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- ¿Qué debo saber sobre la bulimia?

- Tabla que determina la bulimia

- Dónde pedir ayuda

- Otros trastornos de la conducta alimentaria

 
¿Qué debo saber sobre la bulimia?

- ¿Cómo se puede detectar un caso de bulimia?
- ¿Qué me pasa?
- ¿Cómo comienza la bulimia?
- ¿Cuándo estoy en peligro
- ¿Por qué no salgo de la bulimia? ¿Qué me mantiene dentro?
- ¿Soy yo la única?
- Ya sé que estoy enferma ¿Qué puedo hacer?
- Conozco a alguien que está enfermo. ¿Qué puedo hacer?
- ¿Es posible prevenir la bulimia?
- ¿A quién hay que culpar?

ARTÍCULOS ESCRITOS POR ESPIDO:
- Sobre la bulimia
- Los nuevos griales


¿Cómo se puede detectar un caso de bulimia?
La mayor parte de los profesionales consideran que la bulimia (y también la anorexia) se diagnostican según los criterios dados por la lista CIE 10, o el Manual DSM IV. Ambos son muy similares. La lista CIE 10 fue dictaminada por la Organización Mundial de la Salud. El DSM IV proviene del Manual de la Asociación Americana de Psiquiatría).
Criterios para el diagnóstico de la bulimia nerviosa (DSM-IV)

A) Episodios recurrentes de sobreingesta. Cada uno de ellos se caracteriza por:
1.- Comer en un espacio determinados de tiempo una cantidad de comida superior a la que la mayor parte de la gente comería durante el mismo periodo de tiempo y en circunstancias similares.
2.- Sensación de pérdida de control sobre la ingesta durante ese episodio (como no ser capaz de parar, o de limitar la cantidad de alimento, o incluso el tipo de alimento).

B) Conductas recurrentes inadecuadas en un intento de compensar y prevenir el aumento de peso:
1.- Vómitos autoinducidos.
2.- Abuso de laxantes, diuréticos, enemas o/y otras medicaciones.
3.- Ayuno.
4.- Ejercicio excesivo.
C) Los episodios de sobreingesta y las conductas compensatorias inadecuadas ocurren, como media, dos veces a la semana durante tres meses.

D) La autoestima está excesivamente influida por la figura y el peso.

E) El trastorno no ocurre exclusivamente durante el padecimiento de anorexia nerviosa.
Tipos:

-Purgativo.- La persona se autoinduce el vómito, o ingiere un exceso de laxantes o diuréticos para prevenir el aumento de peso.

-No purgativo.- La persona usa otras conductas compensatorias no purgativas, como el ayuno o el ejercicio excesivo, pero no se provoca el vómito ni abusa de laxantes y/o diuréticos.

 

¿Qué me pasa?
No hay una única razón para padecer bulimia; los profesionales coinciden en que deben coincidir en la misma persona diversos factores, algunos como causantes de la enfermedad, otros como facilitadores y otros como mantenedores.

Quien enferma de bulimia es consciente de que desarrolla conductas perjudiciales, pero no puede evitarlas. Y saberlo le lleva a otras conductas destructivas, y a un círculo vicioso (por ejemplo, los atracones llevan a las mentiras que ocultan los atracones. Los pequeños robos para conseguir más comida llevan a más mentiras).
Los sentimientos constantes durante todo ese proceso son:
- la obsesión por la delgadez
- el miedo irracional a engordar
- el asco hacia una misma
- la sensación de culpa por haberse saltado el ayuno o la dieta
- el miedo por el dano que provocan en la salud los vómitos, los laxantes…
- la tensión por no saltarse ninguna norma
- la sensación de suciedad y maldad
- la angustia por la distensión estomacal
- el hambre

 

¿Cómo comienza la bulimia?
En casi todas las ocasiones empieza por una dieta, casi siempre recomendada por un médico, o una amiga, o un familiar. Con la dieta y la pérdida de kilos se da la sensación de control, de seguridad y una mayor autoestima. Sin la dieta se pierde el control y comienza la sensación de que todo se derrumba.
A eso se le suma un desencadenante que a veces es confundido con la causa de la bulimia: puede ser una ruptura amorosa, el fracaso escolar, un cambio de residencia o un fallecimiento cercano. Pero también un abuso sexual, el acoso, una violación…
La dieta, el ayuno, y la imposibilidad de mantenerlos por largo tiempo llevan a cambios de humor, miedos, necesidad de control obsesivo y al pensamiento en blanco y negro (todo/nada).

