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Lectores curiosos
ADN, 04.10.08 |
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Son muchos, son insaciables, son los que artículo tras artículo muestran conocimientos a los que yo no accedería de ninguna otra manera. Saben, por ejemplo, datos a los que yo, a través de investigaciones someras, no tengo contacto.
No tienen nada que ver con los impertinentes, los que a través de un email intencionado muestran más de ellos que de lo que han leído. De esos lectores, muchos de ellos poco fieles, pero muy obstinados, hay poco que extraer. Quieren ser ellos mismos escritores, se indignan porque sus datos y sus artículos no obtengan el mismo reconocimiento que los profesionales. No saben cómo llamar la atención, y gritan, o postean, o hincan en diente en lo que pueden.
No tienen tampoco nada en común con los que se han sentido heridos por una cuestión ideológica, por un ataque que nunca se realizó, en realidad. No, estos lectores curiosos indican y muestran sin agredir. En ocasiones agradecen una mención o un descubrimiento, el de un libro o un autor nuevo. En otras, me corrigen algo que nunca supe. Por ejemplo, por uno de ellos he sabido que McGyver se llamaba Angus. Por otro, he corregido mi ubicación de Hengelo. Otros, (padres, madres, profesores) comparten conmigo la dura experiencia de criar niños, de la que yo hablo de oídas. Otros me cuentan cómo leen, a duras penas, de atrás adelante, el periódico.
Esas voces que llegan a mí en la distancia hacen que mi oído vibre, que el texto continúe. Si siguen hablando así, harán mi mundo, el mundo, un espacio digno de ser alabado.
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