The end:
- Verde viento
- Difuntos
- Más pesquisas
- Corazón roto
- Comunicación aérea
- Lectores curiosos
- Hengelo
- Apologías varias
- Patios vacíos
- Infamias
- Seamos líderes
- Una reflexión
- Esa autoestima

- Otra corbata
- Malas notas
- Anuncios atrasados
- Leche derramada
- Mi lucha
- Los otros
- Turistas y viajeros
- Un hijo
- Certeza y evidencia
- El guardián
- Patata y fuego

El Monstruo de Sangre:
- Capítulo I
- Capítulo II
- Capítulo III
- Capítulo IV
- Capítulo V

Un hijo
ADN, 16.05.08

En China, como en Vietnam y otros países de Extremo Oriente, el orden de nacimiento de los hermanos resultaba tan esencial que los amigos íntimos se insertaban dentro de él: llamar a un colega segundo hermano, o quinta hermana, y que ellos lo permitieran, delataba un conocimiento privilegiado de su situación familiar. En las familias notables, en las que el concubinato surtía a los patriarcas de segundas, terceras, o quintas esposas, las sutilidades del trato se convertían en tela de araña.

Llegó entonces la política demográfica del hijo único; sin que de manera paralela se produjera una revalorización del papel de la mujer, al infanticidio o el abandono de millones de niñas se la unió el fenómeno de los pequeños emperadores: hijos y nietos únicos, varones, ochenta millones de ellos nacidos a partir de 1979: los compañeros orientales de los mileuristas españoles, y el mayor peligro para la apatía generacional europea. Mimados hasta el extremo, pero también competitivos y bien formados, a los pequeños emperadores se les acusa de frialdad, egocentrismo, y de depender en exceso de los seis adultos por familia que se han volcado en ellos.

Ahora, bajo las ruinas del terrible terremoto, asoman o se corrompen los cuerpos de centenares de esos hijos únicos. Las familias más pobres nunca pudieron pagar la multa por exceso de fertilidad: el hijo único era su esperanza, el orgullo ante los antepasados. Sin ellos, ni los padres ni los abuelos han cumplido con su deber. Sólo obedecieron una ley que ahora lloran.

 

© Espido Freire 2005