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| Isabel
Allende nos regala "Del Oficio de la Escritura",
un texto en exclusiva para CLUBCULTURA.com |
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escritura es para mí un intento desesperado
de preservar la memoria. Soy una eterna vagabunda.
Por los caminos quedan los recuerdos como desgarrados
trozos de mi vestido. De tanto andar se me han
desprendido las raíces primitivas. Escribo
para que no me derrote el olvido y para nutrir
las desnudas raíces que ahora llevo expuestas
al aire. |
El mío es un oficio de paciencia, silencioso y
solitario. Mis nietos, que me ven ante el ordenador
durante horas interminables, creen que paso castigada.
¿Por qué lo hago? No lo sé… Es una función orgánica,
como el sueño o la maternidad. Contar y contar…
es lo único que quiero hacer. Debo inventar muy
poco, porque la realidad es siempre más espléndida
que cualquier engendro de mi imaginación. En el
mejor de los casos la escritura intenta dar voz
a quienes no la tienen o a quienes han sido silenciados,
pero cuando lo hago no me impongo la tarea de representar
a nadie, trascender, dar un mensaje o explicar los
misterios del universo, simplemente trato de contar
en el tono de las conversaciones privadas, procurando
que no se me olviden el humor y la compasión, dos
ingredientes necesarios para dar vida a los personajes.
Soy afortunada, provengo de una familia extravagante.
Un montón de locos deliciosos conforma nuestra pintoresca
estirpe. Ellos han inspirado casi todas mis novelas.
Con parientes como los míos no se necesita imaginación,
ellos proveen todos los componentes del realismo
mágico.
Mis libros nacen de una emoción profunda que me
ha acompañado por largo tiempo. Nostalgia por Chile,
mi patria a los pies del mundo, motivó "La casa
de los espíritus". En esa novela quise reconstruir,
desde el exilio, el país perdido después del Golpe
Militar de 1973, resucitar a los muertos, reunir
a los dispersos. Vivía yo en Caracas como miles
de otros inmigrantes, refugiados y exilados, cuando
el 8 de enero de 1981 recibí una triste noticia
desde Santiago: mi abuelo, un viejo formidable que
iba a cumplir los cien años, agonizaba.
Esa noche instalé en la cocina mi máquina de escribir
y comencé una carta para aquel abuelo legendario.
Era una carta espiritual que él jamás leería, La
primera frase fue escrita en trance, mis dedos volaron
sobre el teclado y antes que alcanzara a darme cuenta
había escrito: Barrabás llegó a la familia por vía
marítima. ¿Quién era Barrabás y por qué llegó por
vía marítima? ¿Qué tenía que ver Barrabás en una
carta de despedida de mi abuelo? Aún no lo sabía,
pero con la confianza del ignorante seguí escribiendo
sin pausa ni respiro, cada noche, sin mayor esfuerzo,
como si voces secretas susurraran la historia al
oído. Al cabo de un año tenía quinientas páginas
sobre la mesa de la cocina. Había nacido "La casa
de los espíritus". Ese Barrabás que llegó por vía
marítima habría de cambiar mi destino; nada volvió
a ser igual para mí después de esa frase. "La casa
de los espíritus" me inició en el mundo sin retorno
de la literatura.
También a partir de un sentimiento profundo escribí
mi segunda novela. Indignación por la brutalidad
impune de las dictaduras que asolaron nuestro sufrido
continente en la década terrible de los setenta,
produjo "De amor y de sombra". En esas páginas quise
encontrar a los desaparecidos, enterrar sus restos
con dignidad y llorar por ellos. Esa novela, escrita
en el tono de una crónica periodística, está basada
en un crimen político. Durante el Golpe Militar
de 1973, miles de personas murieron o desaparecieron
en Chile, entre ellas 15 campesinos de la localidad
de Lonquén, a cincuenta kilómetros de Santiago.
Mis dos primeras novelas fueron llevadas al cine.
En verdad esas películas son bastante mejores que
mis libros…
Mi tercera novela "Eva Luna" y mi colección de
cuentos, "Cuentos de Eva Luna" son libros feministas
que, estoy segura, habrían resultado insufribles
sin el toque sensual e irónico del Caribe. La influencia
de Venezuela, ese verde y alegre país donde viví
durante trece años, los salvó de ser panfletos de
liberación.

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