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Literaturas.com:
Cuentos malvados, reúne 99 aciertos,
“ramalazos breves en palabras de la autora”,
Espido Freire, que respetan por igual las estrictas
reglas del relato hiperbreve, uno de los géneros
más difíciles de cuantos podemos encontrar
en la actualidad. No en vano, como en poesía,
fueron muchos autores los que se acercaron a él,
pero pocos los que lo consiguieron dominar. Inteligentemente
encadenados, sorprende en estos Cuentos malvados la
frescura de los mismos que en nada desmerecen a los
de los grandes, Monterroso, Torri o Arreola. Pero son
la secuencia que conforman la denominada Dentro del
laberinto la que despierta por igual estupor y respeto
por una autora, joven, de quien sólo cabe esperar
que continúe en el futuro ofreciéndonos
perlas como estas.
Tan
hermosos que dan miedo, Por Alba Carbajal. 3 de Agosto
de 2005
Tenía algo más que 20 años
de edad cuando comenzó a experimentar -con la
sinceridad que es propia de quien escribe para sí
mismo- su don de letras. Con su pequeño cuaderno
siempre con ella, iba dando a luz sus brevísimos
relatos que posteriormente bautizó como Cuentos
malvados. Se trata de Espido Freire.
Según sus propias palabras, «comenzaba
el verano de 1997 cuando un centenar de ideas malvadas,
99 ramalazos breves, se vieron cristalizados en cuentos
de apenas unas líneas. Los temas elegidos se
escurrían, viscosos y huidizos, y reptaban sobre
el papel (...) Ahora abro la caja de estos cuentos para
que escapen y muerdan y arañen.
Son cuentos malvados a conciencia, porque
mueven un resorte que obliga a plantearse qué
es el mal y qué es el bien, «siempre me
ha interesado subvertir el orden», dice la escritora,
quien también define estos cuentos como «pequeñas
ventanas donde el lector puede atisbar otras realidades».
Divididos en siete apartados temáticos (El agua,
Ángeles, Las voces, Arañas y mariposas,
El espejo, Los cuentos y Dentro del laberinto), la también
autora de Melocotones helados juega con «princesas
o ranas que se niegan a cumplir su destino», con
«ángeles que pueden ser vampiros»
o con «voces que son ese personaje interior que
de vez en cuando asalta con una idea».
Belleza y sencillez.
«Medio ahogado, vio cómo una
sirena nadaba hacia él y tendió sus manos
hacia ella. La sirena no se acercó más.
Con su hermoso rostro sereno contempló cómo
el príncipe se hundía lentamente. Cuando
dejó de respirar, ella se aburrió, y abandonó
el lugar envuelta en un remolino de espuma».
A lo largo del pequeño libro no
se puede evitar la evocación a la niñez
en esa época en la que de a poco se va perdiendo
la inocencia, cuando nos vemos sorprendidos por pensamientos
malsanos y, a veces, tan destructivos que nos dan miedo.
La autora prefirió, en vez de olvidarlos, plasmarlos
con las lágrimas coloridas de su bolígrafo
en el blanco vacío del papel... Breves fotografías
imaginarias de susurros en la oscuridad, centelleos
que revelan figuras espeluznantes, la muerte muy de
cerca, un poco de sangre, dolor, arañas, mariposas,
hadas, hombres, en fin, fantasías que se tornan
tan voluntarias e imperceptibles en nuestro interior
que se adhieren a nuestra forma de ser.
Apariencias que engañan.
«Apareció súbitamente,
caído de la nada, en medio del camino. Los habitantes
de la zona se lo llevaron a casa, creyendo, al ver sus
alas, que era un mensajero del cielo. A partir de entonces,
cada noche, una doncella fue encontrada muerta con dos
cicatrices bermejas en su cuello».
Espido
Freire publica sus “Cuentos malvados” en
edición de bolsillo. 30 de Mayo del 2003.
Con poco más de 20 años,
y antes de que empezara a ser conocida, Espido Freire
(Bilbao, 1974) experimentaba sin tapujos su vocación
literaria escribiendo brevísimas historias en
un pequeño cuadernito, unos relatos que ahora
ven la luz en un libro titulado Cuentos malvados.
"Hace ocho, o diez años experimentaba
con más facilidad porque no sabía lo que
quería hacer. Sabía menos de literatura,
y todo estaba más abierto, más libre",
contaba ayer Espido Freire en la presentación
en Madrid de este libro, que se edita por primera vez
en edición de bolsillo en Punto de Lectura.
Espido Freire, que publicó su primera
novela Irlanda en 1998, con 23 años, y que un
año después, en 1999, se convirtió
con Melocotones helados en la escritora más joven
que ganaba el Premio Planeta, jugaba con lo que después
se convertirían en sus obsesiones literarias
(los cuentos de hadas, las voces, la muerte) en unos
relatos de apenas unas líneas, unos "ramalazos
breves", según los define ella misma, en
los que se ejercitaba en el "malabarismo"
de "crear un universo para y por el cuento".
"Son cuentos malvados a conciencia,
porque mueven un resorte que obliga a plantearse qué
es el mal y qué es el bien, siempre me ha interesado
subvertir el orden", dice la escritora, quien también
define estos cuentos como "pequeñas ventanas
donde el lector puede atisbar otras realidades".
Divididos en siete apartados temáticos
(El agua, Ángeles, Las voces, Arañas y
mariposas, El espejo, Los cuentos y Dentro del laberinto),
Espido Freire juega con "princesas o ranas que
se niegan a cumplir su destino", con "ángeles
que pueden ser vampiros" o con "voces que
son ese personaje interior que de vez en cuando asalta
con una idea".
La escritora, que dice que el relato es
el género en el que "más cómoda"
se siente, explica que aún tiene "bastante"
material guardado de aquella época, antes de
que empezara a publicar, en que "escribía
como una loca". "Sobre todo relatos, hay también
un par de novelas que he desechado porque no me convencen,
pero tengo también varios proyectos", cuenta
la escritora mientras confiesa con ciertos nervios que
"me voy acercando peligrosamente a los treinta".
De aquella época, el inicio de sus
veinte, cuando era una aspirante a escritora, a la actual,
en la que es una autora conocida con todas las ventajas
comerciales que ello conlleva, dice que, en lo literario,
ha ganado "herramientas técnicas" a
costa de espontaneidad, y en lo personal, que ha perdido
"dosis de arrogancia" y ha ganado "serenidad".
También que antes procuraba que "nada de
la realidad me absorbiera" y en los últimos
años se siente más cercana a lo que ocurre
a su alrededor. "Quizá esto ha cambiado
a raíz de que empezara a escribir artículos
para la prensa".
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