The end:
- Héroes
- Desfachatez
- Codicia
- Nieve
- Hambre
- Otra vez
- La Niña
- Pago tardío
- Sin confianza
- Nuevos ricos
- Dos ruedas
- Toros y niñas
- Bebés de anuncio
- Conexión
- Fuego
- Lágrimas
- Regalos
- Togo
- Indigente
- Presidenta
- Arendal
- Primera dama
- Carthago Nova
- In-corruptos
- Algunos caínes
- Jade
- Lágrimas
- Ciudadanía

- Vacas
- Serán mayores
- A sus pies
- Verde viento
- Toda esperanza
- Fosas comunes
- Sin esperanza
- Difuntos
- Más pesquisas
- Corazón roto
- Comunicación aérea
- Lectores curiosos
- Hengelo
- Apologías varias
- Patios vacíos
- Infamias
- Seamos líderes
- Una reflexión
- Esa autoestima

El Monstruo de Sangre:
- Capítulo I
- Capítulo II
- Capítulo III
- Capítulo IV
- Capítulo V

Revista 5 Magazine
Defensa de la fantasía
The Maiden of the Shield

Revista Diva



Infamias
ADN, 05.09.08

Hay ciertas cosas de la televisión que no soporto. No entiendo la fascinación de tantos espectadores por los concursos, y menos aún por aquellos en los que el azar o el alquiler de veinticuatro horas al día convierten a una persona en millonario. Me cuesta comprender que una serie de pruebas en directo conviertan a un aficionado en un profesional, o que los golpes y las humillaciones diviertan a los televidentes. Ni siquiera he logrado acostumbrarme, pese a los años transcurridos y la tinta vertida, a la afición por el cotilleo en imágenes y comentarios.

Es quizás más repugnante la segunda variante que la primera. Se olvida que el derecho a la información no se extiende a difundir infamias, fotografías dudosas o cuestionar reputaciones. Si el derecho a informar protegiera el bien común y no los intereses periodísticos, la mitad de esos programas se convertirían en espacios publicitarios. Ya se tiende a ello.

El gusto de la audiencia es soberano, justifican. Mientras los que en sus casas mantienen el mando en la mano así lo digan, veremos subproductos, o los sustituiremos por otros aún más baratos y chabacanos. Sin embargo, la demanda de lo prohibido y lo morboso no finaliza jamás, y no por ello se les da gusto a los pederastas y se emite pornografía infantil, no se enseña cómo profanar tumbas o las instrucciones para una bomba con metralla. Para eso nos queda internet y la ficción. A cambio de no ser reales, los relatos de atrocidades nos pueden conducir hasta donde el autor lo desee.

 

© Espido Freire 2005