 

¿Cuándo estoy en peligro? (Factores facilitadores del trastorno)

Existen varias circunstancias que aumentan la probabilidad de que se padezca bulimia. A eso se le llama vulnerabilidad.

Factores heredados:
- Un progenitor ha padecido la enfermedad
- Un hermano, más aún si es gemelo, ha padecido la enfermedad.
- Un progenitor tiene una enfermedad mental grave, o una adicción a sustancias nocivas.
- Una base de character depresivo, impulsivo e inconstante.
- Un trastorno límite de la personalidad, un trastorno obsesivo, o un trastorno dependiente.

Factores ambientales:
- Eres mujer.
- Eres varón homosexual.
- Eres adolescente.
- Tienes dificultades para ser independiente, mental y físicamente, de tus padres.
- No te sientes como alguien independiente, ni crees que serás capaz de serlo nunca.
- Sientes que tendrías dificultades o incapacidades para enfrentarte a un cambio importante en tu vida.
- Tu familia no te permite expresar ni tus emociones ni tus pensamientos.
- Practicas una afición o tienes un oficio relacionado con el aspecto físico: bailarina, modelo, gimnasta...

Factores sociales:
(Todos los factores sociales y culturales que identifican nuestro entorno en los años 2000 (época consumista, materialista, capitalista) son factores de riesgo para la bulimia. Es decir, vivimos en una sociedad que favorece los trastornos de la alimentación, y que por tanto, aporta un factor de riesgo más permanente para quienes nacen en ella).


- Coincidir con una sociedad en la que el cuerpo puede y debe modificarse: (dietas, gimnasio, cirugía estética, cosmética…)
- Coincidir con una sociedad que asocia la delgadez y la belleza a salud, felicidad, éxitos laborales y de pareja.

(Es decir: delgadez = competencia, autocontrol, triunfo y atractivo sexual,
Gordura= pereza, fracaso, falta de voluntad.


¿Por qué no salgo de la bulimia? ¿Qué me mantiene dentro? (Factores que influyen como mantenedores del trastorno alimentario)
- La desnutrición.
El adelgazamiento hace más lenta la digestión, favorece el aumento de gases y el estreñimiento, aumenta el volumen de la tripa y les da una falsa sensación de gordura.
- Los vómitos.
Alteran el grado de acidez del estómago, y eso causa una digestión lenta e ineficaz.
- Dieta pobre en proteínas.
Puede provocar la aparición de edemas en piernas lo que también es interpretado como gordura.
- El hambre constante.
Provoca angustia y miedo a perder el control. Si se produce un atracón, éste se vive con aún más angustia, y se recurre al ayuno con áun más fuerza, con lo que el círculo vicioso continúa.
- La hiperactividad.
El ejercicio constante puede llevar a una adicción porque la tensión muscular que proporciona ofrece una fuente de placer importante.
- Los vómitos
Para muchas bulímicas, las sensación de alivio tras el vómito resulta mayor que la repulsión por el ácido y el esfuerzo que provoca. La distensión del estómago y el embotamiento desaparecen, y por un breve momento se sienten relajadas y limpias. El problema comienza de nuevo cuando sienten hambre al tener el estómago vacío, y recurren nuevamente al atracón.


¿Soy yo la única?

Es imposible saber cuántas personas enfermas hay ahora mismo en España, porque la vergüenza, la culpa, el miedo social o la falta de información siguen pesando.
Sí que se sabe que por cada varón enfermo hay diez mujeres. Un estudio realizado en la Comunidad de Madrid en 2001 (Gandarillas) afirmaba que cuatro de cada 100 chicas entre los 15 y los 18 años padecían o habían padecido un trastorno del comportamiento alimentario. Esta cifra aumentaba a más de 8 si se consideraban también los casos de trastornos no identificados.

