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Los bebés deben
alimentarse en exclusiva de leche materna durante los
seis primeros meses de vida, dictan UNICEF, la OMS.
Les aporta todos los nutrientes, anticuerpos, hormonas,
y antioxidantes que necesitan para desarrollarse, y
supone una diferencia esencial en su salud y capacidad
de supervivencia. Además, es gratuita, higiénica,
no exige preparación, posee la temperatura adecuada,
la composición exacta.
Sin embargo, las madres españolas cuentan únicamente
con dos medias horas de licencia laboral al día
para amamantarlos, con sólo 16 semanas de baja
maternal. Algunas guarderías no aceptan suministrar
la leche materna, ya que existe un vacío legal
en torno a su condición de alimento. Imposible
para muchas la conciliación entre crianza y trabajo.
Sólo existe un banco de leche, en las Baleares,
y la sociedad continúa con mitos, rechazos y
remilgos ante la lactancia en público, o por
encima de cierta edad.
Muchos de los españoles de mi edad fuimos destetados
demasiado pronto; las madres, con el miedo constante
de no alimentar bien a sus hijos, atendieron a los médicos,
que favorecían la leche artificial. ¿Nos
hubiéramos ahorrado alergias, trastornos digestivos,
caries, problemas de peso? De todo ello andamos sobrados.
Las amas de casa de los setenta fueron informadas de
que no lo hacían bien e incitadas a cambiar sus
hábitos por los expertos. A las madres del 2007,
en su mayoría jóvenes profesionales, no
les permiten hacer las cosas bien. La culpa, sea como
sea, recae siempre, hipócritamente, sobre ellas.
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