo de las mujeres", un personaje en la
sombra, mirón con tendencia a las ensoñaciones,
contemplativo que rescata la maravilla de la vida
en las escenas que contempla, apura sus visiones
en el recipiente de Eros como el místico las apura
en el cáliz de lo divino. Sus ojos ven más que los
nuestros y son más sabios. Ven, por ejemplo, todos
los sucesos extraños de que está llena la vida corriente,
sucesos que sólo esperan a que alguien venza la
fuerza que tira de ellos hacia el olvido y los cuente
para satisfacción nuestra. Cuando a partir de la
tercera parte del libro, las historias del "amigo
de las mujeres" cobran vuelo de fábula, el estilo
del autor se vuelve tan audaz como el de aquellos
a los que se les suelta la lengua en una barbería.
Su nervio y su lirismo corren juntos con la perfección
que alcanza sólo al poema redondo. Como el amor
es "el reino de la infinita posibilidad", también
son infinitas las actitudes del contemplador que,
como buen amante, se sabe contener y hasta se impide
el abrazo amoroso. Su pudor le arroja fuera del
lugar de la visión, pero deja allí a un criado de
sus deseos: a un bufón lleno de poesía que se agazapa
para ver mejor la escena cuyo centro es siempre
una mujer. Los dos son uno: la fantasía y la razón.
Allí está quien lo ve, y aquí quien lo cuenta. También
una virtualidad sin fin es la marca de lo femenino,
su carácter impredecible y secreto. Por eso la misteriosa
Virgen aparece como un modelo.
Carlos Ortega en "Diario 16". 1 de
mayo de 1993.
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