 

Ya sé que estoy enferma. ¿Qué puedo hacer?

Cuéntalo. Pide ayuda. Es una enfermedad para la que necesitas un tratamiento lo antes posible. Tendrás que acudir a un médico. En España, cualquier médico de cabecera está hoy por hoy dotado de un protocolo para enfrentarse a esta enfermedad y remitirte a los expertos que puedan ayudarte. Si la primera vez el médico no presta atención, insiste con otro médico o en otra ocasión. Es tu vida y tu salud de lo que estamos hablando. Puedes acudir a urgencias, o a un médico privado que te inspire confianza. Muchos centros de enseñanza están también equipados para orientarte y dirigirte a expertos.
Si eres menor, tendrás que pasar el mal trago de contárselo a tus padres. Te apoyen ellos o no, deben saberlo. Muchas veces las enfermas creen que ése es el peor de los trámites, pero por desgracia, no hay forma de evitarlo. La familia tiene que involucrarse en la curación. A veces la familia actúa de manera protectora, y con ánimo de ayudar decide no contárselo a nadie. Es conveniente que el tutor de estudios lo sepa, y también el médico de cabecera, si no se ha acudido a él en primer lugar. También ha de saberlo la pareja, si se tiene.
Si eres mayor de edad, no necesitas autorización de la familia, pero antes o después es posible que tengas que enfrentarte a problemas del pasado o del presente relacionados con ellos.
¿Cómo es un buen tratamiento?
· Debe ser iniciado de forma tan precoz como sea posible.
· El tratamiento tiene que incluir a un endocrino-nutricionista y un psiquiatra o psicólogo que trabajen de forma coordinada.
· No descuides el ginecólogo. Debe revisarte y controlarte.
· Con frecuencia, la familia también necesita ayuda profesional.
· El tratamiento puede durar años, como media de dos a seis.
· El objetivo del tratamiento incluye normalizar el peso y los hábitos de alimentación, pero también mejorar su estado de ánimo y autoestima, rendimiento escolar o laboral, estabilidad del medio familiar, y en definitiva, ayudar a madurar.
· No hay acuerdo acerca que qué tipo de tratamiento es más eficaz (terapias cognitivas, comportamental-dialéctica, psicoanalítica, fármacos, etc.) Todas han funcionado con algunos pacientes, y todas han fracasado con otrosQuizá las dos primeras son más fiables en las primeras etapas del tratamiento. Las terapias psicoanalíticas e interpersonales pueden ser más útiles una vez que se haya salido del riesgo vital. Los fármacos se pueden usar como ayuda para la mejoría de los síntomas de la enfermedad impiden una calidad de vida aceptable o para aliviar las depresiones asociadas.
· El internamiento debe reservarse para situaciones en que la vida corra peligro:

· a.- Delgadez extrema ( IMC* menor de 14-15 ). ( IMC es el índice de masa corporal y se calcula dividiendo el peso actual por la altura en metros al cuadrado. Es normal de 19 a 26. ).
· b.- Caos nutricional.
· c.- Pensamientos suicidas persistentes.
· d.- Vómitos imparables o uso de laxantes u otras sustancias que ponen en riesgo la vida.
· e.- En casos excepcionales, agotamiento familiar.
· Aún con tratamiento hay riesgo de fallecimiento. No es una tontería.
· Como cualquier enfermedad que tiene un aspecto de adicción la recaída forma parte de una evolución normal. Aunque hay pacientes que pueden salir de la enfermedad sin recaídas otras recaen una y otra vez. Es lo normal, y no hay por qué desmoralizarse por ello. Hay que estudiar qué causas la provocaron y también la gravedad de la misma, y el tiempo que se tarda en salir de ella para poder trabajar en la prevención.

 

Conozco a alguien que está enfermo. ¿Qué puedo hacer?

