Juegos Míos
Alfaguara, 2004




Mis lectores saben que con mis cuentos no se pueden relajar.

El escritor no es dueño de otras vidas, pero sí las manipula

 

 

Mis lectores saben que con mis cuentos no se pueden relajar.

A través de una colección de 23 relatos, la Premio Planeta propone el juego de descubrir el lado oscuro del ser humano.

20/12/2004
Entrevista | Espido Freire
(Marina de Miguel/Madrid)

«Sin apenas cambiar, todos podemos convertirnos en personas malas». A partir de esta convicción, Espido Freire (Bilbao, 1974) descubre la crueldad innata del ser humano en Juegos míos, su nuevo libro de cuentos publicado por la editorial Alfaguara. En él, la ganadora del premio Planeta en 1999 con Melocotones helados reflexiona también sobre el paso del tiempo y los monstruos que existen en la actualidad.

-Muchos autores ven en los cuentos un oasis donde descansar entre novela y novela, ¿qué representan para usted?

-Es el género en el que me siento más cómoda. No me parecen un área de descanso, más bien, un área de experimentación. Sin embargo, existe una desconfianza casi legendaria en relación a este género; los lectores parecen requerir más novelas que, de todas formas, son lo único que encuentran cuando buscan ficción. Habría que hablar con los editores, pero éstos dicen que los escritores sólo escriben novela.

-¿Es el tema el que determina si escribirá un libro o un cuento?

-Tiene que ver con el modo en que aparece o se te ocurre la idea. Cuando la idea está entera en sí misma, es lo suficientemente intensa para aparecer ella sola y desaparecer ella sola, ése es un cuento. En cambio, si sirve de apoyo a otras ideas secundarias, estoy ante el germen de una novela.

-«Juegos míos» es otra prueba de su defensa de la imaginación frente al componente autobiográfico.

-Es cierto. En el caso de una escritora joven, como yo, y con una vida no muy interesante, tengo más que ofrecer imaginando, que relatando mis vivencias.

-¿Cómo perciben los personajes de «El tiempo huye» (la primera parte del libro) el inexorable devenir de la vida?

-Casi no lo perciben, como nos pasa a nosotros. Hasta que de pronto ocurre algo que nos hace cobrar conciencia de que ya no somos los mismos de antes: una muerte, un enamoramiento, alguien que nos llama señora. Descubrimos que algo ha ocurrido y que ya no volveremos a ser los mismos.

-¿Qué consecuencia trae ese descubrimiento?
-La nostalgia, el deseo imposible de volver atrás. Los lectores se van a dar cuenta de que tampoco ellos pueden volver.

-En «Quedamos para la merienda», el segundo apartado, destapa la crueldad del ser humano.

-Hablo de una capacidad muy aterradora que tenemos todos: la maldad. La posibilidad de, con una palabra, una frase o un gesto, hacer daño y destrozar la vida de los que nos rodean. Mis personajes juegan con una apariencia frágil, pero son capaces de causar un dolor que ellos mismos no pueden imaginar.

-Siempre hay que estar alerta...

-Mis lectores saben que con mis cuentos casi nunca se pueden relajar. Esto es un juego; cuando se cansan no pasa nada, lo dejan y luego volverán. Pero los juegos, como en la infancia, cuanto más complicados, más nos gustan a todos nosotros. De todas formas, son muy divertidos: la historia que se cuenta es a veces muy dramática, pero al suponer un desafío mental, se vuelve interesante.

El escritor no es dueño de otras vidas, pero sí las manipula

La joven escritora publica "Juegos míos", una recopilación de 23 cuentos en los que se sumerge en la parte más oscura del alma humana.

María Nájera
30/12/2004


Dice de sí misma que es observadora y romántica. Y no hace falta que ella lo asegure, porque es evidente a primera vista, que también es sensible y extremadamente inteligente. Ella es Espido Freire, una mujer que nada tiene que ver con la languidez que algunos le imaginan y que asegura que un día con suerte es aquél en el que leyó cuanto cayó en sus manos. Charlar con ella es una delicia y leer sus relatos, un placer.

Uno de los personajes de Juegos míos asegura que el ser humano a ratos, a fragmentos, es cruel. ¿Por qué?
Porque a mí no me interesa analizar las acciones. Me interesa ver dónde está el origen de esas acciones y, en muchas de las que me rodean a mí y a otra gente, adivino un propósito oscuro, que luego no se cumple -discusiones que no se llevan a cabo, malos pensamientos que se sofocan- pero la lucha entre ese bien y ese mal, muchas veces tiene un elemento de contención muy frágil que es lo social. Me interesaba describir eso de una manera muy sutil y con personajes muy normalitos. Hacer un viaje de las apariencias a la emoción primaria e invitar al lector a un paseo por las zonas oscuras.

