Tras el Camino, llega otro regreso al pasado: el Festival de Cine de San Sebastián.
Menos días, y menos películas. Lo sentiré durante el resto del trimestre: no encuentro tiempo para el cine, y me quedo huérfana de sugerencias y películas. Los vestidos de Jesús del Pozo y los estilismos, magníficos y algo excesivos, de los expertos del Festival, son un divertido juego frívolo: ¿quién soy? ¿Cuál de todos estos rostros pintados, cubiertos de máscara y de luz, soy? |
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Algo más tarde acudo a Suecia, a un congreso sobre educación y el futuro de la misma. Como siempre que piso los países nórdicos me sorprende la seriedad, la organización y el bendito sentido práctico que exportan, y que deberíamos absorber de algo más que H&M e Ikea. La universidad es simple, limpia, hermosa con sus obras de arte y su emplazamiento en pleno bosque. |
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Hablo de intergeneracionalidad y de las maneras de abordar la educación en Secundaria y en los primeros años de la Universidad, en los que, en realidad, no hacemos sino prolongar la adolescencia adulta. |
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Siento una enorme nostalgia por la simplicidad del sistema nórdico, y por su deseo constante de aprendizaje y adecuación. Quizás no les pese la tradición de un imperio, como a nosotros, los ingleses o los franceses. Sea como sea, su nivel de vida y sus logros nos humillan. |
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Los hoteles, eso sí, son un horror.
Recalo en Granada, en un breve encuentro con expertos sobre anorexia y bulimia, en el que me encuentro a psiquiatras amigos y a asociaciones igualmente amigas. Creamos una terrible realidad en un futuro próximo. |
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El doctor Toro y el doctor Jáuregui me enseñan, como siempre, me animan y sirven como ejemplo en este camino plagado de dolor y de altibajos. Las familias sufren, sufren las enfermas y los que las quieren... Y no basta con culpar a la sociedad. Se buscan soluciones a la desesperada. Sospecho que en pocos meses esa atención no podrá ser sostenida. Corren vientos difíciles.
Llega luego un viaje a Fuerteventura. Es una de las islas que originó mi Soria Moria, su alejamiento y su (hace un siglo) terrible pobreza. Ahora encuentro magníficas playas y hoteles bien servidos. Las palmeras se hunden en la arena oscura, y siguen sus propios diseños. |
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