Es posible que conozcas a muchas más personas enfermas, aunque no lo sepas. No hagas un drama de ello. No la sermonees, no le riñas ni grites. Piensa que es una persona que necesita ayuda, y que se apoya en la comida para conseguir solucionar sus problemas. No lo centres todo en si come o no. La comida es un síntoma, no el problema. Muéstrate inflexible en la idea de que debe de pedir ayuda. Ofrécele acompañarlo al profesor, médico, psicólogo... o incluso como apoyo para contárselo a sus padres. Y si se encuentra en recuperación pregunta a un profesor, a un tutor o a un psicólogo cómo puedes ayudarle. Comprueba siempre lo que te dice que debes hacerle: ten en cuenta que está enferma, y que uno de los rasgos de su enfermedad es la manipulación y la posibilidad de mentir.

- Lo que NO debes hacer.
- Convertirte en cómplice de mentiras.
- Animarla a que beba, tome drogas o actúe de manera impulsiva para divertirse y olvidar su problema.
- Facilitarle dietas u ofrecerte a acomparle a hacerlas.
- Hacer tuyo el problema. Es su responsabilidad, no la tuya.
- Creer que tú sólo y sin decir nada a nadie puedes ayudarle
- No darle importancia
- Centrar tu relación sólo en ese aspecto
- Elogiar su cuerpo, si sube o baja de peso.
- Convertirte en su sombra.

 

¿ Es posible prevenir la bulimia?

Es posible, pero complicado. La prevención debe concienciar acerca de muchos aspectos distintos, para evitar la presión que para ser delgadas sufren las mujeres.
- evitar la prescripción de dietas demasiado agresivas y sin una supervisión continuada, - -
- concienciar a publicistas y personas en relación con la moda y de medios de difusión acerca del riesgo de dar publicidad a modelos con cuerpos poco saludables,
- el compromiso de fabricación de la ropa por los fabricantes para todas las tallas,
- adecuar la talla a la realidad de la medida,
- concienciar a las personas que trabajan en los gimnasios para la detección de casos y el asesoramiento adecuado, y para que se emplee el ejercicio de una forma racional y no compulsiva.
- por parte de las familias, el apoyo a todo aquello que suponga un crecimiento personal por parte de sus hijas y que las alejen de lo puramente físico.


¿A quién hay que culpar?

La mayor parte de la sociedad rehuye su responsabilidad acerca del aumento de los trastornos de la alimentación. Sin embargo, al tratarse de enfermedades multifactoriales, son muchos los campos implicados. Se trivilializa cuando se culpa a las madres, las pasarelas, los diseñadores, las modelos, las revistas femeninas, las tiendas de moda... cada uno de estos sectores implantan el modelo de delgadez extrema, e incluso lo alientan de manera indirecta: pero habría que hablar también de los hábitos alimenticios insanos, que enfatizan los hidratos de carbono, los azúcares y las grasas: de las aficiones sedentarias de muchos niños. De las burlas y la presión que sufren los niños, y en especial, las niñas con sobrepeso. De la falta de visibilidad, por parte de la publicidad y los medios de comunicación, de mujeres reales. De la competitividad social. De la presencia y el aumento de los alimentos light y los productos supuestamente adelgazantes. De la crisis de la familia. De la falta de presencia de algunos padres varones, que delegan en las madres toda la responsabilidad de la educación. Del machismo imperante, que castiga a las mujeres que se alejan del ideal de pasividad y delgadez femenino. De...
La lista sería interminable. Hay aspectos difícilmente solucionables, y otros por los que se puede hacer más. Se trata, precisamente, de proponer algún alivio a esta gravísima situación.


Sobre la bulimia

Vivimos en tiempos contradictorios: cuando se posee todo para ser feliz, la sociedad se ve afectada por enfermedades mentales, trastornos alimenticios, insatisfacción, infelicidad, expectativas no cumplidas. Un número inmenso de mujeres, y un sector creciente de hombres se ven atrapados en una carrera contra el peso, una negación continua de lo que son, por constitución y hábito, y lo que serán, por experiencia y capacidad de sobrevivir.

