Carta de Carol Dunlop a Silvia MonrÓs
Aix-en-Provence, 10-VIII-81
Querida Silvia,
Me encntana tanto tus cartas, que casi me siento
culpable de contestar (pero las cartas de veras, no se
contestan, llaman a otras cartas y al final se hacen serpientes
en el aire, y la gente que saben deslizar la mirada
entre aire y nubes saben que son puentes, puentes
donde se puede ir y venir y inclusive encontrarse,
y sí, es cierto que la gente se puede contestar, pero los
puentes, no –ves que con recibir tu carta en el momento
que tenía realmente que recibir algo en el estilo,
y puedes imaginar que muchas cosas en el estilo
no hay en mi vida, pero hoy llegó la tuya, y otra con
muy buenas noticias de una amiga poeta salvadoreña
queridísima, más una carta de John Barth, a quien logré
sacar unas páginas de una novela inédita para una
antología sobre los desaparecidos– yo escribiendo
cartas a John Barth, me parece sueño, pero así es, y
creo bien que estoy con una crisis de alegría, después
de unos días en que todo (yo la primera) me parecía
aparentado a un montón de m…, y hace tiempo además
que no recibo otra cosa que papelitos inútiles del
banco o cartas donde me ofrecen traducciones que
no quiero hacer, y ahora el paréntesis se me comió la
frase), vuelvo atrás, culpable de escribirte en un español
que tiene que ser inverosímil, aún más aquí donde
ni tengo diccionario, bueno.
Me divertí muchísimo con tu visión de mi vida
entre los dos queridos machos. Tal vez tendrás razón,
es curioso, ahora que se fue (hace tres días, ahora
comprendes un poco mi no-estado de ánimo, aunque
ni a mí misma lo confieso, cada verano me arranca un
pedasito de mí misma cuando se va, el chico) Stéphane,
no me acuerdo haber estado mucho en la cocina,
sin embargo me digo que habremos comido: para ir
de compras, pasó una cosa inesperada, la primera vez
que fui al supermercado con el hijo, se enamoró de
una chica, y no pedía más que ir a pasar sus días buscando
su amor (a quien nunca, es evidente, dijo ni
una palabra) entre la salsa de tomate y los pepinos.
Además le gusta cocinar y es mucho más meticuloso
que Julio por la limpieza de la cocina y de los platos
(en su habitación, no, pero siempre hay la solución de
cerrar la puerta)… Era algo raro ir a buscarlo al aeropuerto,
llegó tan grande como yo, me esperaba a ello,
lo que me dio realmente un golpe fue ver sus sapatos
en el suelo… mi primera reacción era que había venido
con un disfraso de payaso… Como su padre tiene
el mismo sentido práctico de siempre, lo mandó con
ropa de hace cinco años… sin problema, me robó mis
shorts, mis jeans, me robó también la mirada y es tan
parecido a mí que a veces tengo miedo que no sea más
que un espejo donde uno cambia de sexo… y es tan
tierno y lo pasamos tan bien, caminando, charlando,
descubriéndonos de nuevo, que un poco más y me
roba también el alma. Y ahora, pues, me faltan su olor,
su piel, su mirada, sus sonrisas y bromas, hasta sus
tonterías… pues mejor así, no tengo nada de la mère
poule pero sé que somos un poco incestuosos.
Julio te habrá hablado de la casa donde nos escondimos
rodeados de pinos, muy cerca de la casa de
Cézanne, con esa luz casi palpable de la Provence.
Hacía diez años que no había venido a Aix (varias
veces tuve que venir, cada vez sucedió algo –malo– y
empecé a pensar que nunca volvería a ver ese lugar
donde pasé cinco años, donde nació mi hijo…). No
era tiempo, supongo, ahora sí es como una victoria, la
ciudad es un encanto, aunque vayamos lo menos posible…
Con vos no es así, y si no te he escrito es en el
fondo por la misma razon por la cual no he ni mirado
la novela que quería terminar desde hace meses y meses.
