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Febrero 2008...
y un poquito de marzo de 2008

Viena deja paso a París: Ah, haber elegido muete.

Esta mañana recomiendo a mi secre varios libros escritos por francoparlantes, todos ellos publicados por Seix Barral. ¡Duerme!, de Annelies Verbeke. Una novela extraña para alguien que, como yo, necesita dormir nueve horas al día. El insomnio como tema, la nostalgia de la madre como obsesión. La Verbeke, joven y extraña, ha gustado tanto que se la ha elevado a figura internacional. Deseo leer sus otras novelas, Reus y Groener Gras, porque aunque me gusta, no me vuelve loca.

Desecho a la Gavalda. Conservé Juntos, nada más, por algunos años, (ya hablaré de mi manera de conservar o tirar libros, nada original, prestada de Ignacio Elguero), y la relectura me pareció de una cursilería insoportable. Coincidió con la aparición de la película, con la preciosa Amélie (ejem... Audrey) como Camille, cosa que no me concilió ni un poquito con el argumento, y con las recurrentes obsesiones de Anna Gavalda.

Mucho más relevante me parece Muriel Barbery con La elegancia del erizo (seguimos en Seix), una novela preciosa y extraña, que hermana a los empollones y a los que se esfuerzan por no parecer inteligentes. No había oído hablar nunca de la Barbery, que de pronto aparece por todas partes.

A mi secre le encanta Amélie Nothomb. A quién no. Publicamos en la misma editorial italiana, aunque nunca hemos coincidido. Parecido razonable: Helena Bonham Carter.

A. y yo planeamos unas vacaciones futuras: por suerte, una amistad de tantos años apenas necesita ajustes. O bien un recorrido por Polonia, (Varsovia, Cracovia, yo insisto en Poznań y Bydgoszcz, ella ha amenazado con dejar de respirar si no pasamos por Birkenau, cada cual sus traumas) o Rusia, a ver si la convenzo para irnos hasta Siberia, con lo bien que me vendría como investigación...

Mientras tanto, me conformo con las vacaciones pasadas. Parte de ellas, en el Carnaval de Dunkerke. Fue una decisión tomada de un día para otro; no pensaba regresar a Francia tras el reportaje al que Yo Dona me envió a Avoriaz, pero la tentación fue demasiado grande. Frente a la nieve de Avoriaz, con la fotógrafa Ángela Martín-Retortillo (con la que entrevisté a la melancólica Nicole Kidman)



 

Dunkerke era el color y la luz. Y el frío, seamos sinceras.


Carla Bruni está en todas partes, y además, imita a todas las niñas cantautoras del momento. Si no las imita, las apoya. Si no las apoya, las emula.

Amy Winehouse no me conmueve en absoluto, ni por su actitud ni por su capacidad autodestructiva. Been there, done here. Pero las propuestas de Florent Vintrigner me interesan mucho más. Hace varios años, durante un viaje a la Patagonia chilena, conocí la cultura mapuche por la que ellos (Vintrigner, Jones y Cianci) se apasionan. De pronto, una sugerencia de T. me pone de nuevo en la pista.

Interesante Mademoiselle K. aunque un poco vista (aún así, lo bueno es bueno). Mi preferida sigue siendo, de todas maneras, Pauline Croze. Pobre Pura Hanna, cubre ese ombligo desvalido y aprende, niña. Aaron resulta otro territorio para explorar con calma, como hago casi todo, una huella del asma ocupacional. Demasiada ansiedad impide el placer.

Decepción. Después de varios meses escuchando una versión de Cohen de Le Chant Des Partisans, con una bonita voz de tenor de fondo, me entero que el inofensivo grupo Noir Desir es el mismo que amparaba a Bertrant Cantat, que en 2003 mató a su novia. Ah, sí, bonita voz. Ocho años de prisión. En libertad, ya, por buen comportamiento. Recuerdo bien la muerte de Marie Trintignant. Qué decir. No elegimos a nuestros enemigos.

No me siento cómoda con tantos elementos nuevos. Las Historias de la Fealdad y de la Belleza de Humberto Eco (Lumen) me devuelven a lo conocido. El Premio Príncipe de Asturias 2000 analiza lo que, cuando las canas y las arrugas me cubran, ocupará mi tiempo: las imágenes, la belleza, la fealdad, las palabras que marcan qué sí, qué no. Los dos volúmenes son espléndidos, editados sin reparos, y con un cierto sesgo italiano, pero irrefutable. Eco, maestro en iconografía y semiótica, permite un acceso inmediato a una historia paralela pero muy palpable: la que dicta Cibeles, Telva, la marquesina de la esquina.

Para escuchar, Il vuoto, de Battiato. Siciliano.

Para leer con ello, La pensión Eva: Salamandra. Camilleri. Siciliano. Sin Montalbano. Con putas. También lo francés cansa.

© Espido Freire 2005