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Espido
Freire : "La literatura juvenil es ñoña
y didáctica", Antonio Paniagua.
Por María Luisa
Pedrós. Cultura & espectáculos.
19 de Abril de 2001
La escritora
publica “La última batalla de Vincavec
ed Bandido”, una novela para jóvenes
Espido Freire ha sido una devoradora
de libros infantiles; pero de adolescente dejó
las etiquetas literarias y se lanzó a la lectura
de, libros considerados sóló aptos para
adultos. Desde esta perspectiva considera un "mal
menor" que existan novelas y relatos para jóvenes,
y echa de menos que apenas se lean en la actualidad
obras de Julio Verne. "Me crispa que se intente
dar a los. adolescentes todo mascado", asegura
la escritora y ganadora del premio Planeta. Con la publicación
de La última batalla de V'incavec el Bandido
(Ediciones SM), Freire ha realizado una incursión
en la literatura infantil que espera sirva para alentar
la fantasía y la imaginación entre los
más jóvenes, a los que ve atrapados entre
“la alienación y un espíritu de
independencia” manejado por el marketing.
Después de entregar a la
imprenta nada menos que siete libros en tres años,
entre ellos un poemario, Espido Freire piensa concederse
un periodo "ascético de descanso de seis
meses". La primera novela de esta autora para lectores
precoces entrevera la intriga y los mecanismos del juego
de rol para narrar la historia de una niña, Lidia,
que escribe historietas para la revista del colegió.
Lidia es un trasunto de la adolescente que fue Espido
Freire, quien también a sus pocos años
no paraba de idear aventuras.
"De pequeña no llegué
a conocer héroes ni mitos, sólo los del
cine y la televisión, entre ellos los de las
jóvenes modelos Por eso había que inventar
historias En el Instituto de Educación Secundaria
no ocurría nada, era todo muy aburrido, al contrario
de lo que nos prometían los libros de aventuras",
dice la autora bilbaína, quien reconoce que si
en todos los sitios existe necesidad de soñar,
"en el País Vasco todavía más".
Para Freire, si de algo peca la literatura infantil
y juvenil es de ser "ñoña, didáctica
y políticamente correcta". La escritora
lamenta el desprestigio de la fantasía y confiesa
que se siente encandilada por los personajes que se
saltan las rígidas normas de la literatura infantil.
La autora de Irlanda asiste un tanto
perpleja a la propagación de la estulticia y
la preponderancia de los valores vacuos entre la juventud,
mientras se "pierden modelos de referencia, sobre
todo pára las chicas, que no quieren ser ni científicas
ni investigadoras, ni…”.
Primera
novela juvenil de Espido Freire.
Terra.
La relación
de una joven que escribe historietas para la revista
del colegio y sus personajes, que le comunican sus deseos
y sus necesidades, centra La Última batalla de
Vincavec el bandido, la primera novela juvenil de Espido
Freire.
La obra, publicada por SM en su colección El
navegante, tiene como protagonista a Vincavec de Fafnir,
jefe de una banda de proscritos que defienden a los
humildes y luchan contra los opresores.
"En mi adolescencia no tuvimos referentes
juveniles y teníamos que inventarnos historias,
pero todos querían ser los protagonistas, de
modo que, como yo tenía cierta capacidad de observar
y contar el mundo que me rodeaba, no me quedó
más remedio que ponerme a escribirlas",
explicó Espido Freire.
"No ocurría nunca nada de
lo que se veía en las películas o se leía
en los libros y nadie tenía en cuenta el silencio,
el miedo, las ansias y la desorientación de los
adolescentes", agregó.
Hoy la situación "no ha mejorado
nada y las adolescentes todavía están
peor porque no encuentran ni científicas, ni
biólogas ni escritoras en las que querer convertirse,
sino sólo la referencia del éxito rápido
y de la falta de responsabilidad que no existe en la
realidad".
El objetivo de este libro es, según
la escritora, "aportar una visión diferente"
y "otros modelos" porque "si antes no
creía en la literatura juvenil por sí
misma ahora pienso que puede ayudar".
Se trata, pues, de "una historia
de aventuras con sus tópicos, en las que el malo
es ambivalente, porque no es el que cumple su papel
en la historia, sino que el auténtico villano
es el que pretende controlar las historias que escribe
la protagonista".
La
última batalla de Vincavec, El Cultural (El Mundo).