Porque no se puede acercarse a ciertas comunicaciones
sin el riesgo de dejar saltar la verdad más profunda
que uno está viviendo en el momento. Sé que
tratar de escribir una novela cerrando ciertas puertas,
no dará más que una tricherie, un libro sin interés, de
la misma manera que escribirte tratando de esconder
ciertas cosas a mí misma, es mentirnos a las dos
–y durante meses, anduve en un terreno tan frágil,
tan cerca de la desesperación, que no pude ni escribir
nada personal (acordandome de Mélanie, y de cómo
vienen esas olas y te llevan lejos, escribir es como el
amor y si uno está de acuerdo para acostarse con alguien,
no es cuestión una vez en la cama de decir –
pero yo guardo el slip puesto, no podía correr el riesgo
de caer en algo que no hubiera podido esconder a
Julio), ni escribir cartas de veras. Ha sido uno de los
años más bellos y más horribles de mi vida, he tenido
que tomar unas decisiones que uno nunca tendría
que tener que tomar. He vivido en una especie de
simbiosis con Julio, una hermosa y vertiginosa continuación
de lo que vivimos desde hace años y que nos
lleva cada vez más allá; y paralelamente, he vivido una
solitud tan grande, que nunca hubiera imaginado nisiquiera
que fuera posible. Y ya no puedo más por un
lado, y ya estoy más serena por el otro, tal vez porque
poco a poco he venido mirando las cosas más en frente.
He dejado venir los fantasmas más negativos, he
vivido con ellos durante no sé cuántas noches de insomnio,
no sé cuántas veces en la calle, en el mercado,
he sentido que de repente un horror sin nombre me
caía encima, y pues, no es que sean más simpáticos
ahora, pero las decisiones por lo menos han sido tomadas,
y puedo cerrar los ojos un poco mejor.
Estoy diciendo cualquier cosa, Silvia, porque ahora
que he decidido, aunque en el fondo sea injusto
para vos, que por haber pasado una vez por casa como
una de las estrellas de una constelación que no ha
terminado de revelarse, te vas a encontrar con un
peso que no mereces. No sé decir las cosas pero sé
que vos comprenderás, sabrás por qué no puedo pasar
por ese puente.
Pero es difícil de veras. Hasta ahora creo que he
sacado bastantes fuerzas del silencio, del no decir las
cosas y de estar sola con ellas, como si así tuvieran
menos realidad. Las palabras son crudas, brutales, no
dan por un lado lo específico de una situación pero si
son ciertas, lo específico también está condicionado
por ellas. Hace casi un año que sé, y soy la única en
saberlo fuera de los médicos, que Julio tiene una leucemia
crónica. Él no lo sabe, ni lo tiene que saber,
porque siendo como es, su mejor esperanza de vivir
más y bien (ahora está muy bien, en forma, y viviendo
locuras como te contaré después, pero hace cinco o
seis semanas me dio un susto de veras, de repente tenía
todos los síntomas del cambio a la etapa aguda –
finalmente no era más que alergia a un medicamento
que toma) es no saberlo. Si fuera algún mecánico de
Renault, sería horrible pero en el fondo, no se presentarían
los mismos problemas. El más duro, ha sido
tratar de ver en qué medida él viviría otra vida si supiera.
