Tenía que haber sido un canto de dolor por su hija
Paula, muerta a los 28 años en trágicas circunstancias.
Sentada a los pies de la cama en la que yace su hija,
sumida en un larguísimo coma que finalmente resultó
irreversible, la intención primera de este libro era
guardar la memoria común. "¿Cómo serás cuando despiertes?
¿Tendrás memoria o tendré que contarte pacientemente
los veintiocho años de tu vida y los cuarenta y nueve
de la mía?". Pero el recuento de los recuerdos de
infancia y los secretos comunes no tarda en convertirse
en una especie de exorcismo contra la muerte, al que
poco a poco van sumándose los restantes miembros del
clan familiar y las circunstancias históricas y personales
de cada uno de ellos, hasta configurar un apasionado
canto a la vida. La conmoción creada por "Paula" provocó
una verdadera avalancha de cartas, poemas y testimonios
de solidaridad y consuelo por parte de miles de lectores
algunos de los cuales fueron recogidos en un volumen
titulado "Cartas a Paula".