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| Isabel
Allende nos regala "Del Oficio de la Escritura",
un texto en exclusiva para CLUBCULTURA.com |
Mis novelas no se gestan en la mente, crecen en
el vientre. No escojo el tema, el tema me escoje
a mí. Mi trabajo consiste en dedicar suficiente
tiempo, silencio y disciplina a la escritura para
que los personajes aparezcan de cuerpo entero y
hablen por sí mismos. No los invento, son criaturas
que existen en otra dimensión, esperando que alguien
las traiga al mundo. Soy sólo un instrumento, algo
así como una radio; si logro sintonizar la frecuencia
precisa, tal vez los personajes se manifiesten y
me cuenten sus vidas.
Cada 8 de enero, cuando comienzo otro libro, oficio
una ceremonia secreta para llamar a los espíritus
del trabajo y la inspiración, luego pongo los dedos
en las teclas y dejo que la primera frase se escriba
sola, como en un trance, tal como se escribió Barrabás
llegó por vía marítima en "La casa de los espíritus".
Carezco de un plan, no sé lo que ocurrirá. Esa frase
inicial entreabre una puerta por donde me asomo
tímidamente a otro mundo. En los meses siguientes
explorará ese territorio palabra a palabra. Los
personajes, que al principio son muy borrosos, irán
revelándose con sus contornos precisos, cada uno
con su propia voz, su biografía, su carácter, sus
mañas y grandezas, tan reales e independientes que
sería inútil de mi parte tratar de controlarlos.
La historia se desdoblará lentamente, un pliegue
a la vez, hasta llegar a los estratos más profundos.
Sin embargo, eso no ocurrió después de la muerte
de mi hija. Ningún personaje vino a golpear mi puerta.
Creí que la fuente de historias -que antes me parecía
inagotable- se había secado. Por tres años no pude
escribir ficción. Entonces recordé que soy periodista
y que si me dan un tema y tiempo para investigar,
puedo escribir sobre casi cualquier cosa. Me di
un tema lo más alejado posible del duelo y terminé
escribiendo "Afrodita", una memoria de los sentidos.
"Afrodita" es un libro sobre gula y lujuria, cocinar
y amor. Ese tema, que necesariamente debía ser abordado
en forma juguetona y humorística, me arrancó de
la depresión; volví a mi cuerpo, a las ganas de
vivir y a escribir ficción.
El 8 de enero de 1998 empecé "Hija de la fortuna",
una novela cuyo tema es la libertad. La protagonista,
Eliza Sommers, es una joven chilena que se embarca
en 1849 en Valparaíso, para ir a la fiebre del oro
en California, siguiendo a su amante, que ha partido
un par de meses antes. Eliza ha sido criada como
una señorita victoriana, prisionera entre las cuatro
paredes de su casa. En California debe quitarse
el corsé, vestirse de hombre y salir a la conquista
de un mundo masculino, sin más armas que su propio
coraje. Durante varios años persigue en vano la
sombra de ese amante escurridizo. Por el camino
Eliza Sommers adquiere algo tan precioso como el
amor: adquiere la libertad.
Cuando terminé esa novela algunos lectores me escribieron
diciendo que querían saber más de los protagonistas.
Supongo que no les gustó el final abierto. En el
2000 escribí "Retrato en sepia", que no es una segunda
parte de la novela anterior, porque puede leerse
en forma independiente, pero retoma algunos personajes
de ella. Es la historia de Aurora del Valle, nieta
de Eliza Sommers. Esta muchacha, nacida en el barrio
chino de San Francisco, sufre un trauma en la infancia
y pierde la memoria de los años anteriores a ese
acontecimiento. Después es adoptada por su abuela
paterna y le tocará hacer el viaje inverso de su
abuela Eliza Sommers, tendrá que ir de California
a Chile. La novela transcurre principalmente durante
los últimos treinta años del siglo XIX, una época
muy interesante en Chile. En ese tiempo hubo varias
guerras y una sangrienta revolución, creo que entonces
se formó el carácter nacional. El tema de esta novela
es la memoria, tema recurrente y fundamental en
mi propia vida.
En este libro retomé también algunos personajes
de mi primera novela, "La casa de los espíritus",
creando así una trilogía con los tres libros, primero
"Hija de la fortuna", segundo "Retrato en sepia"
y tercero "La casa de los espíritus".
Mi libro más reciente es "La ciudad de las bestias",
una historia de aventuras y de magia situada en
el Amazonas. Esta vez espero que mis lectores sean
niños y jóvenes. Después de haber escrito dos largas
novelas históricas, necesitaba recobrar la libertad
juguetona de la infancia, soltarme, agilizar la
pluma, ejercitar la imaginación. ¿Qué mejor entonces
que un libro para niños? Nunca me había divertido
tanto escribiendo como en esta ocasión. Espero que
los personajes de "La ciudad de las bestias" vuelvan
a acompañarme en otros libros y en otras aventuras.

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