El plan infinito", especialmente en su segunda
mitad, muestra la capacidad de la autora para construir
y relacionar un enjambre de personajes en los que
su mundo interior les impide alcanzar la serenidad
vital. Son hombres y mujeres que andan buscándose
a sí mismos. Sus peripecias, más o menos extravagantes,
se contemplan con un conocimiento total, por parte
de la autora, de sus historias. De este modo se anticipan
situaciones que se desarrollarán más adelante. Pero
la mezcla de observación y análisis, salpicado con
pequeñas dosis de sorpresa y exaltación de lo cotidiano
y maravilloso, resulta eficaz. La novela mantiene
en todo momento su tensión y una pizca de humor. Y
"El plan infinito" acaba cerrándose sobre sí mismo,
encajando todas sus piezas.
Joaquim Marco, en "ABC Literario", 14 de diciembre
de 1991.
Sin
ninguna duda, esta reciente novela, ambiciosa, totalizadora,
invasora en alguna medida, certifica, definitivamente,
la plena madurez de Isabel Allende que conquista,
por mérito propio, de espaldas a su determinante apellido
y a algunas marcadas influencias (pensamos en García
Márquez) que se advertían en sus primeros textos,
un sólido espacio en la escritura del continente mestizo.
Nelson Marra, en "La Esfera", El Mundo, 15 de diciembre
de 1991.