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Una
tarde con Espido.
La mirada de Espido Freire
muestra la ilusión de un recién
estrenado premio literario. Esta
escritora de sólo 25 años, poseedora del
último Planeta, mira al mundo dejando
tras de sí el rastro inconfundible de una
tinta muy personal. Su buena pluma le
ha llevado a la cumbre de la literatura
actual en este país.
Decidida, constante y segura de sí misma, Espido
Freire ha comenzado su andadura
por el mundo de las letras con
un exquisito bocado de Melocotones Helados
por Inma Roiz,
Sus pasos ya no recorren con
la misma asiduidad las calles de Llodio, su localidad
natal, en la provincia de Álava. Una estrepitosa
actividad de presentaciones, conferencias y entrevistas
aquí y allá llenan su agenda y, sin embargo,
Espido Freire afirma que no ha cambiado su manera de
ver la realidad, de plantearse la vida, "aunque
sí mi rutina diaria. Soy una persona bastante
dinámica, me encantan los cambios, me adapto
bien a ellos, de modo que estoy disfrutando también
con todo esto".
Melocotones helados es su
tercera novela, una historia de amores, intrigas, sentimientos
encontrados y recuerdos de un pasado no muy lejano.
En marzo de 1998 publicó su primer libro, Irlanda,
un relato que hoy ya se puede leer en francés
y en breve estará también traducido al
alemán. Su segunda obra, Donde siempre es Octubre,
vio la luz hace ahora un año. "Este es el
momento en que me preguntan: y el próximo libro,
¿para cuándo?", comenta risueña
y añade "ya llegará el tiempo".
Sin embargo, no tardará en asomar un nuevo proyecto
literario. Las historias que tiene que contar son muchas
y siempre hay un hueco para seguir creando. Así
lo afirma la propia autora, que continúa trabajando
en lo que más le gusta. "Otra cosa es que
no le pueda dedicar ni el tiempo ni la intensidad habitual,
pero continúo escribiendo, tomando notas."
Simultanea proyectos sin dificultad y asegura que nunca
abandona el proceso de creación de un libro,
"aprovecho los momentos en que no me llega la inspiración
para retomar textos y hacer correcciones".
Actualmente, además
de estar trabajando en dos novelas a la vez, también
tiene entre manos el guión de una serie infantil
de dibujos animados. "Es la primera vez que me
acerco al mundo de los guiones y, aunque me hace sudar,
estoy muy ilusionada."
Sin dejar de hablar de sus muchos proyectos,
Espido Freire hace una mención especial a su
próximo ensayo sobre la pasión amorosa,
"en él pretendo tratar el proceso mediante
el cual un amor se convierte en inolvidable, qué
componentes emocionales, también de voluntad
y novelescos, nos montamos para que el primer amor se
convierta en una pasión amorosa". Aunque
afirma estar todavía atando cabos sobre este
tema, reconoce que los estudios psicológicos
tienen una gran importancia para el escritor, y es que,
"si logramos entender los mecanismos mediante los
cuales los hombres y las mujeres explican el mundo,
qué condicionantes sociales, históricos
y familiares les han conducido a comportarse de una
determinada manera ante las relaciones emocionales,
es un gran paso. Ahora mismo, una de las teorías
psicológicas que está en boga en Estados
Unidos es la del lugar que ocupa cada persona dentro
del núcleo familiar, en cuanto a la relación
con sus hermanos", explica la autora.
Reacia a la idea de que exista una literatura
específicamente femenina, no duda en reconocer
que los personajes femeninos de sus libros tienen una
fuerza que no tienen los masculinos. "Creo que
durante mucho tiempo los autores han centrado los personajes
femeninos en la idea de la mujer como objeto o como
sujeto de pasión y me parece que esta visión
cambia cuando somos las mujeres las que escribimos.
De la misma manera que la idea de la maternidad o la
reivindicación de la sexualidad interesa sobre
todo a las mujeres."
Se define a sí misma autoritaria,
lo suficiente como para saber que no le gustaría
trabajar bajo las órdenes de nadie, "siempre
he pensado que debería dedicarme a algo que me
permitiera no tener un jefe, levantarme tarde y, sobre
todo, que me gustase". Hace ya mucho tiempo que
sintió la necesidad de escribir, con siete u
ocho años comenzó a crear historias. Una
afición que pronto se convirtió en la
pasión de su vida y, es que, Espido Freire afirma
poseer una incapacidad notoria para dedicarse a algo
que no le gusta. Ahora sabe bien a lo que quiere dedicar
su esfuerzo. "La única labor que yo puedo
cumplir desde un punto de vista social es la de contar
historias del mejor modo posible y que las personas
que lean ese libro, sin tratar de denunciar o de impartir
ninguna moraleja, se vean sacudidas por la injusticia."
