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Enero 2008

Pocas novedades en música: nulo tiempo para rebuscar, y malas sugerencias de quienes deberían conocerme mejor. Salvo a Gianna Nannini, a la que todo el mundo ha conocido a través de un anuncio de coches, y cuyo CD me regalaron en Florencia hace dos años y medio. Estaba yo para pocas Nannini, pero más vale tarde que nunca. De ahí, en mismo idioma, llega Giuni Russo, en el Aria Siciliana, con Batiatto, para completar un círculo del que nunca deseé salir.

En febrero pasado visité Palermo. Coincidí allí con Fernando Iwasaki, uno de los mejores cuentistas en lengua española vivos, y sin duda, uno de los autores más generosos, inteligentes y bondadosos con los que contamos. Vi gatitos dorados, tuertos por la rinotraqueitis, en las calles cubiertas de basura, magníficos frescos abandonados, un frío de febrero, y bajo todo ello, la voz de Batiatto. Durante el periodo final de redacción de Soria Moria esa melodía me acompañaba una y otra vez. La escritura y la música se tornan obsesivas cuando terminan. A mi madre, la pobre, la volvía loca cuando vivía con ella. Hasta a Batiatto se le puede coger manía.

Ayer por la noche, momento neurótico. Recordaba una melodía, posiblemente no un aria, sino una cosa sencillita, melodía operística con espíritu pop. Llamé a M para que me contara qué le sugería. Il Divo, me dijo, para mi horror. Io te amaró, repetía yo, pero ¿no tiene un aire a ese exceso italiano de principios de siglo? Del estilo de Les Pêcheurs de Perles, o un Delibes (Sous le dôme épais où le blanc jasmin À la rose s'assemble. Sur la rive en fleurs riant au matin... quien pueda cantar esto en francés decente que lo intente...) Total, que acabó siendo Andrea Bocelli, con Con te partiró, (viva mi oído para las letras, ni una, no soy capaz de recordar una entera, me la invento, snif), lo que lejos de decepcionarme reavivó mi amor por las canciones, películas, poemas, novelas, que prometen a la muchacha en cuestión que se la llevarán lejos, o vendrán a buscarla.

Otras canciones del momento, Time Jesum Transeuntum Et Non Riverentum de Nick Cave, el tema secreto de la BSO de Expediente X. Viejo, y grande. Dread the passage of Jesus, for he does not return... Y al final, de Bunbury, que se ha diversificado tanto que cuesta seguirle la pista. Colecciono la serie de El País, traición confesable a mi colaboración con Público, aparece luego la Platinum Collection de HDS, y el libro de Pep Blay Lo demás es silencio, con su guiño hamletiano. Eso no se hace. Los corazones son frágiles, y el mío ha sido destrozado ya en suficientes ocasiones.

¿Qué más? Cohen, nada nuevo. Cada vez que escucho Take this waltz, otra con la que he torturado a mis vecinos durante los últimos ocho meses, pienso que debería hablar más y mejor de Viena, una ciudad que siempre me ha sido amable y gentil. Magnífica tradición musical, el director del Cervantes más atractivo e inteligente del mundo, Carlos Ortega, una lencería sin parangón, y una voluntad de comprenderse digna de imitación. Quizás la fascinación por los países nórdicos me cieguen: mal hecho. Hermosa Viena, la ciudad de los musicales, donde los delincuentes se atrapan con voluntad y un perro policía. M me cuenta que ahora canta la voz de la pelirroja, eterna corista de Cohen. Qué rara es la vida.

Otra extravagancia: en mitad de Padre de Familia el hijo tonto, Chris, se mete en mitad del video Take on me. ( mi memoria para las letras lo transforma en Come with me, muy para la desesperación de A.). De pronto, la vieja fascinación por Morten Harket se reactiva. Debería haberle abordado alguna vez en Oslo, en el bar de la Casa de los Artistas. Claro, qué decir mientras alguien desconocido se toma un café...

© Espido Freire 2005