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Semana del 26 de junio
al 2 de julio de 2006

El lunes por la noche la Orquesta Sinfónica de Viena (www.wiener-symphoniker.at/indexe.html) ofrece un concierto al aire libre, en Festival de la Isla del Danubio. Durante los tres días anteriores, el DonauinsenFest se ha dedicado al pop y al rock; este verano, con motivo del año Mozart, se incluye un concierto clásico con los compositores más queridos de Austria (y son unos cuantos).
Comienza a anochecer, y la gente acampa allí con sus bicicletas, sus perros y sus niños. Hay muchísima gente joven tumbada sobre esteras, con una botella de vino y la mirada fija en el cielo. En los dos costados del descampado aún se pueden conseguir perritos calientes, patatas fritas, pescado asado y bebidas. De vez en cuando, el humo de las parrillas, que huele a barbacoa de playa, me desconcentra.
No es muy difícil lograrlo: me cuesta soportar un concierto entero, sea del tipo que sea, menos aún de pie, menos todavía si hay demasiada gente. Por lo general no disfruto, quiero irme, echo de menos un libro o la conversación. Me ocurre lo mismo en las grandes fiestas, o en las manifestaciones, o en los pregones de fiestas. O en la feria del libro. No reviste la gravedad de una fobia, pero no me divierto.
Aquí, en cambio, la gente no estorba. La temperatura es perfecta, la ejecución de las piezas levemente kistch resulta admirable, Strauss repite el acompañamiento de palmas de cada concierto de Año Nuevo, y los niños se portan tan bien que parecen dormidos. Eteri Lamoris (www.eterilamoris.com), la soprano invitada, (yo la creía rusa: española), es bellísima y expresiva, pero no me volvió loca (había oído buenas críticas de su Violeta… ¿esperaba más?)


El martes paso el día con palpitaciones, tumbada en el sofá y sin hacer gran cosa. Termino el ensayo de Gil Calvo, Máscaras masculinas… (Anagrama, 2006) El entusiasmo del principio no ha bajado ni un momento. Sociología de género, pero enfocada desde un punto que para mí no es habitual: el hombre visto no en relación a lo femenino, sino respecto a lo masculino. Respetuoso, como corresponde a un tratado de género, riguroso, como manda cualquier ensayo sociológico. Creo que lo emplearé como bibliografía en los cursos, en la psicología del personaje.
España pierde frente a Francia: como una concesión ante el entusiasmo generalizado, accedo a ver el partido, retransmitido en directo por la ORF (jamás pronunciaré de manera aceptable Österreichischer Rundfunk, mejor lo asumo) que apoyaba descaradamente a España. Dado el sufrimiento y la tensión, no sé para qué mi gesto. Pienso en Iker Casillas, al que entrevisté hará dos meses, en sus ojos que no se fijan en nada durante la rueda de presa posterior (como los de Nadal) y siento muchísima lástima. La inflada percepción de gloria española revienta en hora y media. Más de una mujer recibirá esa noche una paliza de un maltratador defraudado Luego me entero de que los actos de vandalismo en Madrid superan toda expectativa. Qué vergüenza.

El miércoles visito el museo Sissi, que abrieron hace dos años; en el palacio de invierno de los Habsburgo. Recuerdo que mi disgusto cuando Ángeles Casó publicó su libro Elisabeth, emperatriz de Austria-Hungría (Planeta, 1995). La figura de la Elisabeth menos conocida, poeta, estudiante de griego clásico, en busca de la belleza y la soledad, se había convertido desde que leí el Diario de Christomanos, en una de mis obsesiones, y como casi todas las obsesiones, gustan más cuando no son compartidas. Valss Negro, (Lumen, 1994) de Ana María Moix, apareció casi a la vez, un libro más original y rompedor, a mi juicio. Pero el Álbum privado, la colección de de fotografías sobre Elisabeth que Ángeles publicó más tarde (Planeta, 1997) es excepcional. La exposición me parece completa, aunque no me descubre gran cosa; pero las anillas que cuelgan de la puerta de su tocador son un bofetón a lo previsible. Entonces se esgrimieron como una muestra de su locura.
Doy una vuelta por el Schweizerhof y por el barrio judío de Viena luego, viejísimo y encantador, y aún no muy atestado a esas horas. Allí se alza la iglesia más antigua de la ciudad, la St. Ruprecht, cubierta de hiedra. Esa noche ceno en una terraza junto al Canal del Danubio. Una pareja de cisnes, con sus cuatro pollos, surcan el río con proverbial dignidad y piden comida en los restaurantes de los alrededores. Es casi demasiado bonito para ser verdad.