Por Care Santos. El
Cultural (El Mundo). 18 de Abril de 2001
Después
de ganar el Planeta, con tres novelas en su haber, la
inquietud de Espido Freire se ha inclinado hacia otros
derroteros literarios. Si primero fue el ensayo, seguido
del cuento o la poesía, ahora la joven autora
aborda un terreno más familiar: el de la narrativa
para jóvenes. Lo hace con una novela que bebe
de fuentes muy literarias –los cuentos infantiles,
principalmente– y que los lectores más
fieles encontrarán sutilmente emparentada con
el universo de sus anteriores entregas novelescas. Sin
embargo, parece percibirse aquí –y es el
hallazgo de este libro– una voz mucho más
espontánea, mucho más ágil. Incluso
más verosímil. Desde luego, Freire afina
su pluma cada vez más. Pero no es sólo
eso. Tal vez sea el repetido uso del humor –que
no sólo servirá para acercar el texto
al lector joven, sino que cautivará al más
ducho–, el flirteo con las herramientas propias
del escritor o el juego de espejos que plantea la historia
misma entre la rea-lidad y la ficción. El caso
es que esta novela representa un paso firme en la carrera
literaria de su autora, y ninguno de sus seguidores,
o de los que no lo son, debería dejarla escapar.
La anécdota contada en La última
batalla de Vincavec el bandido es doble: Lidia, aficionada
a la escritura y colaboradora en revistas escolares,
ha inventado un personaje del que está enamorada:
un bandido llamado Vincavec que, al modo de Robin Hood,
roba a los ricos para ayudar a los pobres. Para él
ha creado Lidia un reino idílico, una región
sublevada contra un gobernador despiadado, una pandilla
de secuaces buenos y un batallón de soldados
malos. En la trama principal se insertan las historias
que la protagonista inventa, cocinadas con los mejores
ingredientes del relato de aventuras clásico
y más de un guiño a lo cinematográfico.
La trama empieza la noche en que a Lidia se le aparecen
sus personajes para insubordinarse contra su propio
destino. Una idea varias veces repetida en literatura
–Niebla, de Unamuno, es referente obligado–
pero a la que la autora sabe sacar gran partido.
Como debería imponer la colección en la
que se inserta –escribir para jóvenes implica
una gran responsabilidad que muchos autores olvidan–,
la novela no permite descanso al lector. Seducirá,
entretendrá y divertirá a lectores de
cualquier edad. Es una buena novela y, en el sentido
apuntado, un acto responsable.
La
Estirpe de Duino viene a almorzar.
Diario de Noticias.
Duino era el paisaje donde se desarrollaba
parte de la novela por la que a Espido Freire le concedieron
el premio Planeta hace un par de años; un territorio
imaginario que en Vincavec el Bandido cunde y se convierte
en mapa y sustento de la trama.
Una continuidad espacial que me llena de alegría
por cuanto viene a expresar de cercanía entre
ambos textos, aunque su autora hable en uno específicamente
a jóvenes y en el otro, al público en
general.
La autora identifica con claridad los
registros de comportamiento de “Lidia”,
la joven escritora protagonista de Vincavec.
El tono de sus diálogos, los parámetros
de su monólogo interior, el tipo de inquietudes
y aspiraciones con la que contruye su existencia o la
vivencia de sus afectos y amistades; muestra así
una actitud de proximidades y una gran aptitud para
encarnar la voz de una adolescente hija de familia,
amiga de sus amigas, escritora y estudiante, convirtiéndola
en un personaje accesible y atractivo del que se sirve
para ejemplarizar sobre las disyuntivas propias de la
autoría narrativa.
Quizá, esto sea lo más destacable de la
novela, el discurso acerca de las vinculaciones entre
la realidad de los relatos, un discurso elaborado de
forma tal que mueve al lector a reflexionar.
Los personajes de esos relatos que “Lidia”
escribe, vendrán a visitarle en su mundo real:
adelantar esto no es descubrir mucho, puesto que en
la cuarta página – de las más de
200 del libro -, tal cosa ya ha sucedido.
A partir de esta conexión entre
mundos paralelos, se va a desarrollar la tensión
entre el devenir de los sucesos de fantasía y
el transcurso de la vida de cada día en el instituto
y en las familias de los protagonistas. Pero respetando
una regla: los mundos paralelos podrán intercambiar
situaciones y personas, pero no deberán interferirse,
cada cual ha de cumplir su destino. Esto serán
el arte y el cometido de quien desee ser autor y persona:
conducir las distintas historias hasta que lleguen a
su propio fin.
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