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Único Mundial
ADN, 11.06.10 |
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Comienzo a hacerme mayor, y por lo tanto asevero que no hay nada como lo de antes, que vamos a peor, y que esta juventud hay qué ver como llega. Los volcanes islandeses no pueden compararse con la erupción del Vesubio en el 79 (D. C.) y ni siquiera los Peta Zeta te rasgan la lengua estallando como hacían antes.
Eso me ocurre, de manera insistente, con el Mundial de Sudáfrica. No importa que las inversiones, los anuncios de las marcas comerciales, la preparación física de los jugadores y la belleza de las reporteras no tengan parangón. Mi razón procesa la realidad, y luego la manda de un pase al vacío a lo más profundo de mi desmemoria. En su lugar, la emoción me dicta que sólo hubo y habrá un Mundial, que fue el del 82. Con sus monedas de 50 céntimos hasta las 100 pesetas, que mostraban la efigie de un rey jovencísimo, y con el convencimiento de que no había nada como España, ni como los equipos españoles. El Mundial del Naranjito, esa inverosímil mascota, y el Adidas Tango 82, el balón por el que los niños suspiraban y que se ha quedado prendido a mi memoria como una rémora claramente generacional.
No habrá otro porque entonces era niña, en la edad exacta entre tener conciencia y mantener la ilusión, como no habrá otro que el de 2010 para mis sobrinos de ocho años. Y me hago mayor, pero los jugadores siguen siendo jóvenes…
Me ocurre también con Benedicto XVI, que a cada minuto tengo que recordar que es el Papa y no el suplente de Juan Pablo II, pero eso es otro artículo y será escrito en otra ocasión… |