Fotos © E.K. 2006


El jueves regreso a España. Durante el viaje, que se hace eterno, leo Modelos de varón y mujer en las revistas femeninas… (Juan F. Plaza, Fundamentos, 2005). Interesante, pero demasiado técnico, no sé si podré emplearlo en las charlas con adolescentes. Si hubiera llegado un poco antes, habría podido acudir a la fiesta de Veuve Clicquot. Por segunda vez, me la pierdo. La culpa, en esta ocasión, de KLM y su conexión de vuelos.

El calor de Madrid me deja agotada y con poca energía durante todo el viernes. La impresora ha decidido estropearse, justo a tiempo para los talleres de julio; en fin, dos años, era previsible. Me saturo de programas televisivos sobre el orgullo gay, todos parciales y chillones, transformismo, músculo y perspectiva masculina. ¿Dónde está Chavela Vargas, la invitada de honor de este año, o Ara Malikian, o las nuevas reivindicaciones de los colectivos? Esa visión única de los medios de comunicación hace muy poco por terminar con la homofobia, o por una normalización real. Quizás las asociaciones no estén prestando la suficiente atención a la imagen que se proyecta; consumismo, frivolidad, un machismo sorprendente... Ay, lo que aún queda por hacer.
En fin, la alternativa es ver Buenos días, tristeza, (Otto Preminger, 1961) reservada para una ocasión como esa, y disfruto como una cría. Qué perversa película, y qué perversa novelita fue la de la Sagan.

La invitada del sábado en Te doy mi palabra (www.ondacero.com) es Paloma Díaz Borrero, encantadora, amenísima; en pocos perfiles de personaje me he divertido tanto. Para mi sorpresa, sabe que me traducen Nos espera la noche al italiano. Hoy hablamos de Pessoa, de Muñoz Molina (la cosa iba de Lisboa) y de Kipling, al que veníamos semanas mareando. Por cierto, la FAPE ha resuelto en contra de Lydia Lozano en el caso Ylenia. Bueno, las denuncias funcionan. Me alegro de la decisión. Isabel Gemio pedía que actuara en estos casos la Academia de la Televisión. Yo creo que, nuevamente, ay, lo que aún queda…
Aparece en Yo Dona, en portada, mi entrevista a Crystal Renn (www.elmundo.es/yodonablogs/entrelineas.html): qué hermosa es, y qué recuerdos tan gratos de nuestro encuentro. Una errata de la revista (se prenden, en lugar de se prendan) y un error mío, (se despide con calor y algún cigarrillo intercambiado de todo el equipo en lugar de se despide de todo el equipo con calor y…). Qué torpe. Mis alumnos se cebarán, bien merecido lo tengo.
Finalicé por fin Muertes paralelas (S. Dragó, Planeta 2006), que termina con un sorprendente giro psicomágico. La voz constante de Fernando, protagonista, testigo, investigador, narrador, me resulta demasiado invasiva, Su parcialidad puede resultar a veces insultante, otras inadmisible, pero él mismo se salva cuando la define como una novela de no ficción, no como un ensayo. No he cejado hasta terminarla.

El domingo intervengo de nuevo en Te doy mi palabra; hablamos de abandonos y adopción (de gatos, en mi caso, como siempre doy la referencia de Madrid Felina (www.madridfelina.com) y de Gata (www.gataweb.com).
Intervienen El Refugio (http://www.elrefugio.org.es), y la Fundación Affinity (www.fundacion-affinity.org/es/index.asp).

¿Qué quería decir yo?
Que el problema no es sólo abandonar a un animal:
- es desungular al gato
- no esterilizarlo (las hembras tienen camadas, los machos se escapan por el celo)
- no ponerle chip o no vacunarlo de manera adecuada
- es comprarlo en lugar de adoptarlo (una oyente habla de acudir a un criadero, y a mí se me ponen los pelos de punta, cuando todas las semanas sacrifican por docenas en La Fortuna, sin ir más lejos).
- es buscar una raza sofisticada (de pelo largo, siamés, o azul ruso).
- es obsesionarse por un cachorro, y no ser consciente de la tarea que suponen.
- es una compra impulsiva, como la de un objeto, o una prenda de ropa.
- es no conocer bien al gato, sus circunstancias, o sus necesidades, y que la familia no sepa bien qué supone tener un gatito.

¿Cómo se puede ayudar?
- si se puede, siendo casa de acogida
- apadrinando
- no tolerando la menor agresión animal
- alertando a las asociaciones de animales, y, en caso necesario, denunciando a la policía (Espido y sus denuncias)
Gata y Madrid Felina entregan a los animales desparasitados, esterilizados, con contrato de adopción y de seguimiento. El animal nunca queda desamparado. El dueño, tampoco.
Mientras tanto, mis gatas saltan por todas partes, se emboscan, y juegan con la vela robada de un candelabro. Angelitos. El resto del día preparo mi curso de mañana, y trabajo en la sección de bulimia de la web.

© Espido Freire 2005