Pese al número creciente de trastornos alimenticios de tipo purgativo (bulimia y sus variantes) no se cuenta con el apoyo decidido de los gobiernos, ni con medios sanitarios, ni con enmiendas de las empresas implicadas. La insatisfacción genera consumo, la inseguridad ha sido una tara propia de mujeres, inculcada en ellas cuidadosamente por las demandas de una sociedad inmovilista. Estas enfermedades no han despertado más que tibios procedimientos, reacciones insuficientes que no hubieran llegado a nada sin la constancia de las enfermas y de sus familiares: la regulación de las tallas, o la hospitalización forzada de las afectadas ha sido, entre otras, producto de esa lucha.

Se desconoce el origen real de la anorexia y la bulimia. Ni siquiera los expertos ofrecen una explicación realista y satisfactoria. Después de años se ha llegado a la conclusión de que se tratan de enfermedades causadas por una multitud de factores, y que el grupo de riesgo se compone de mujeres jóvenes. Se da, por lo tanto, una doble discriminación: no se presta demasiado interés real a las necesidades y preocupaciones de los adolescentes, aunque sí se les dedica excesiva atención y sobreprotección, y se dan demasiadas cosas por supuestas. Y las chicas, dentro de ese grupo, han sido históricamente consideradas como seres inestables, emotivos, impulsivos, a quienes la serenidad les llegará con los años.

La bulimia se nutre en el secreto, en la angustia callada, en una represión de emociones, en un crecimiento interno de la infelicidad y la vergüenza. En el exterior, nada ocurre: en muchos casos, la chica es sociable, alegre, responsable. Puede pasar desapercibida hasta estadios muy avanzados.

No siempre resulta sencillo distinguir entre bulimia y anorexia. Las dos son alteraciones de la conducta relacionadas con la comida, las dos afectan a mujeres jóvenes, las dos provocan pérdidas y modificaciones de peso. Para colmo, algunas de las enfermas, tras haber padecido anorexia, caen en la bulimia. Sin embargo, son dolencias que necesitan un tratamiento diferente y específico.

Por lo general, el inicio de la anorexia es anterior en edad al de la bulimia, que comienza, por media, tres o cuatro años más tarde. Mientras que las anoréxicas presentan bajo peso, debido al escasísimo consumo de alimentos y a la dieta, cada vez más restrictiva, entre las bulímicas puede darse una tremenda variación, que oscila de la delgadez casi anoréxica a la obesidad. El medio principal de control del peso en las anoréxicas es la restricción de alimentos y el excesivo ejercicio. En las bulímicas, se da mediante dietas, vómitos, laxantes, diuréticos, y en escasas ocasiones, ejercicio. Lo que iguala ambos trastornos son las gravísimas consecuencias para la salud, y que en más ocasiones de las que se desearía, se cronifican.

En la actualidad, sin embargo, ya no basta con conocer los síntomas, y es insuficiente la afirmación de que las mujeres jóvenes están en peligro. La edad de incidencia de la bulimia ha descendido hasta los nueve años, y ha aumentado hasta los cincuenta. Sus manifestaciones también se diversifican: puede aparecer en la adolescencia, o mucho después, a raíz de un acontecimiento determinado, o como gota que colma el vaso.

No existe una medicación infalible para esta dolencia. El tratamiento dura varios años, exige la colaboración de expertos en nutrición, médicos y psicólogos, el compromiso de la enferma y la familia; y aún así, una parte de las enfermas no se recuperarán. También para las enfermas crónicas hay que demandar un tratamiento y la supervision adecuada. Una vez que ese trastorno alimenticio aparece, exige un reaprendizaje, un esfuerzo conjunto y un nuevo planteamiento de vida.

