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Verde viento
ADN, 7.11.08 |
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Uno de los robots del recién inaugurado Parque de la Ciencia de Granada recita poemas. Lo he escuchado declamando a (no podía ser de otra manera) Federico García Lorca, en un momento en el que el alma del poeta debe revolotear aún más libre, atraída por la polémica de su fosa.
Los programadores intentan, por todos los medios, sustituir al creador por robots. Robots que escriben novelas, programas que pintan por sí mismos, un robot rapsoda... de momento, la competencia aún debe trabajárselo bastante, pero no me parece mal. Sería interesante que a los robots, esos viejos conocidos a los que desde la infancia hemos imaginado siéndonos útiles, o rebelándose contra nuestra dictadura, comenzara a interesarles el arte.
Si pudiera hablar de Dostoyevsky o de Auden con mi aspiradora, yo, en especial, sería muy feliz. Ya he se nos vienen encima años en los que los jóvenes muestran poco amor por la cultura clásica, cada vez seremos menos los que encontremos un interlocutor. Morirán los mayores, y los últimos de cada generación nos quedaremos solos, se confundirán conceptos, se morirán, poco a poco, los recuerdos de los autores que no sean esenciales, pero que nos hicieron tan felices.
Ah, no, a mí me consuela que sean ellos los que hereden el arte y la cultura. Es posible que lo gestionen mejor, que analicen fríamente quién sí, quién no... Inmunes a amistades y chanchullos, a política en intereses. Robots expertos en Shakespeare, en Quevedo, en anónimos medievales. En prerománico y vanguardias. Es un bonito sueño... |