Hace tiempo que no tiene tiempo de escribir, y
ya no podía más de leer entrevistas donde dice «tengo
dos novelas en la cabesa, y un día voy a partir para
una isla para escribirlas». Ni estoy diciendo las cosas
que quiero decir, por un lado estamos tan felices, por
el otro me pregunto cómo es posible cuando en el
fondo está esto. Fue duro, decidir de irse a Nicaragua
como lo hicimos en febrero (fue bellísimo el viaje –
pasamos dos semanas escondidos en Guadalupe, dos
semanas en Nicaragua, y después dos otras semanas
en Guadalupe antes de volver a París). Nos hizo
un bien enorme, hace años que no había visto a Julio
tan bien. Me daba la impresión que nada malo nos
podía pasar en circunstancias así. Me costó porque el
médico de Julio, buen médico pero los médicos parisienses
son tan snob, que tenemos dos médicos, cada
uno supuestamente extraordinario, y los dos tenemos
que hacer análisis bastante seguidos. Pero el médico
de Julio no confía en el trabajo del laboratorio donde
me manda mi médico (al otro punto de Paris, es una
lata cada vez), ni el mío en los resultados del de Julio
– pues, imaginate cómo ven la situación en Guadalupe
o en Nicaragua, el médico de Julio estaba muy en
contra del viaje, y incluso sabiendo lo bien que le iba
a hacer, no podía quitarme la inquietud profunda de
saber si sí o no estaba haciendo la mejor cosa. Afortunadamente,
cuando se enfermó Julio de la aspirina
(parece increíble, pero nada tenía que ver con lo otro)
conocí a una joven médica hematóloga que es una
maravilla de persona, y quien hizo lo imposible para
salvar a Julio y también para ayudarme a mí. Desde el
principio estábamos tan juntas en la misma lucha, que
nos hicimos muy amigas de veras. La quiero como he
querido a poca gente en mi vida, y no solamente por
lo que hizo a Julio, sino por lo que es ella. Es la única
persona a quien he podido escribir, y entiende todo y
me ha aconsejado poco a poco, dándome también
tiempo para tomar conciencia de las cosas como por
etapas. Ahora, desde hace poco, sé que si un día (según
ellos, es inevitable, pero también dijieron que era
inevitable la hepatitis y nunca vino. Brynhild me dijo
la última vez que hablé con ella por teléfono, porque
desgraciadamente vive muy lejos, en el sur de Francia,
que sabe que desde su punto de vista medical, mi
manera de ver la cosa no es realista. Y sin embargo
ella también la ve así a veces. También era imposible,
según los médicos, que Julio sobreviviera a lo que
pasó en Aix. Y sin embargo lo hizo.) – ellos no dicen
«si un día», sino «el día en que» – pasa a la etapa aguda,
no hay nada que hacer. A pesar de todo lo que van
a querer hacer los médicos, no hay nada que pueda
resultar en aquel momento, y los especialistas guardan
la gente en el hospital por interés medical, en un
sentido. Entonces sé que es mejor para Julio – es una
discusión que he tenido no sé cuántas veces con su
médico, que cree que tendría que vivir casi al lado del
laboratorio, no sé, como si lo importante no fuera la
vida de Julio, sino de seguir de cerca sus reacciones…
Y entre tanto, casi no tiene tratamiento, unas pastillas
muy de vez en cuando para controlar el nivel de los
glóbulos blancos, pero puede vivir una vida perfectamente
normal… esa discusión sobre los viajes, sobre
una promesa que hice el verano pasado, y que tendré
contra todos (bueno, ahora sé que tendré Brynhild
conmigo). Nunca más Julio volverá a vivir el infierno
de la «reanimación» si no hay esperanza.
Me siento mejor, no sé por qué, por haberte dicho
las cosas. La cosa. Que a veces tiene poca realidad.
Nadie puede saber cuánto tiempo puede durar la enfermedad.
Yo creo, realmente creo, que serán años y
años. Tal vez entre tanto tomaremos en el buen momento
el mal avión.
Y como si fuera poco, cuando volvimos de Aix,
ya tuve yo por fin que ir a ver a un médico, muy
avergonzada y colorada, pero tenía lo que conviene
realmente llamar a pain in the ass desde mucho tiempo.
Supongo (después de todo, nací en Boston y algo
me quedará) que si no hubiera llegado el momento en
que sangraba tanto que tenía que ponerme Kotex,
que nunca utilisé por otras razones en toda mi vida
de mujer, nunca hubiera ido. Diagnosticaron un «pequeño
principio de cáncer», me lo sacaron y aunque
el tratamiento que tuve después era bastante deprimente,
parece que ha sido eficaz. Tampoco podía decir
la verdad a Julio, estaba todavía muy golpeado por
su experiencia del verano y incluso sin esto no sé si se
lo hubiera dicho. Su médico hasta tenía miedo que
sea una especie de suicidio inconsciente por simpatía.
