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Más pesquisas
ADN, 23.10.08 |
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¿Pero, ¿te dio él la mano o se la diste tú? Las tres mujeres hablaban concentradas, el ceño fruncido, mientras una de ellas recordaba con esfuerzo qué había ocurrido. Parecían tres parcas decidiendo el destino, y en cierta medida, es posible que lo hicieran. La tercera no recordaba. Se hizo un silencio. El interrogatorio continuó.
Creemos que él sí la quiere. Fue su decisión, mientras pedían la cuenta sobre el café ya frío, y fue la mía, mientras las veía marchar. Sabemos de lo que hablamos. Estas mujeres, cercanas a los cuarenta años, llevan veinticinco analizando miradas en común, reproduciendo frases, llorando unas en los brazos de otras, como yo con mis amigas. Se miran entre sí y prevén qué ocurrirá a continuación. Es posible que sus parejas las observen con sospecha, como si se unieran las tres damas negras de Macbeth para decidir sus destinos. Ah, sí, en parte sí. Una mala contestación puede ser disculpada por una de ellas, pero no por las tres, a las tres no las ciega el amor, el deseo o la cercanía.
Los psiquiatras achacan ese comportamiento a antiguas huellas tribales, y aceptan los beneficios de las emociones compartidas entre mujeres. Ahora se ha trivializado esa conducta, como si nos la tuvieran que enseñar desde Manhattan, o fuera obligatorio irse de compras entre tanto.
Es importante saber si fue él quien le tendió la mano, o fue ella. De hecho, todas las pesquisas resultan insuficientes si la amiga está en peligro, si la sabemos vulnerable, hombreriega o ilusionada. Quién no lo entienda, cuánto se pierde. |