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Fosas comunes
ADN, 21.11.08 |
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Hay científicos admirables que se especializan en mandíbulas prehistóricas, y saben ,con la especialización precisa de los insectos, todo lo necesario para construir dientes, molares, articulaciones y encajes. Luego, en sus ratos libres, a saber: puede que lean relatos y crean en ellos, o que coman chocolate para enjugar el aburrimiento.
Hay jueces que abarcan bocados grandes, ambiciosos. A saber qué se guardan para el postres. Muchas veces, el inicio de ese sueño es grandioso. Hay que tener cuidado cuando se remueven las fosas, que no sólo guardan huesos, no sólo guardan cadáveres: quedan los fantasmas, esos seres vengativos, que no duermen, susurran al oído de los vivos. No se les acalla con el nombramiento de un culpable.
Yo sé dónde reposan mis seres queridos. Han muerto de manera pacífica y apacible. El dolor de llevar flores a algún lugar impreciso, como si fueran cenizas esparcidas en contra de su voluntad, es uno de los que me ha sido ahorrado. Pienso en la angustia de aquellos a los que sus fantasmas familiares no han dejado descansar: ellos no duermen en paz, no permitirán que sus descendientes lo hagan. Pero para esos pobres muertos, no olvidados, no muertos del todo, hay poca solución. Ahora les arrojan una paletada de tierra, no agresiva, no completa. Ya veremos. Algunos aparecerán, con sus huesos pardos al sol por un breve espacio.
Los expertos en mandíbulas, en vértebras, guardan por el momento sus utensilios. Ya habrá momento para ello, para el preludio del descanso de los fantasmas.
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