
La devastadora experiencia que fue velar a su
hija Paula, en coma a lo largo de casi un año,
llevó a Isabel Allende a encerrarse en sí
misma, a solas con el dolor. Pero, de repente, una
noche soñó que se tiraba a una piscina
repleta de salsa, y a la noche siguiente imaginó
que se comía a Antonio Banderas, enrollado
en una tortilla mexicana y sazonado con guacamole.
Entonces comprendió que había terminado
el duelo. Tomando como enseña el apetito y
el sexo ("ambos preservan y propagan las especie,
provocan los cantos y las guerras"), este libro
es una desenfadada recopilación de consejos
para retener a un amante y una oda muy personal a
la sensualidad.