
Más allá del espacio, "Retrato en sepia" tiene también
un tiempo definido. A diferencia de "La casa de los
espíritus" (en la que la autora no indica fechas explícitas),
este libro se circunscribe al periodo comprendido
entre 1862 y 1910, aunque Allende seduce con otros
momentos y se expande tanto adelante como atrás. Es
entonces cuando surge esa prosa de adjetivos imposibles,
de originales (y a su vez simples) combinaciones de
substantivos. Finalmente, la novela se dota de rostros
para ubicar a sus fantasmas. Son los espíritus de
la historia contemporánea de Chile, que sufren el
funesto legado colonial de ver como la sangre de los
pobres fluye con excesiva libertad en oposición a
la avaricia con la que se prodigan los derechos de
los hombres. Y son los rostros de grandes mujeres,
mujeres extraordinarias, sublimes, de carácter: "Mujeres
que son pilares centrales de muchas vidas ajenas".
Ellas hacen de esta novela una epopeya de los grandes
sentimientos: tragedia esperanzada, fábula moral,
esbozo de una familia y apunte de un país. En definitiva,
un gran libro .
Ramón Ventura, en el suplemento "Libros" de El Periódico,
7 de octubre del 2000.