La ambición, la pereza y el sentimiento de culpa desfilan por las páginas. ¿La vida misma le sirve en bandeja el material literario?
Sí, en ese caso sí. La novela parte de obsesiones constantes pero los cuentos nacen de revelaciones que tienen lugar en un pequeño gesto y de pronto, surge la historia. Eso se debe muchas veces a pequeñas casualidades o a reflexiones que proceden de dichas casualidades.

¿Cómo define la primera parte: El tiempo huye?
Habla de la cicatriz que te dejan determinadas experiencias vitales, hechos que de ninguna forma se pueden olvidar.

¿Es fundamental tener presentes los recuerdos y no perder la capacidad de soñar?
Yo no sé vivir de otra manera. En estos primeros relatos le digo al lector que esté muy alerta en la vida, que las decisiones no deben tomarse de manera inconsciente porque, en cualquier momento, esa vida puede cambiar. Estar alerta no significa estar en tensión, también se puede disfrutar. Sentir que lo que estamos viviendo es único y que el tiempo se escapa.

En la segunda parte, retrata la hipocresía convencional. ¿Hay algo que usted no soporte?
Muchas cosas. No me molesta la falta de cortesía, que muchas veces es necesaria, pero sí la falta amistad. No soporto la utilización de personas, de nombres. Es tan hipócrita, reúne todo: la presunción, la arrogancia, la envidia y la crítica desaforada.

En cuanto a los monstruos cotidianos presentes en el tercer apartado. ¿Qué teme Espido Freire?
Yo creo que temo a todo lo imprevisible, a lo que realmente no puedo controlar. Creo que es una defensa que nace de la neurosis, y reconozco que me lo paso muy bien planeando. Me gusta tener claro qué haré el próximo año.

Novela, ensayo, cuento... ¿En qué género se siente más cómoda?
En el cuento porque me permite la irrupción de lo mágico de una manera más creíble que en la novela; ser breve y pasar inmediatamente a otra historia; una intensidad que no soportaría una novela; y también me permite jugar y ordenar los propios cuentos de una manera divertida o terrible.

Entonces, ¿la Literatura es un juego?
No, la Literatura es mucho más que un juego, pero también tiene una variante lúdica y a veces se olvida por la trascendencia, por la identificación o por la estética literaria.

¿Y una vía para interpretar la realidad?
Eso sí. Es un modo de interpretar el mundo simbólico.

Incluso puede ser un vehículo para vivir otras existencias.
A veces también. En estos cuentos no me interesa tanto que el lector viva unas vidas ajenas, sino que se reconozca en determinadas emociones. Obviamente en el nivel de la anécdota y del significado más superficial, está esa vida ajena y el indagar, actuar de portera y mirar por la mirilla; pero me interesa más la identificación de tus emociones con las del personaje.

¿Y sus emociones también se identifican? Porque tengo entendido que huye de los tintes autobiográficos.
Gracias a Dios, mis cuentos no son autobiográficos. En el acto de la creación se toma algo que nos evoca una emoción determinada y se racionaliza. Y en ese proceso de racionalización, muchas veces es necesario quitar la vida porque estorba para llegar al esqueleto de la historia y luego, reconstruirlo de una forma que resulte más atractiva. Incluso aunque alguna historia viniera de una experiencia mía, ya sería otra cosa porque ha sido expurgada.

¿Cree que el escritor, en cierta medida, es dueño de vidas ajenas?
No sé si es el dueño, pero sí las manipula. Muchas veces esas historias que te llegan por vía ajena las haces tuyas, quitas, transformas y metes otros personajes, los incluyes en una historia que nada tiene que ver.

¿Alguno de sus personajes se ha resistido a abandonarle?
Me pasaba de más jovencita, ahora tengo más control; pero hay uno que, al menos, va a aparecer en otra historia: Loredana, un personaje muy siniestro, oscuro y torturado; y hay otro que se ha repetido en varias historias: Vincavenc el Bandido. Pero es que las historias de bandidos buenos, claro, siempre me han gustado mucho. No sé por qué me gusta el que estén al borde del bien y del mal para crear el bien, pero según te lo cuenten es un asesino o un ladrón, o un benefactor.

¿Espido Freire escribe para sí misma o para otros?
Por lo general, escribo para un lector invisible, cómplice. Lo que llamo el lector inteligente, alguien con quien jugar, a quien le guste profundizar en la historia. Que encuentre un eco que yo he emitido y me lo devuelva.



 

© Espido Freire 2005