The end:
- Verde viento
- Difuntos
- Más pesquisas
- Corazón roto
- Comunicación aérea
- Lectores curiosos
- Hengelo
- Apologías varias
- Patios vacíos
- Infamias
- Seamos líderes
- Una reflexión
- Esa autoestima

- Otra corbata
- Malas notas
- Anuncios atrasados
- Leche derramada
- Mi lucha
- Los otros
- Turistas y viajeros
- Un hijo
- Certeza y evidencia
- El guardián
- Patata y fuego

El Monstruo de Sangre:
- Capítulo I
- Capítulo II
- Capítulo III
- Capítulo IV
- Capítulo V

Otra corbata
ADN, 04.07.08

Siempre he estado a favor de las corbatas. Como lo estoy de los débiles, de las especies en extinción o de las costumbres que la vida ha desechado por poco prácticas. De niña, aunque mi colegio permitió que el estricto uniforme infantil, azul marino y blanco, se liberalizara, y la corbata pasara por lo tanto a ser opcional, yo me aferré a ella. Los niños necesitan límites, y el mío se encontraba alrededor de mi cuello, como si fuera el símbolo del orden, de la dignidad, de lo establecido. Se derrumbaban los Altos Hornos, el terrorismo azotaba con puño de hierro, y las inundaciones habían devastado mi pueblo. Al menos, mi corbata mantenía el orden.

Más adelante, me han servido las corbatas para calibrar la elegancia del varón que las lleva, o su nivel de queja, cuando aducía, ante las medias, los tacones, la depilación o el wonderbra femenino, el sufrimiento que le producía. Me han indicado hasta qué punto se dejaba influir por su esposa, o si su carácter era apocado. Las corbatas enviaban mensajes tan confusos como entretenidos de descifrar.

Pero ahora una corbata centra toda la atención, y no se habla de ese tema que me tiene fascinada como filóloga, la definición semántica, incluso semiótica, de la crisis económica. Y, qué quieren que les diga, porque es duro reconocerlo para una amante de las corbatas, una entusiasta, incluso; no es eso, señores, no es eso. Buscamos líderes, guías, asesores. Buscamos un bálsamo que apacigüe el dolor de la herida. Quien se gane su sueldo. No árbitros de la elegancia.

 

© Espido Freire 2005