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¿Se pudren?
ADN, 25.03.10 |
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Me encuentro inmersa en la comprobación de una leyenda urbana: en un vaso, en la cocina, hay un trocito de carne sumergido en Coca-cola. Si todo lo que me han contado es cierto, se desintegrará en breve. Mi último experimento fracasó: intenté que un yogur se enmoheciera. La pasta láctea se convirtió en una masa reseca, y se resquebrajó. Lo último que mostró el paso del tiempo en mi cocina fue la cubertería de pseudo acero inoxidable, de la que ya hablé, y gracias a la cual varios amabilísimos y pacientes lectores me explicaron el proceso de corrosión en metales.
Las naranjas que compro se encogen, como jibarizadas. Las manzanas se arrugan. Los jerseys se encogen, pero no se rompen. Los ordenadores dejan de funcionar a la velocidad requerida, y los móviles sufren de muerte súbita. La ropa interior se decolora; ni siquiera las actrices hermosas se permiten convertirse en hermosas mujeres maduras. Noto como si el proceso de podredumbre que conduciría a la renovación se hubiera interrumpido.
Es posible que la naturaleza, o la sociedad, esa sustituta sofisticada de la lógica, intente equilibrarse. Ya se sabe, acaban por nacer tantos hombres como mujeres, las cabras y los leones se mantienen en un delicado control en las zonas aisladas. Y por lo tanto, ya que tanto se pudre en otros estratos, bajo otros nombres, con la excusa de la crisis, es posible que se compense con la carencia de podredumbre en el resto del universo.
Ya les contaré. También he expuesto fresas a la intemperie. En la ventana de la cocina. |