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Toda esperanza
ADN, 28.11.08 |
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Imagino que alguien se detuvo a pensarlas con cariño, como el slogan perfecto de un moderno anuncio, alguien, posiblemente un hombre, sentado en su cuarto, con la mente fija en dos infiernos: uno se llamaba Dante, otro un publicista anónimo del régimen político más determinado por la propaganda de la historia. Uno inventó la frase de bienvenida al infierno: abandonad toda esperanza los que entréis aquí. El otro, la de Auschwitz: el trabajo os hará libres.
Han existido otras frases célebres, casi siempre emplazadas sobre relojes: el tiempo huye. Todas hieren, sólo la última mata. Hermosos textos en lápidas funerarias, o lápidas conmemorativas. Pero esas dos primeras frases, metáforas de bienvenidas a la vida, sólo han podido surgir de la más terrible lucidez, de la ironía más cruel y dolorosa, la segunda.
Imagino que a día de hoy alguien se sienta ante su escritorio, y piensa, con el mismo cuidado y cariño, de qué manera llamar a la crisis a sus medidas, los paquetes, las normativas, las iniciativas tomadas y por tomar. Político o publicista. Con lucidez o con el atroz cinismo que pretende tanto tranquilizar como una voluntad de dominio, alguien está nombrando esos pasos que daremos, y busca la frase que definirá esta etapa, este sinvivir. Es todo conocido ya, hemos vivido lo que ahora vivimos en otros momentos históricos, pero hemos perdido la memoria. Y por lo tanto, nos hacen falta etiquetas nuevas, una forma de ordenar el pensamiento, que alguien idee lo que nosotros no atrevemos a darle nombre.
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