- Mayo de 2008
- Abril de 2008
- Febrero...y un poquito de marzo de 2008
- Febrero 2008
- Enero 2008
- Marzo 2007

- Semana del 15 al 21 de Enero 2007
- Semana del 26 de junio al 2 de Julio 2006
- Semana del 19 al 25 de Junio 2006
- Semana del 12 al 18 de Junio 2006
- Octubre 2004
- Mayo 2004
- Abril 2004

Marzo 2007

Varios meses sin recomendaciones y sin pausa, y no sé bien por dónde comenzar. Quizás por los libros. Me he cansado de recomendar El abanico de seda, de Lisa See (Salamandra). Sin duda no lo necesitaba, ha sido un best seller por sí mismo, pero dentro de la acertada programación de Salamandra es un libro-garantía, un acierto absoluto. See, de origen chino, retoma el pánico a los pies vendados, y una teoría de la amistad que entusiasma a mis propias amigas.

Más estrellas de Salamandra: El Complejo de Di, de Dai Sijie. La Mujer Justa, Sandor Marai (recomendar a Marai es otra obviedad).
Otra de mis editoriales predilectas, Seix Barral, publica tres libros espléndidos. El Crimen de la Estrella de Mar, J. O'Connor. Grande. Mis alumnos me han maldecido (el libro se mide en centímetros) y odiado por incluirlo en las lecturas obligatorias. Me gustan las historias de maldad, viajes y horror. O’Connor, cotilleo, es hermano de Sinead, tan olvidada y tan bella con su cráneo afeitado. Recomiendo también El País de los Cuentacuentos, de Dario Fo, y su premio Biblioteca Breve de este año, El séptimo velo, de mi querido Juan Manuel de Prada. Conocía parte del argumento por conversaciones privadas, y estaba deseando leerlo. Las metáforas de Prada siguen siendo majestuosas.

Publica otro amigo dos libros con poca distancia: son Neguijón, en Alfaguara, y Helarte de amar, en Páginas de Espuma. El autor, Fernando Iwasaki, uno de los mejores narradores contemporáneos con los que contamos, creo que menos apreciado de lo debería, comparte conmigo el amor por los gatos y por la etimología. Cada cual, sus neuras.

Dos espléndidos libros más, de Roca Editorial. La Memoria de la Luz, J. Jones y Diario de un Escándalo, Z. Hëller. Aburrida de los tópicos del Día de la Mujer, los dos presentan personajes femeninos coherentes y reconfortantes.

Un clásico, para finalizar. Ancho mar de los Sargazos, J. Rhys, Anagrama. La pobre Antoinette Cosway, primera esposa del tétrico señor Rochester, gime y se arrastra hasta la locura, en la precuela de Jane Eyre.
Yo, en este periodo de silencio, he publicado Mileuristas, (Ariel)


El éxito ha sido enorme, cuatro ediciones en menos de medio año. He recibido conmovedores emails, que agradezco de todo corazón. Las dudas que acompañan a cada análisis, y cada visión parcial, se han visto desmentidas por muchos de esos mensajes. Gracias.

Otra novedad: regreso a la opinión semanal. Todos los viernes publico columna en el periódico ADN. Con muchos emails como reacción, también, muchos de ellos más elogiosos de lo que merezco, y algunos menos crueles de lo que esperaba. Qué placer, qué dependencia la de la prensa.

Sigo sin encontrar apenas música que me emocione. Tras jubilar la música de primera juventud, no sé si es que he perdido la paciencia, o el gusto. Pocas excepciones, y muchas pérdidas de tiempo.

Ante mi sorpresa, uno de los grupos que se salvan, Coco Rosie, (dos hermanas, Sierra y Blanca: www.cocorosieland.com) es elegido como banda sonora de dos anuncios televisivos a la vez: uno de perfume (Kenzo) y otro que justifica las obras interminables de Madrid. Las vi hace dos años, en el concierto de la sala El Sol, en Madrid. Dejaron un público ansioso y entusiasmado. Ahora son tan conocidas que es casi anticool decir que gustan. A mí me encantan. Su último álbum, The Adventures of Ghosthorse & Stillborn, las traerá Madrid al Círculo de Bellas Artes.
Mi preferida es Sierra; como yo, estudió canto. Como a mí, le hicieron la vida imposible las divas quiero y no puedo de la ópera.
Otra canción que escucho sin tregua es Is it Any Wonder, de Keane.
Is it any wonder I’m tired?
Is it any wonder that I feel uptight?
Is it any wonder I don’t know what’s right?
Oh, these days, after all the misery made,
Is it any wonder that I feel afraid?
Is it any wonder that I feel betrayed?

Alegre, lo que se dice alegre, no, no es.