"Existen muchos modos de matar a
una persona y escapar sin culpa... Hubiera sido inútil
buscar culpables." Estas dos frases abren y cierran
una peculiar historia llena de sentimiento, de misterio,
de vidas humanas; un relato en el que "todos los
personajes son Melocotones helados, que notan la presencia
de la pasión pero que la rodean de olvido involuntario",afirma
la autora.
Sin una referencia local determinada y
con una estructura literaria poco habitual, los Melocotones
helados de Espido Freire representan el camino no tomado,
"esa opción desestimada sobre la que se
recrea unos años más tarde". Amante
del misterio, esta joven creadora de historias asegura
que es importante que la lectora o el lector conozca
más datos que los que conocen los personajes,
"aunque es una situación de ventaja muy
cruel dada la sensación de impotencia que crea".
Con una estructura narrativa muy particular y cuidada,
y sin una referencia local o geográfica determinada,
"siempre he creído que atan al autor",
Espido Freire ha descrito lo que podría ser cualquier
ciudad y persona en cualquier parte del mundo, todo
ello rodeado de intrigas. Afirma sentirse atraída
por la literatura de terror, "es un género
muy difícil de escribir y del que existen pocas
referencias en España". Su última
novela no carece de esa pequeña dosis de misterio
y es que Espido Freire ha realizado ya alguna incursión
en este mundo de intrigas y misterios. "En una
ocasión comencé a escribir una novela
de terror, sobre vampiros, pero la abandoné porque
no me sentía del todo cómoda", añade
con una amplia sonrisa que delata que éste no
será su único intento.
Observadora y directa, Espido Freire asegura
que los recorridos en el tren de cercanías que
le llevaban a la Universidad en Bilbao han sido el entorno
de muchas de sus historias, "llegaba a la estación
con las ideas en la cabeza y cuando me sentaba empezaba
a escribir. Una vez en casa lo pasaba a ordenador, en
ocasiones capítulos enteros". Secuencias
cotidianas han tomado vida en sus personajes, "detalles
que se ven en la calle e incluso conversaciones de otros
viajeros".
Las letras han acompañado a Espido
Freire a lo largo de su vida, pero asegura que "las
horas de estar mirando a las musarañas son las
de auténtico trabajo. El periodo de redacción
es muy breve, entre uno y dos meses, en el que me limito
a plasmar y dar forma a lo que está en mi mente
y en las notas"> explica. Después, sólo
es cuestión de tiempo, un año más
o menos, en el que deja reposar la obra para corregirla
y realizar los cambios necesarios. Durante estos meses
algunas personas elegidas tienen la oportunidad de conocer
la que será su próxima novela, "les
envío el manuscrito acompañado de un bolígrafo
rojo para que señalen lo que consideren, pero
luego no les hago mucho caso", asegura riéndose.
Escribe de noche o de día, cualquier
momento es bueno para plasmar en una hoja o una pantalla
las últimas hazañas de sus personajes.
Asegura que ha cambiado mucho su forma de escribir desde
aquellos primeros cuentos y relatos que ella misma reconoce
como "muy místicos y simbólicos.
Se cambia constantemente, sobre todo, en cuanto a percepción
de la realidad y, con el tiempo, he llegado a un estilo
mucho más límpido".
La maestra de la eternidad, de Ana Martos,
es el libro que estos días ocupa su mesilla de
noche. Lectora antes que escritora, esta joven autora
afirma que es necesario leer mucho y muy variado, "creo
que hay que leer de todo: tratados, ensayos, historia,
periódicos, filosofía y todo aquello que
nos ayude a entender la vida". Amante de la poesía
épica, sin embargo, Espido Freire asegura que
de momento está centrada en la prosa, "todo
el mundo ha escrito poesía alguna vez en la vida,
yo lo hice durante mi adolescencia".
Hoy ya es conocida por su trabajo literario,
pero hubo una época en que también era
conocida en el mundo de la ópera. Considerada
niña prodigio en música, acompañó
a José Carreras en una de sus giras y, sin embargo,
abandonó el mundo operístico a los 18
años para comenzar a estudiar Derecho en la Universidad.
Aquello sólo duró un año, finalmente
se decantó por la Filología Inglesa. "Siempre
me ha gustado la música, pero no con la pasión
con la que vivo la literatura."
Encajar, una a una, las piezas de un puzzle,
el cine, la pintura o la jardinería sólo
son algunas de sus aficiones, "siempre que quede
un rato para sentarse a charlar con los amigos".
Para Espido Freire el tiempo hay que encontrarlo, sobre
todo cuando se trata de hacer lo que a una más
le gusta, que en este caso es escribir historias, "como
cualquier persona devorada por una pasión, encuentras
el momento y el espacio para plasmar tu obra. La literatura
ha sido siempre mi pasión".
Revista Nosotras, Febrero-Marzo
2000 |