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| Isabel
Allende nos regala "Del Oficio de la Escritura",
un texto en exclusiva para CLUBCULTURA.com |
Los acontecimientos y la gente que he conocido
en el viaje de mi vida son mi única fuente de inspiración.
Por lo mismo trato de vivir con pasión, expuesta
a todos los vientos y sin miedo a los dolores inevitables.
Las experiencias de hoy son mis recuerdos del mañana
y serán mi pasado, la sal de mi existencia. Si pretendiera
una vida segura no podría escribir: ¿qué contaría?
Mi memoria está hecha de aventuras, amores, sufrimientos,
separaciones, cantos y lágrimas. Las pequeñeces
cotidianas han desaparecido. Al mirar hacia atrás
tengo la impresión de haber protagonizado un melodrama,
pero puede no ser verdad: la imaginación me traiciona.
Paso tantas horas callada y a solas, que la realidad
se me desdibuja y termino oyendo voces, viendo fantasmas
e inventándome yo misma. El tiempo se me enreda
y empieza a caminar en círculos. He vivido lo suficiente
para ver la relación entre los acontecimientos y
comprobar que los círculos se cierran. Piso con
mucho cuidado porque se me ocurre que cada acto,
cada palabra, cada intención obedece, tiene importancia
en el diseño final de la existencia. Tal vez el
tiempo no pasa, sino que nosotros pasamos a través
del tiempo. Tal vez el espacio está lleno de presencias
de todas las eras, como decía mi abuela, y todo
lo que ha sucedido y lo que sucederá coexiste en
un presente eterno. En pocas palabras: creo que
todo es posible.
En todo caso, ahora que he alcanzado una edad respetable,
observo mi pasado con una sonrisa y la muerte inevitable
con gran curiosidad. No hay nada tan liberador como
la edad… y como el dolor. No tengo planes, deseos,
temores ni remordimientos: puedo escribir en plena
libertad.

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