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Semana del 19 al 25 de junio de 2006

El lunes acudo a la presentación del libro Alimentación emocional (Grijalbo), que ha escrito la psicoanalista Isabel Menéndez. Isabel me entrevistó hace dos años para Mujer de Hoy; me pareció entonces inteligente, cercana y cariñosa, y la presentación refuerza esa impresión. Siento mucha curiosidad por su libro, y me complace que cada vez el enfoque de más libros vincule la emoción y los conflictos a la relación con la comida.

El martes retomo la segunda parte del curso. Quedo luego para charlar con Marta Sanz, tenemos un curso más largo y ambicioso entre manos, y ella, Iwasaki, Garcés y de Prada (y Pilarita Adón) son mi coetáneos más queridos, más generosos, y de los que más aprendo (me dejo a alguien. Me arrepentiré antes o después de esta incompleta muestra de cariño). Esta semana apenas encuentro tiempo para leer, tengo tantos ejercicios pendientes de dos cursos distintos que mis alumnos son mis únicos autores.
Generalmente, tomo algo con ellos el último día de clase, que sería el jueves, pero hay una reunión de vecinos convocada, y como presidenta y pringada oficial, mi asistencia es obligatoria, de manera que el miércoles, tras las lecciones, salimos de tapas y a tomar alguna copa, que luego son más y que se prolongan hasta las dos y media. No me canso de insistir, el alcoholismo es una enfermedad laboral en mi gremio.

No sé para qué el cambio, el jueves, cuando termina el curso, espero durante una hora a que algún vecino se presente. El administrador y yo fantaseamos con ganar la lotería y olvidarnos de la propiedad horizontal (risa demente). Cuando se hace evidente que nadie va a venir, pasito tras pasito, regreso a casa, continúo con las correcciones de mis alumnos, y mañana será otro día.

El viernes como con A y otra amiga en el Fast Good de Juan Bravo (www.fast-good.com). El concepto de Adriá de la comida rápida me interesó mucho cuando abrió este local, pero no había sacado tiempo para acercarme. El local resulta un poco frío, pero es silencioso y de buen gusto, e incluye una tienda de productos. La comida ofrece una variedad magnífica de ensaladas (sabrosas, abundantes) y sándwiches, casi todo sin cebolla (¡bien! Soy alérgica): el precio de los sandwichitos y los zumos nos parece excesivo. Luego, comparado con otros lugares de fast-food, el plus de los ingredientes y la originalidad, no lo veo tan desmedido. Asumimos con facilidad los precios de las cadenas de hamburgueserías, completamente injustos, o de los bocadillos de madrugada. ¿Por una alimentación sana, u orgánica, no?
El error que encuentro es otro: el etiquetado es insuficiente. Los productos no incluyen lista de ingredientes (los estantes sí) ni el porcentaje de grasas, hidratos, azúcares… tampoco las calorías. En nombre de los alérgicos, diabéticos, celíacos y demás indefensos del mundo, les atizo una reclamación. Si yo fuera mis amigas, estaría hasta el moño de mí y mis reclamaciones, pero A. denunció ayer una incoherencia de tallaje en una tienda y se quedó tan ancha y hoy añade otra. Consumidores al poder.

Madrid Felina (www.madridfelina.com) muestra hoy sus cachorritos en adopción en una tienda de animales. Me acercó allí con A, entrevista para El mundo, para Madrid Directo… Parece que las adopciones y las reservas se suceden. Falta les hace, tienen unos 70 cachorritos. algunos tan lindos como estas tres gatitas: Vanesa, Rumba y Soleá. Las cuida Encarni, la misma chica adorable que sacó adelante a mi gata la tercera.


Pueden dirigirse al 628111239/ 639134455 (Teresa/Susana) o a adopciones@madridfelina.com
Gata (www.gataweb.com) también necesita adopciones y casas de acogida para dar salida a los cachorritos que recogen y que nacen. A. aguanta el tiempo que puede, hasta que se le desencadena la alergia, pobre. Yo juego con algunos, y me despido con pena de ellos. No veo la hora de ser de nuevo casa de acogida.

El sábado, Carmen Posadas en Te doy mi palabra (www.ondacero.com), y Gil Calvo, que habla de la desviación del maquiavelismo en España. Muy interesante, explica la obsesión nacional por la envidia y el mal ajeno. De la emisora salgo propulsada al aeropuerto (hoy vuelo a Viena). Podría haberme ahorrado la prisa. Tras dos horas de espera, lectura entusiasmada del libro de Gil Calvo (Máscaras masculinas), silencio de AirFrance, y promesa de que mi enlace en París está asegurado, (para no defraudar a mis amigas, denuncio la falta de personal y de explicaciones en la T1), el vuelo sale tan tarde que (¿cómo puede ser? Me lo prometieron: risa demente) pierdo la conexión. No fue por no intentarlo, mi troley, mis sandalias y yo corrimos por todo De Gaulle, posiblemente no como alegoría de la gracilidad, pero con una premura digna de mejor causa. Me cambian el billete. Son muy amables. Estoy demasiado cansada para denunciar, pero al menos, protesto. Pido tiritas (la velocidad tiene un precio). Miro con hostilidad las delicatessen francesas (muchísimo champagne rosé, el jueves Veuvet Clicquot organiza una fiesta rosé a la que no quiero faltar), y me vengo del sistema como una adolescente, abusando de todas las muestras de perfume de la Duty Free. Algún día todas las aerolíneas pagaran sus mentiras constantes a los viajeros. Yo no lo veré, pero lo hará, oh, sí. Risa demente.

Nada, nada, nada durante todo el domingo. La vagancia, qué placer… por la noche, cena en el City Thay (www.echo-citythai.cc), junto al Canal del Danubio. Me emociono con el picante; luego me arrepiento, pero ya es tarde. De regreso a casa, un hombre da vueltas al bloque con un fusil bajo el brazo. Al cabo de un rato, un coche de policía, con las luces apagadas, aparece. Regresa el hombre cuando ellos se han ido. Antes de dormir, escucho el sonido de un helicóptero. Misterio.

© Espido Freire 2005