Julio
Cortázar viaja a Cuba, donde se fraguará
su compromiso político con la Revolución
Cubana. También en 1961 aparece la primera traducción
de una obra de Cortázar: la editorial francesa
Fayard publica “Los premios”. El año
siguiente ve la luz “Historias de cronopios y famas”,
en la editorial Minotauro de Buenos Aires, y en 1963 lo
hará “Rayuela”. Ese mismo año
participa como Jurado en el Premio Casa de las Américas,
en La Habana. Las traducciones de sus obras y sus colaboraciones
en prensa se suceden. En 1966 publica “Todos los
fuegos el fuego” y asume –con la publicación
de su artículo “Para llegar a Lezama Lima”
su compromiso con la izquierda latinoamericana y su lucha
de liberación. Al año siguiente aparece
“La vuelta al día en ochenta mundos”,
y en 1968 “62, modelo para armar” y “Buenos
Aires, Buenos Aires”. 1969 será el año
del volumen de miscelánea “Último
round”. En 1970, viaja a Chile para asistir a la
investidura como Presidente de la República de
Salvador Allende, y la editorial Sudamericana reúne
en el libro “Relatos” una selección
de cuentos de “Todos los fuegos el fuego”,
“Las armas secretas”, “Final del juego”
y “Bestiario”. RAYUELA Y LOS JÓVENES
La explosión de “Rayuela” impresionó
no sólo a la crítica y al público
lector, sino además supuso toda una revelación
para millares de jóvenes que se asomaban por primera
vez a la literatura. Así lo dice el mismo Cortázar:
“A mí se me ocurrió intentar un libro
en el que el lector, en lugar de leer el libro consecutivamente,
tuviera varias opciones. Cuando terminé “Rayuela”
pensé que había escrito un libro de un hombre
de mi edad para lectores de mi edad, y la gran maravilla
cuando se publicó en Argentina y en toda la América
Latina, es que encontró sus lectores en los jóvenes,
en quienes yo jamás había pensado directamente
al escribir este libro. Los verdaderos lectores de “Rayuela”
han sido los jóvenes. Y ese fenómeno se
ha venido manteniendo a lo largo de los años. Esa
es la gran maravilla de un escritor: saber que ha escrito
un libro pensando que hacía una cosa que correspondía
a su edad, a su tiempo y a su clima, y descubrir de pronto
que planteó problemas que son de la generación
siguiente. Esa es para mí la gran recompensa, la
justificación total de “Rayuela”.