The end:
- Héroes
- Desfachatez
- Codicia
- Nieve
- Hambre
- Otra vez
- La Niña
- Pago tardío
- Sin confianza
- Nuevos ricos
- Dos ruedas
- Toros y niñas
- Bebés de anuncio
- Conexión
- Fuego
- Lágrimas
- Regalos
- Togo
- Indigente
- Presidenta
- Arendal
- Primera dama
- Carthago Nova
- In-corruptos
- Algunos caínes
- Jade
- Lágrimas
- Ciudadanía

- Vacas
- Serán mayores
- A sus pies
- Verde viento
- Toda esperanza
- Fosas comunes
- Sin esperanza
- Difuntos
- Más pesquisas
- Corazón roto
- Comunicación aérea
- Lectores curiosos
- Hengelo
- Apologías varias
- Patios vacíos
- Infamias
- Seamos líderes
- Una reflexión
- Esa autoestima

El Monstruo de Sangre:
- Capítulo I
- Capítulo II
- Capítulo III
- Capítulo IV
- Capítulo V

Revista 5 Magazine
Defensa de la fantasía
The Maiden of the Shield

Revista Diva



Regalos
ADN, 10.07.09

Si pudiera elegir el producto con el que me sobornaran, elegiría sin dudar anchoas y no trajes a medida. Quizás eso revele mi carácter, la cautela de escoger algo fungible, sin huella, antes que acumular trajes culpables en el armario. Eso tiene el pertenecer a la generación de Mónica Lewinsky, una desconfianza profunda hacia lo que significan y acumulan los trajes.
            A los escritores nos regalan, por lo general, libros: no solemos suponer que nuestra persona es tan relevante que merezcamos libros y libros sin nada a cambio. Se espera, y de esto la gente elegante no habla, que los leamos y critiquemos, y quizás que les dediquemos una presentación o una palabra amable al autor. Un escritor honesto no se dejará sobornar, y no hablará elogiosamente de aquello en lo que no cree, pero tampoco resultaría bonito devolver el libro, trabajosamente envuelto y enviado por otro autor o la editorial. ¿Qué pasa entonces con esos regalos a los que no se les saca rendimiento? ¿Quedan flotando, en el limbo de los objetos inútiles? ¿De los sospechosos obsequios institucionales?
            Soy una escritora afortunada, y además de libros, de vez en cuando me regalan vino, y aceite, o cosméticos y prendas de vestir o de calzar: es decir, aquellos productos de los que me precio de entender un poco. Resultaría poco moral aceptarlos sin más, no aceptar las reglas del juego según las cuales se da algo a cambio de nada. Pero es deber de cada uno saber a qué se compromete cuando se acepta un regalo. Aunque sean deliciosas y cántabras anchoas.

 

© Espido Freire 2005