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El
lunes por la noche la Orquesta Sinfónica
de Viena (www.wiener-symphoniker.at/indexe.html)
ofrece un concierto al aire libre, en Festival
de la Isla del Danubio. Durante los tres días
anteriores, el DonauinsenFest se ha dedicado
al pop y al rock; este verano, con motivo del
año Mozart, se incluye un concierto clásico
con los compositores más queridos de Austria
(y son unos cuantos).
Comienza a anochecer, y la gente acampa allí
con sus bicicletas, sus perros y sus niños.
Hay muchísima gente joven tumbada sobre
esteras, con una botella de vino y la mirada fija
en el cielo. En los dos costados del descampado
aún se pueden conseguir perritos calientes,
patatas fritas, pescado asado y bebidas. De vez
en cuando, el humo de las parrillas, que huele
a barbacoa de playa, me desconcentra.
No es muy difícil lograrlo: me cuesta soportar
un concierto entero, sea del tipo que sea, menos
aún de pie, menos todavía si hay
demasiada gente. Por lo general no disfruto, quiero
irme, echo de menos un libro o la conversación.
Me ocurre lo mismo en las grandes fiestas, o en
las manifestaciones, o en los pregones de fiestas.
O en la feria del libro. No reviste la gravedad
de una fobia, pero no me divierto.
Aquí, en cambio, la gente no estorba. La
temperatura es perfecta, la ejecución de
las piezas levemente kistch resulta admirable,
Strauss repite el acompañamiento de palmas
de cada concierto de Año Nuevo, y los niños
se portan tan bien que parecen dormidos. Eteri
Lamoris (www.eterilamoris.com),
la soprano invitada, (yo la creía rusa:
española), es bellísima y expresiva,
pero no me volvió loca (había oído
buenas críticas de su Violeta… ¿esperaba
más?)
El martes paso el día con palpitaciones,
tumbada en el sofá y sin hacer gran cosa.
Termino el ensayo de Gil Calvo, Máscaras
masculinas… (Anagrama, 2006) El entusiasmo
del principio no ha bajado ni un momento. Sociología
de género, pero enfocada desde un punto
que para mí no es habitual: el hombre visto
no en relación a lo femenino, sino respecto
a lo masculino. Respetuoso, como corresponde a
un tratado de género, riguroso, como manda
cualquier ensayo sociológico. Creo que
lo emplearé como bibliografía en
los cursos, en la psicología del personaje.
España pierde frente a Francia: como una
concesión ante el entusiasmo generalizado,
accedo a ver el partido, retransmitido en directo
por la ORF (jamás pronunciaré de
manera aceptable Österreichischer Rundfunk,
mejor lo asumo) que apoyaba descaradamente a España.
Dado el sufrimiento y la tensión, no sé
para qué mi gesto. Pienso en Iker Casillas,
al que entrevisté hará dos meses,
en sus ojos que no se fijan en nada durante la
rueda de presa posterior (como los de Nadal) y
siento muchísima lástima. La inflada
percepción de gloria española revienta
en hora y media. Más de una mujer recibirá
esa noche una paliza de un maltratador defraudado
Luego me entero de que los actos de vandalismo
en Madrid superan toda expectativa. Qué
vergüenza.
El miércoles visito
el museo Sissi, que abrieron hace dos años;
en el palacio de invierno de los Habsburgo. Recuerdo
que mi disgusto cuando Ángeles Casó
publicó su libro Elisabeth, emperatriz
de Austria-Hungría (Planeta, 1995).
La figura de la Elisabeth menos conocida, poeta,
estudiante de griego clásico, en busca
de la belleza y la soledad, se había convertido
desde que leí el Diario de Christomanos,
en una de mis obsesiones, y como casi todas las
obsesiones, gustan más cuando no son compartidas.
Valss Negro, (Lumen, 1994) de Ana María
Moix, apareció casi a la vez, un libro
más original y rompedor, a mi juicio. Pero
el Álbum privado, la colección
de de fotografías sobre Elisabeth que Ángeles
publicó más tarde (Planeta, 1997)
es excepcional. La exposición me parece
completa, aunque no me descubre gran cosa; pero
las anillas que cuelgan de la puerta de su tocador
son un bofetón a lo previsible. Entonces
se esgrimieron como una muestra de su locura.
Doy una vuelta por el Schweizerhof y
por el barrio judío de Viena luego, viejísimo
y encantador, y aún no muy atestado a esas
horas. Allí se alza la iglesia más
antigua de la ciudad, la St. Ruprecht, cubierta
de hiedra. Esa noche ceno en una terraza junto
al Canal del Danubio. Una pareja de cisnes, con
sus cuatro pollos, surcan el río con proverbial
dignidad y piden comida en los restaurantes de
los alrededores. Es casi demasiado bonito para
ser verdad.
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Fotos © E.K. 2006
El jueves regreso a España. Durante el
viaje, que se hace eterno, leo Modelos de
varón y mujer en las revistas femeninas…
(Juan F. Plaza, Fundamentos, 2005). Interesante,
pero demasiado técnico, no sé si
podré emplearlo en las charlas con adolescentes.