La prevención es, por lo tanto, el único medio efectivo para que la enfermedad desaparezca; pero saber que existe y en qué consiste la bulimia no librará a las mujeres de padecerla. La única prevención eficaz es la que ataca el origen de estos trastornos. Es necesario que evitemos circunstancias como:
- un cambio de alimentación en el que desaparecen las legumbres y las grasas vegetales, y aumentan las grasas animales y las féculas.
- el menor tiempo disponible para la compra y la preparación de comida sana
- un aumento abusivo del precio de verduras y frutas.
- una imagen de la mujer débil, sexualizada y pasiva.
- la insistencia constante en la apariencia de la mujer.
- el uso del cuerpo de la mujer como objeto de cambio y de prestigio
- el maltrato y el desprecio de la mujer y de los valores y aficiones femeninas.
- un concepto de la belleza inalcanzable e insatisfactorio.
- una supresión constante de las emociones.
- una familia en la que la madre se responsabiliza gratuitamente y en exclusive de las tareas relacionadas con la comida y la educación de los hijos, y a la que se culpa si aparecen problemas.
- una industria de la moda que homogeiniza el cuerpo y la edad de las mujeres de 14 a 50 años, sin distinciones, y que cambia el tallaje de manera aleatoria.
- la exigencia de modelos y maniquís jovencísimas e irrealmente delgadas en pasarelas, revistas, anuncios, fotografías… y la negación de que esas imágenes puedan afectar la percepción de las mujeres respecto a su propio cuerpo
- una industria cosmética que miente o falsea los datos respecto a productos adelgazantes o antiedad, y que genera falsas expectativas
- una industria diétetica y adelgazante que culpabiliza al cliente de sus fracasos y que confunde delgadez, atractivo y salud.
- una tolerancia vergonzosa hacia actitudes sexistas y un humor que oculta hondas discriminaciones.
- una sociedad profundamente machista, reacia a cualquier cambio que involucre una igualdad real de derechos y obligaciones.

Mientras todas ellas se den al mismo tiempo, la bulimia, y el resto de los trastornos de la alimentación seguirán floreciendo. Y, por nuestro bien y el de quienes nos siguen, no debemos tolerarlo.

 

Los nuevos griales
(publicado en la revista PSYCHOLOGIES, verano 2006)


El ser humano ha vivido siempre obsesionado por la comida: para silenciar los pinchazos en el estómago ha roto caparazones de crustáceos, ha probado setas con sabor mineral, se ha enfrentado a animales que le doblaban en tamaño y triplicaban en peso, ha machacado fibras: domesticó rumiantes y plantó semillas, y con el tiempo, inventó un sofisticado protocolo de en torno a la alimentación: servilletas, loza esmaltada, centros de mesa, saleros en forma de cubo o palillos para los huecos difíciles.
La magia que antes invocaba a los búfalos, o a las buenas cosechas, ha reverdecido en torno a las técnicas culinarias (el nitrógeno, las gelatinas, las esencias, las reconstrucciones y la fama que les acarrea a quienes dominan fogón y sabores) y a las propiedades de los alimentos. Si el Santo Grial garantizaba y la salvación del alma, y Ponce de León enloqueció en el transcurso de la búsqueda de la fuente de la eterna juventud, que ubicaban los indios en Florida, nuestra magia resulta ahora más concreta, y más barata: un estante de un supermercado convencional nutre el cuerpo y la imaginación. Y, como todos los mitos, promete y miente, se basa en una realidad remota que se ha convertido ya en una leyenda imparable.
La soja, el aloe vera, el aceite de oliva, el magnesio, el ajo, la miel, se han convertido en parte de la pócima. Entremezclados con los datos objetivos, y con los conocimientos de nutrición del ciudadano, del ama de casa, se ha injertado firmemente una cepa de superstición. La obsesión por conservar la salud es tan grande que supera casi cualquier traba, salvo dos: la gula y la pereza. Ni siquiera el ansia de inmortalidad, tan noble y tan urgente, salta por encima del apetito de los ojos y el peso reconfortante del cuerpo inmóvil. Como los alquimistas, buscamos fórmulas mágicas. Como los alquimistas, envejecemos en la búsqueda de un atajo hacia las buenas costumbres.
No hay atajos, y las fórmulas mágicas (con el verano aumentan, se reproducen como conejillos fértiles) son engaños con sabor agradable. La salud se forja día a día, cena tras cena, y a veces, ni siquiera unas costumbres sanas logran engañar a la genética, o a la mala suerte. La magia radica en otra parte, en el disfrute intenso del instante, en el futuro inalcanzable de los sueños. La mente goza del privilegio de envejecer con lentitud: ahí, en sus recovecos, alienta, de verdad, la juventud eterna.


© Espido Freire 2005