Parece que no. Ahora estoy bien, y creo que realmente
está terminando.
Después, para bien empezar el año, casi se murió
mi hermana que en su vida ha tenido problemas de
salud, y fui a pasar dos semanas en Boston cuidando a
sus niños, mientras las vecinas venían a mirarme como
si estuvieran buscando el OVNI que hubiera dejado en
el patio atrás. Pues, terminó bien, pero era justo, justo.
Menos mal que después pudimos ir a Guadalupe. (Y
ahora tenemos un proyecto muy serio de comprar o
hacernos hacer una case en la isla, algo muy sencillo
donde podríamos vivir seis meses por año, porque es
casi imposible trabajar en Paris.) Otro momento del
día – hace nueve o diez días que estamos viviendo en
el camioncito, en la orilla de la autopista del Sur, pero
volveré a explicártelo todo, es una linda locura – y el
grandote dice que ya es hora del trago de la tarde.
Ya tomamos el trago, que era bueno, era vino porque
cuando salimos de Paris calculamos mal la ración
de whisky, pero pasado mañana vienen amigos à la
rescousse, con provisiones. Y tengo que explicarte por
qué estamos viviendo en la autopista desde el 23 de
mayo, y por qué no vamos a salir de ella antes del 26
de junio.
Hace cuatro años, el año en que fui yo que terminé
las vacaciones en la sala de reanimación de un hospital
de Marseilla, después de mi convalecencia en la
misma casa donde Julio pasó la suya el año pasado,
subimos a Paris muy despacito con el coche, por la
autopista pero tomando como seis días, porque todavía
no estaba muy fuerte y viajar cansa en esas condiciones.
Y de aquel viaje, que finalmente fue muy lindo,
nos nació la idea de hacer un día el viaje de Paris
a Marseilla parándonos un día en cada parking, y escribir
juntos un libro alrededor de la experiencia, tomándoles
el pelo a los antiguos exploradores, y gozando
de la ironía de tomar el camino más rápido, y
más «civilisado», para hacer un viaje realmente de tortugas.
Varias veces ya habíamos planificado la cosa –
la última vez cuando se enfermó Julio – y siempre
algo nos impedía hacerlo al último momento. Entonces
este año borramos las fechas entre el 23 de mayo
y el final de junio de la agenda, y decidimos que lo
haríamos pase lo que pase. Y aquí estamos. Tuvimos
que cambiar un poco las reglas del juego cuando después
de haber estudiado el mapa de la autopista nos
dimos cuenta que había como 66 parkings, y no podíamos
pasar más de dos meses… Entonces son dos por
día, y es mucho más maravilloso que todo lo que imaginábamos.
Lo más impresionante es tal vez que desde
el segundo día, encontramos tan normal vivir así,
que a veces nos preguntamos por qué no vivir siempre
así? En diez días, hemos hecho como 140 kilómetros,
y vamos descubriendo cada vez más la otra autopista,
esa misteriosa y secreta vía paralela en donde
al final, es un poco «todos los parkings el parking».
La banda de asfalta hecha para ir de un lugar a otro
a máxima velocidad se ha vuelto una cosa casi abstracta,
y hasta estamos a preguntarnos, a veces, si no
hemos llegado a la inmovilidad total – si no es la autopista
y los parkings que se mueven, y no nosotros.
Estamos felices, locos, hemos por fin entrado en un
espacio que nos da tiempo. Es todo escritura, música,
lectura, erotismo. ¿La gente va a creer que teníamos
que venir en la autopista para conseguir un poco de
paz? Que lo creen o no, es cierto. Dentro de dos días,
viene un amigo de Paris para traernos provisiones. Y
once días después, sube un amigo del Sur para hacer
lo mismo. Y vivimos dentro de Fafner, el camioncito
Volkswagen, como en un palacio. Además, hasta ahora
los parkings han sido increíblemente bellos, los
bosques y pájaros y tranquilidad. Casi siempre nos da
pena pasar al siguiente (porque siempre es desconocido).