Si hubiera llegado un poco antes, habría
podido acudir a la fiesta de Veuve Clicquot. Por
segunda vez, me la pierdo. La culpa, en esta ocasión,
de KLM y su conexión de vuelos.
El calor de Madrid me deja
agotada y con poca energía durante todo
el viernes. La impresora ha decidido estropearse,
justo a tiempo para los talleres de julio; en
fin, dos años, era previsible. Me saturo
de programas televisivos sobre el orgullo gay,
todos parciales y chillones, transformismo, músculo
y perspectiva masculina. ¿Dónde
está Chavela Vargas, la invitada de honor
de este año, o Ara Malikian, o las nuevas
reivindicaciones de los colectivos? Esa visión
única de los medios de comunicación
hace muy poco por terminar con la homofobia, o
por una normalización real. Quizás
las asociaciones no estén prestando la
suficiente atención a la imagen que se
proyecta; consumismo, frivolidad, un machismo
sorprendente... Ay, lo que aún queda por
hacer.
En fin, la alternativa es ver Buenos días,
tristeza, (Otto Preminger, 1961) reservada
para una ocasión como esa, y disfruto como
una cría. Qué perversa película,
y qué perversa novelita fue la de la Sagan.
La invitada del sábado
en Te doy mi palabra (www.ondacero.com)
es Paloma Díaz Borrero, encantadora, amenísima;
en pocos perfiles de personaje me he divertido
tanto. Para mi sorpresa, sabe que me traducen
Nos espera la noche al italiano. Hoy
hablamos de Pessoa, de Muñoz Molina (la
cosa iba de Lisboa) y de Kipling, al que veníamos
semanas mareando. Por cierto, la FAPE ha resuelto
en contra de Lydia Lozano en el caso Ylenia. Bueno,
las denuncias funcionan. Me alegro de la decisión.
Isabel Gemio pedía que actuara en estos
casos la Academia de la Televisión. Yo
creo que, nuevamente, ay, lo que aún queda…
Aparece en Yo Dona, en portada, mi entrevista
a Crystal Renn (www.elmundo.es/yodonablogs/entrelineas.html):
qué hermosa es, y qué recuerdos
tan gratos de nuestro encuentro. Una errata de
la revista (se prenden, en lugar de se prendan)
y un error mío, (se despide con calor
y algún cigarrillo intercambiado de todo
el equipo en lugar de se despide de todo
el equipo con calor y…). Qué
torpe. Mis alumnos se cebarán, bien merecido
lo tengo.
Finalicé por fin
Muertes paralelas (S. Dragó, Planeta
2006), que termina con un sorprendente giro psicomágico.
La voz constante de Fernando, protagonista, testigo,
investigador, narrador, me resulta demasiado invasiva,
Su parcialidad puede resultar a veces insultante,
otras inadmisible, pero él mismo se salva
cuando la define como una novela de no ficción,
no como un ensayo. No he cejado hasta terminarla.
El domingo intervengo de nuevo en Te doy
mi palabra; hablamos de abandonos y adopción
(de gatos, en mi caso, como siempre doy la referencia
de Madrid Felina (www.madridfelina.com)
y de Gata (www.gataweb.com).
Intervienen El Refugio (http://www.elrefugio.org.es),
y la Fundación Affinity (www.fundacion-affinity.org/es/index.asp).
¿Qué quería decir
yo?
Que el problema no es sólo abandonar a
un animal:
- es desungular al gato
- no esterilizarlo (las hembras tienen camadas,
los machos se escapan por el celo)
- no ponerle chip o no vacunarlo de manera adecuada
- es comprarlo en lugar de adoptarlo (una oyente
habla de acudir a un criadero, y a mí se
me ponen los pelos de punta, cuando todas las
semanas sacrifican por docenas en La Fortuna,
sin ir más lejos).
- es buscar una raza sofisticada (de pelo largo,
siamés, o azul ruso).
- es obsesionarse por un cachorro, y no ser consciente
de la tarea que suponen.
- es una compra impulsiva, como la de un objeto,
o una prenda de ropa.
- es no conocer bien al gato, sus circunstancias,
o sus necesidades, y que la familia no sepa bien
qué supone tener un gatito.
¿Cómo se puede ayudar?
- si se puede, siendo casa de acogida
- apadrinando
- no tolerando la menor agresión animal
- alertando a las asociaciones de animales, y,
en caso necesario, denunciando a la policía
(Espido y sus denuncias)
Gata y Madrid Felina entregan a los animales desparasitados,
esterilizados, con contrato de adopción
y de seguimiento. El animal nunca queda desamparado.
El dueño, tampoco.
Mientras tanto, mis gatas saltan por todas partes,
se emboscan, y juegan con la vela robada de un
candelabro. Angelitos. El resto del día
preparo mi curso de mañana, y trabajo en
la sección de bulimia de la web.
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