 |
Bebés de anuncio
ADN, 12.09.09 |
|
No era mi impresión: hace unos días un famoso publicista me confirmaba el aumento veraniego de los anuncios destinados a padres de niños menores de tres años. Cosas de la crisis: con los niños no se ahorra. Imposible ver ahora un corte publicitario sin encontrar la risa jocosa de un bebé porque su mamá le da la mejor comida, la mejor leche de continuidad, o le cura las diversas dolencias infantiles con los mejores tónicos.
Imagino que el público objetivo se conmoverá al ver niños regordetes, jocundos y gorjeantes: como no soy público objetivo, rechazo que niños aún lactantes vendan productos, exhibidos como reclamo por padres entusiastas y por marcas que para atraer la atención emplean sin pestañear mujeres semidesnudas o gorgoritos infantiles. Bebés siguiendo coreografías, disfrazados de científicos, enfurruñados o abiertamente llorosos si mamá no compra lo que desean.
La autorregulación de publicidad acerca de niños es laxa; prohibe que aparezcan en situaciones de riesgo. De la utilización, la ridiculización y la descarada explotación que se realiza a través de su imagen, bien para que otros niños sean bombardeados con anuncios, bien por la atracción que despiertan en parte del público, no se dice nada.
En los últimos tiempos muchos padres están retirando de sus redes sociales las fotografías de sus niños, o al menos, las muestran borrosas. Existe una mayor conciencia del peligro de la exposición de la imagen de los menores. Pero claro, sólo cuando no se hace dinero a costa de ellos. |