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Cuando los rebeldes (y no tan rebeldes) adorados (Bunbury, Damon Albarn, Alex James, Ville Valo, Leonard Cohen, Terry Grandchester, Robert Smith, Jarvis Cocker, Daniel Day Lewis, Karl-Heinz Grasser, Vetle Lid Larssen ) han cedido a las presiones del amor y se encuentran casados o en una estabilidad amorosa tan agradable como desoladora, no queda sino lamerse las heridas y maldecir a los barítonos, los rápidos talentos y sus veleidades. Y al paso del tiempo. Benditas sean las mujeres que les hacen felices.
Siempre nos quedará Brett Anderson.
Hablemos de ellos.
Jarvis Cocker sacó el año pasado un magnífico "Songs for the young at heart", se supone que para niños. Me gusta, especialmente, "Florence's Sad Song". ¿Quién recuerda al perverso cantante de "Babies"? ¿O es, en el fondo, más de lo mismo?
Pep Blay, por su parte, publicó la biografía de Bunbury hace unos pocos meses. "Lo demás es silencio". Lo atribuye a una frase de Bunbury, que a su vez lo atribuye a una cita de Monterosso. Yo, en cambio, lo identifiqué con Shakespeare y la última frase de Hamlet:
The rest is silence. No sé, quizás sea defecto propio y todo lo atribuya a Shakespeare. Seria, rigurosa, con un respeto que los que admiramos la evolución de Bunbury agradecemos, y con un estilo propio, la prefiero a "El sueño de un destino" de Matías Uribe, más centrado en Héroes del Silencio, y también a "Antes de ser Héroes" de Michel Royo, pese a que las magníficas fotogradías de Javier Clos son una tentación para cualquier fetichista. Como no soy fetichista, el análisis de Blay me resulta el más serio y el más sincero.
Leonard Cohen aparecerá en España, pronto, en un festival famoso y complejo. Es lo que hay.
Sé que Terry Gradchester es desgraciado en su matrimonio.
Mes de viajes, de Mileuristas II, ensayo con mala suerte desde su
nacimiento: el único de mis textos que nació condenado al silencio y al olvido. Quien me lo dijera hace algunos años se arriesgaba a una respuesta poco cortés, y a una resignada paciencia ahora. Pero he leído muchos nuevos libros interesantes. El primero de ellos, "Cabeza de perro", ("Hundehoved") de Morten Ramsland, un autor joven,danés, aunque de origen noruego, nos llega con casi tres años de retraso y un reconocimiento internacional un tanto aburrido, todo lo contrario a la novela. En el norte, pero español, en este caso, encuentro a Fernando Alonso (ejem) y su breve ensayo "Historias de naufragios". Como junto a las momias es uno de los temas que ocupan mi tiempo ahora, y leo mucho sobre ello, y mucho malo, lo destaco. En realidad, fue una conferencia impartida en Ferrol, en la Cátedra Jorge Juan, en 1999.
De Salamandra, como "Hundehoved", es "Aquí hay veneno", de Georgette Heyer, una de las autoras más divertida que me han descubierto en los últimos años. No creo que sea su mejor libro, pero desde luego es una intriga apasionante, un poco tramposa, pero deliciosa. Releo de Siruela una novela juvenil nórdica (siento nostalgia por el noruego que he olvidado sin haberlo aprendido realmente), "El misterio del solitario", de Jostein Gaarder. Magnífica para estructura de novatos autores, y como ejemplo de que ni adolescentes ni padres deben conformarse con cualquier historia ñoña.
Belacqua publica un clásico arriesgado del polaco Wladislaw Reymont.
Casi nadie lo recuerda, pero fue premio Nobel. La novela se titula "La tierra de la gran promesa", y aunque decepcionará a quienes esperen finales gloriosos y americanos, resulta inquitantemente realista y adecuada en estos momentos de crisis, miedo y falta de escrúpulos.
Mi último libro consuelo es otra apuesta clásica. Los relatos de Neil Gaiman, "Objetos Frágiles". Qué lejos nos quedan los narradores anglosajones. Qué osadía en la ficción. Qué exitosos resultados. Quién como ellos.
Alguien dibujó mis piernas y mis sandalias beige en este cuadro. Ahora cuelga en mi comedor. |