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Derecho Romano
ADN, 15.04.10 |
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Durante mi breve paso por la Facultad de Derecho de Deusto los profesores me hablaron de Derecho Romano, de Keynes, de Mario Conde y de Garzón. Si los dos primeros eran las piedras angulares en los que apoyaban, los dos últimos brillaban como estrellas fulgurantes, como ejemplos de éxito e inteligencia a los que debíamos dirigir la mirada con precaución, para no cegarnos. Corría el año 92, y a Mario Conde le quedaba muy poco tiempo de gloria, aunque los estudiantes no podíamos saberlo, porque la mayor parte de nosotros no conocíamos nada de los entresijos políticos del momento, ni aspirábamos a ello.
Sabíamos, eso sí, que el 93 marcaba el fin del mundo tal y como lo habíamos entendido hasta entonces. El año de celebración, fuegos artificiales y trajes con hombreras dejaba paso, como ha sido la costumbre española, a los más amargos sacrificios en penitencia por los gastos excesivos. En el País Vasco entonces, como ahora, la política era algo similar a la asimilación de oxígeno que realizan los peces en el agua: y nos saturaba aquel oxígeno contaminado y creado por una generación anterior cuyas preocupaciones e ideologías no compartíamos. Se combinaban los últimos años del felipismo, la corrupción y los GAL; nos decían que veríamos el final de ETA y se nos aseguraba que no encontraríamos trabajo.
Han pasado casi veinte años y el último de los cuatro ídolos vive tiempos difíciles. Y echo una ojeada a mi alrededor y poca diferencia encuentro. Han cambiado algunos nombres, y somos más mayores. Eso es todo. |