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Doble contradicción
ADN, 21.02.08 |
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El problema real sobre el aborto hunde sus raíces en la convicción de quién se cree un dios y quién no. La creencia de que los hijos son regalo, o instrumento divino se corresponde, necesariamente, con el respeto a la evolución de esa vida, desde su origen a su nacimiento. La creencia, mucho más moderna, de que son los humanos los que deciden cuándo y cómo tener hijos, ya que conocen el mecanismo de la fecundación, lleva, por el contrario, a la certeza de que puede existir un control sobre la transmisión de la vida, que puede resulta provechoso por razones económicas, personales o psicológicas.
Sin embargo, la valoración extrema de la familia, y sobre todo de la maternidad, lleva a mostrar un respeto mucho mayor a quien desea tener hijos, incluso por métodos intervensionistas o artificiales (adopción, estimulación ovárica, inseminación) que por quien por distintas razones opta por no tenerlos. La extremada valoración del ser humano por su fertilidad (la esterilidad femenina era un estigma que podía conducir al ostracismo o la muerte de la mujer, la masculina no se reconocía o se asociaba a impotencia) continúa patente: las parejas heterosexuales sin hijos son egoístas. Las connotaciones de promiscuidad en el caso de los solteros sin hijos, o de homosexualidad o falta de atractivo en el caso de las solteras continúan tan vivas como hace veinte años. Se ha revalorizado en cambio la figura de los padres solteros, o de los homosexuales con hijos. Curioso. Qué cercanos estamos a la mosca drosophila.
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