The end:
- Verde viento
- Difuntos
- Más pesquisas
- Corazón roto
- Comunicación aérea
- Lectores curiosos
- Hengelo
- Apologías varias
- Patios vacíos
- Infamias
- Seamos líderes
- Una reflexión
- Esa autoestima

- Otra corbata
- Malas notas
- Anuncios atrasados
- Leche derramada
- Mi lucha
- Los otros
- Turistas y viajeros
- Un hijo
- Certeza y evidencia
- El guardián
- Patata y fuego

El Monstruo de Sangre:
- Capítulo I
- Capítulo II
- Capítulo III
- Capítulo IV
- Capítulo V

El guardián
ADN, 02.05.08

Siguen los medios de comunicación empeñados en que alguien debió darse cuenta de que bajo tierra, en una ciudad anónima y gris y fea alejada de Viena, en un bunker con estrellas y animalitos siniestros en las paredes, se pudría en vida una familia. Los vecinos, los familiares. Alguien. Como eternos guardianes de nuestros hermanos, algo a lo que el Dios cristiano nos destinó, y frente a lo cual Caín se reveló, cuando llegan las desgracias llega también la culpa ajena. Alguien. Quien fuera. ¿Cómo no saberlo?

Durante siglos no pudimos elegir con quién vivir. Ni la familia, ni los vecinos, ni la pareja dependía de la voluntad propia. Las normas de convivencia debían de ser rígidas y de por vida, y regirse entre la desconfianza y la hospitalidad, el inmovilismo y la necesidad de encontrar genes nuevos en otros pueblos, en otras zonas. Cuidar del vecino, del hermano, asegurada la supervivencia, como si fuéramos pececillos sumergidos en mercurio, más fuertes por el número y la presencia ajena.

Ahora, al elegir, podemos también rechazar. No saber nada de los padres, de la hermana, de la vecina de abajo, de los amigos de infancia, del ex marido. Aunque complicada, la vida sin guardianes, y sin guardar, resulta más segura que hace un siglo. Pese a los peligros reales, y la cobardía moral que implica, es posible elegir la ignorancia y la despreocupación acerca de lo que ocurre en la casa de al lado, en la pared medianera, al otro lado de las fronteras. Practicamos cada día, y, la verdad, ya nos sale muy bien.

 

© Espido Freire 2005