Otro clásico recuperado, en esta ocasión por un nada romántico envío de San Valentín: Pippilotti Rist, su versión de Wicked game. A su vez, un recuerdo de Chris Isaac, revolcándose en la playa con una irreal Helena Cristensen. Éramos muy jóvenes y muy pre-grunge. Y el juramento de no enamorarse se quedó en la playa. La voz histérica de Pippilotti, asegurando que en la vida volverá a caer en el mismo error, aparecerá en alguno de mis cuentos antes o después. Lo del amor, pena, es un cuento.

Descubrí a Franco Battiato gracias a mi hermana, en el año 1985. Ese año, por Navidad, ella pidió Ecos de danzas sufís, vinilo, y desde entonces le he seguido, óperas y experimentos dramáticos incluidos. No soy mitómana, pero sí muy fiel. Por casualidad, me han regalado un disco antiguo de Giuni Russo: Se Fossi Più Simpatica Sarei Meno Antipatica. Y allí aparece Strade Parallele (Aria Siciliana), con Battiato. Intento recordar mi italiano de la universidad.

Mientras tanto, en febrero, viajo al Cervantes de Palermo, con Iwasaki, precisamente. Cada nombre (Catania, por ejemplo, lleno de vocales abiertas) me hace regresar a las canciones de Battiato y sus males de siroco y África. Un talento indudable para los títulos, por cierto. El centro de Palermo se cae a pedazos, y como no hay perrera municipal, los perros y los gatos se hacinan en las zonas de mercado. He visto a muchos gatitos con rinotraqueitis. Qué lástima

Las obras me persiguen; bajo mi casa, frente a mi casa, en cada hotel, incluso en Palermo, basta que yo pase por allí para que aparezca un martillo hidráulico y un obrero seguidor de Bisbal. A estas alturas odio a los obreros, y de Bisbal, pobre, qué culpa tendrá, ni hablamos. De día escapo de mi casa, y trabajo de noche. Envejezco a ojos vista, y me duermo por los rincones.

Nada ha superado, de todas maneras, el viaje a Mathausen de finales de verano. Era un viejo sueño. Quería visitar varios campos de exterminio, pero Mathausen, por su historia, parecía el punto de partida ideal. A., que comparte un proyecto similar, se muere de envidia. Ella ha comenzado por la zona occidental, Normandía y Holanda. Lamentable el abandono del Gobierno a la memoria histórica. Judíos aparte, la comunidad española fue la que más pérdidas sufrió en la tranquila región austríaca. El día es espléndido, y eso acentúa los horrores.

La escalera. Ha sido pulida y reducida. Yo, que no soy deportista, pierdo un poco el aliento cuando llego arriba, y pienso en la perversidad de los responsables del exterminio. De esas escaleras hicieron una herramienta letal. Soltaban a los perros, que arrancaban pedazos de carne de los prisioneros. Al correr, se tropezaban y desnucaban. Esas mismas escaleras rodeadas de moras y zarzas. Una astilla en el zueco bastaba para matar de septicemia.

Algunas mujeres, en los ratos libres, cosían pequeños detalles para los niños y para las amigas que hacían. Se conservan, tan conmovedores que sólo se salvan de la cursilería porque aquello ocurrió y fue real. Imposible contarlo.

En Octubre llega de nuevo el Planeta. Hace ya siete años. Sigo siendo la ganadora más joven. Los hermanos Ailanto, y la encantadora Almudena de Arteaga hacen que la cena sea menos aburrida de lo temido. Pombo y Marta Rivera de la Cruz, honesta, sencilla y talentosa, convierten el premio en una alegría.

Cada vez visito con menos frecuencia Bilbao. Como comienzo mi doctorado en la Universidad Autónoma, aprovecho para reclamar los certificados que nunca pedí en Deusto. Su ribera sigue siendo la zona que más me gusta, con su nave espacial de titanio y la promesa del mar. Hubo un tiempo en el que los delfines que seguían a los pescadores llegaban hasta esa zona de la ría. Ahora hay una araña metálica.

Noviembre me trae un viaje a Ginebra para entrevistar a la tristísima Nicole Kidman.

Diciembre, otro a Venecia. No me harto de esa ciudad. Sus colores no son reales. Como Padua o Verona, parece hecha a propósito en el pasado para impresionar en el presente. Hizo buen tiempo, también, y el agua parecía de verano. Compré cristal y libros viejos, y me harté de hacer fotografías de mosaicos.

El último viaje ha sido a Estiria, en el sur de Austria. Fueron unas vacaciones breves, en un balneario termal rodeado de campos de calabazas, donde todo estaba hecho con semillas de calabaza: incluso el pollo rebozado lo estaba con pipas de calabaza. Por todas partes crecían los narcisos...


© Espido Freire 2005