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La relación que las universidades europeas han mantenido con las ciudades que las hospedan constituye una historia fascinante, y que ha moldeado el carácter y la economía de ambos. Sin la demanda de cadáveres para autopsias y prácticas de anatomía en Edimburgo que la reputación en medicina de su universidad demandaba no se hubiera avanzado en cirugía de la misma manera: pero se hubiera evitado la profanación de tumbas y el asesinato de unos cuantos indigentes. Sin la Sorbona, sin Bolonia, sin Salamanca Europa no contaría con el Derecho Internacional que rige ahora las relaciones humanas
Indiferente a las necesidades de rentabilización imparable que en otras universidad están desviando el conocimiento hacia la complacencia del alumno, la holandesa Universidad de Twente ha puesto en marcha en la ciudad de Hengelo un programa de purificación de aire que consiste en la instalación en las calles de un nuevo tipo de hormigón que neutraliza el óxido de nitrógeno. Twente se encuentra en Enschede, la ciudad vecina, pero las características de Hengelo, una ciudad en la que el único transporte público viable es el bus, la convierten en el campo de pruebas ideal.
De hecho, el origen del invento es japonés. Frente al celo con el que las empresas desarrollan sus proyectos, el espacio que cubre el conocimiento universitario puede compartirse, debe expandirse. Los descubrimientos del saber, como el orgullo por los logros deportivos, poseen una elasticidad que se está perdiendo: por las ciudades y por las universidades.
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