Ya avanza bastante el libro, una locura que tendrá
fotos y comentarios scientíficos y cuentos y poemas
y lo que venga…. Nos divertimos como locos.
Los locos que somos.
Una vez terminada la gran expedición, tendremos
que subir muy rápido a Paris, porque salimos para Nicaragua
el 4 de julio. Estoy muy contenta de poder
por fin mostrar ese país que tanto amo a Stéphane,
quien es más que entusiasmado. Hace un mes o dos
que está estudiando el español con un profesor,
yo quería que tenga unas lecciones para llegar hablándolo
bien (ya basta llegar tan alto, con pelo rubio
y ojos azules – si no habla bien el idioma, va a sufrir
como si fuera gringo –), entonces dijo a su padre, sabiendo
bien donde hay que tocarlo y sabiendo muy
bien lo burgués que es, «tengo que encontrarme un
profesor de español, porque Carol me explicó que a
penas llegemos, tendré que aprender a manejar un
arma, y las clases se dan todas en español». Me pareció
tan perfecto que no hice más que una desmentira
que podía no ser una… Hago una exposición de fotos
en Managua para el 19 de julio, fotos de niños. Vamos a
pasar dos meses allá, en una casa que amigos nos han
encontrado en la orilla del mar. Serán vacaciones, pero
también trabajaremos en Managua o en otras partes
dos días por semana. Después, tengo que ir, a principios
de septiembre, al Brasil para un congreso de mujeres
en –los artes… No quise, ademas no represento
a ningun país, pero me sacaron el acuerdo y ya. Después,
tenemos que ir a México para un congreso entre
intelectuales latinoamericanos y norteamericanos (si
se hace, no tenemos noticias). Y después, a Barcelona,
a Alicante, y a una isla cuyo nombre me olvido. Y en
octubre a Bruxellas y a Estocolmo. Ya ves… y podés
imaginar cómo me duelen todos esos viajes, sobre
todo a partir del Brasil, porque en Nicaragua lo vamos
a pasar muy bien, pero lo demás, aunque sea interesante,
sera cansancio antes de todo. Pues, por lo menos,
Julio me prometió que el 83 será año sabático.
Completamente.
No sé si te dije ya que terminamos la novela epistolar,
te la mandaré apenas lleguemos a Paris. Ya la
estoy traduciendo al francés (por el momento, tenemos
editor francés pero ninguno en inglés). Karen
está en Paris, en casa, en ese momento. Desgraciadamente
la vimos poco, pero bastante para darnos cuenta
que nos queremos tanto como antes, y arreglar los
detalles de la novela. Tal vez nos va a visitar en algun
parking la semana que viene.
Bueno, ya te habrá cansado bastante esa carta, donde
además no se habla más que de nuestros asuntos.
Te imagino hundida en Rayuela, es una aventura por
lo menos tan loca – y tan linda – que la en que estamos
metidos nosotros ahora. Espero que estás bien, te escribiré
pronto, con tu carta en mano y hablando de
cosas más divertidas que de esa vida que por momentos,
incomprensiblemente parecía querer transformarse
en tele-novela. Y sin embargo no es así que viví, que
sigo viviendo, las cosas. Se han roto tantas maneras de
ver a las cosas, que quiero hablarte mucho… otra vez, y
entre tanto, gracias por ser lo que sos, sé y no sé por
qué lo sé, que estás. Del mismo lado.
Un gran abrazo, y Julio también te manda cariños.
(Está escribiendo a máquina también, sentado atrás, y
tiene la mesita que nos sirve cuando llueve, como es
el caso ahora. Estoy yo muy bien instalada en el asiento
de pasajero adelante, y mi máquina está en el del
conductor. Todo perfecto. Pero tememos que en uno
de estos algún viajero bien intencionado nos mande
un psiciatra del próximo péage, y no agregaría nada al
libro ni a nuestra vida en ese momento.)
(tengo una cosa muy freudiana con los paréntesis,
me matan las frases!)
cariños,
Carol
P.S. Sabías que nos casamos hace un mes?
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