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Biblioteca Nacional
ADN, 20.05.10 |
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No nos engañen. El Quijote no vale nada. Ni siquiera le roza el leve aliento fétido de las polémicas sobre los derechos de autor. No vale nada El ALCALDE DE ZALAMEA, ni tampoco las vacilaciones emocionales del Magistral, enredado en el miriñaque de la Regenta.
O, para ser más fiel a la realidad: Importan, pero muy poco. Valen, pero se venden barato. Se observan, como los hermosos cuadros, en los momentos de bonanza. Después han de servir para algo. Y, a diferencia de los hermosos cuadros, que en ocasiones han salvado la vida, que no el patrimonio, de una familia, de nada salvan los textos.
Quienes digan lo contrario, miente.
Aquellos a los que se les ha llenado la boca diciendo que, citando a, parafraseando según, guardan ahora silencio. La Biblioteca Nacional ha mantenido entre sus paredes este tipo de conocimiento, sin ruido, de manera discreta, para que no molestara: para que a esta sociedad de pacotilla nadie pudiera decirle que es ignorante, zafia, que desprecia todo lo bueno y bello que como humanos hemos realizado. Ahora, su directora ha desaparecido, antes de que la asfixiaran los que citaban a, decían que, homenajeaban a. La dignidad personal nos ha privado de una buena gestora: la desvergüenza gestora nos priva de la independencia de la Biblioteca.
Háganlo, entonces. No importa. Una gota de agua más en el mar absurdo de la ruina. Pero no nos engañen. No valían nada los manuscritos, ni los mapas, ni ese acerbo atesorado durante siglos. Ya sabemos qué lugar ocupa la cultura. Ése. |