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In-corruptos
ADN, 20.03.09 |
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Pero ¿no es terrible que apenas se haya insinuado que, desde hace años, nos
han robado de manera sistemática? No hablo de algunas cenas,
siempre excesivas, que, al fin y al cabo, han mantenido vivo el sector del
embutido ibérico y los licores nobles: ni de los coches oficiales, de lujo
relumbrante, que tanto han herido las susceptibilidades gallegas, ni de los
viajes absurdos a lugares donde ni los obligaciones ni los intereses de los
ciudadanos llevarían a nadie. Hablo de los pisos exigidos por las esposas de
los alcaldes, de las cuentas bajo nombres que compartían apellidos, de la manera en la
que se esfumaron terrenos públicos y se convirtieron en feísimas
concesiones. De los sobornos, de los nombres susurrados y de las damas que,
por ofrecer los cuerpos de algunas rusas, recibieron pagos que salían de
mi IBI, de mi impuesto de sociedades, de las revisiones de la renta.
Pero, ¿no es indignante que suspiren, agobiados por una crisis que se alarga, qué le
vamos a hacer, mientras deambulan por ferias y congresos, se golpean
las espaldas y estrechan manos, guiñan el ojo a azafatas y consumen canapés
sin empacho? ¿A nadie le enferma la mirada un poco vacía con la que posan
en fotografías, ese empeño constante de sacarse el alma a fuerza de ser retratados donde
toca, con quien toca? ¿Es posible que no hayamos ententido aún que no podemos permitirnos
ni la mediocridad ni la ociosidad? ¿Cuántos políticos han sido despedidos? ¿Cómo puede
ser que la corrupción no sea una percepción importante en este bendito país? |