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La chilena Isabel Allende (Lima, 1942) se
encuentra en Santiago de Chile para presentar
el segundo libro de la trilogía de
novela juvenil protagonizada por la aventurera
abuela Kate Cold (personaje en el que muchos
descubren un álter ego de la escritora)
y su nieto Alexander. En "El reino del
dragón de oro" (Plaza & Janés),
ambos viajan a un reino prohibido de Asia,
donde corren innumerables aventuras.
-"El reino del
dragón de oro" habla de la espiritualidad
budista. ¿Reivindica una fe más
pura en un momento de la historia en que el
fundamentalismo se expresa de forma tan brutal
como el 11-S en Nueva York?
-Sin duda el libro es una respuesta a un tema
de actualidad, que es el fundamentalismo.
"La ciudad de las bestias" tiene
como tema principal la ecología. Éste
es sobre la espiritualidad, una forma esencial,
más pura y no fundamentalista de ver
el espíritu. El tercer libro, "El
bosque de los pigmeos" (aún no
publicado) trata de la paz. Son tres temas
tan de actualidad que era difícil eludirlos.
-Sus críticos
señalan que trata temáticas
demasiado ligadas a la actualidad, como si
sólo buscara temas que fueran a venderse.
-Eso sería atribuirme una gran intuición.
Tengo la deformación del periodista,
estoy al tanto de lo que pasa en el mundo,
pero hay veces en que los temas están
en el aire y son inevitables. Tengo tres nietos,
sé lo que les interesa y lógicamente
escribo sobre esto... Mi intención
no es escribir best-séllers, tengo
la buena suerte de que mis libros se venden
más o menos bien, pero no es premeditado.
Si no, cualquiera podría escribir un
best-séller, sería cuestión
de ponerse al día con el periódico.
-¿Le molesta
que la comparen con la escritora J.K. Rowling,
la creadora de Harry Potter?
-¡No, ojalá pudiera escribir
como ella! Harry Potter abrió un espacio.
Antes había la idea de que los niños
no leen, y ahora se ven niñitos de
ocho años leyendo libros de 800 páginas
en el autobús. Los padres, los maestros
y los editores saben que los niños
leen si les dan a leer lo que ellos quieren
y no unas latas que fueron escritas hace cien
años.
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-Su trilogía
transcurre en la selva amazónica, Himalaya
y África ecuatorial, donde la globalización
no ha penetrado... El personaje malvado recuerda
mucho a Bill Gates...
-El protagonista, Alexander Cold, es un niño
de California que, como tantos niños
norteamericanos, no tiene idea de que existe
el mundo más allá de su pueblo.
Estados Unidos es un país muy provinciano,
donde las noticias sobre el mundo sólo
son sobre las zonas con las que está
en guerra. Quería mostrarles que no
todos viven con el celular en la mano. El
mundo es mucho más diverso. Hay una
saturación del materialismo y los jóvenes
van a reaccionar: pronto va a haber un movimiento
semihippy, ecológico y espiritual.
-¿Le afectó
que al morir Roberto Bolaño se recordaran
las declaraciones en que la definía
como una "mala escritora lisa y llanamente"?
-Bolaño hablaba mal de todo el mundo.
Era una persona extraordinariamente conflictiva
que nunca dijo nada bueno de nadie. A una
obra no le da valor lo que diga Bolaño
o un profesor o un crítico, ni siquiera
las ventas de un libro: es el tiempo. Ahora,
Bolaño es un buen escritor que desgraciadamente
murió, pero eso no lo hace mejor persona.
Cuando vino a Chile habló mal de todos,
no creo que haya un complot contra mí.
-Sí reconocerá
que el pasado año, cuando fue candidata
al premio Nacional de Literatura, se armó
una gran polémica...
-Dijeron cosas horribles, pero se hubieran
dicho de cualquier otro escritor. En este
país a cualquiera que no sea futbolista
y sobresalga un poquito lo tiran para abajo.
Si te va bien dicen que lo haces por plata,
si ganas plata dicen que eres ladrón,
y si no la ganas eres un fracasado..., es
la mentalidad nacional.
-¿Tiene algo
que ver con eso el que muchos escritores que
salieron al exilio se quedaran fuera aún
tras el regreso de la democracia?
-Chile maltrata a su gente. Gabriela Mistral
pasó casi toda su vida fuera; Pablo
Neruda, gran parte de ella. José Donoso,
también, pero se fue mucho antes del
golpe, porque no había espacio, había
una sensación de fracaso, de pesimismo.
Es muy difícil hacer cosas cuando todo
el mundo te está tirando para abajo.
Claudio Arrau, Roberto Matta..., tantos chilenos
que han tenido que irse fuera para poder respirar...,
porque aquí te aplastan.
-Vive en Estados Unidos
y tiene la nacionalidad norteamericana. ¿Qué
opina de Bush?
-No hay nada que me dé más terror
que el sentimiento patriotero, que se traduce
a menudo en exclusión de todo lo que
no es nacional, de modo que cualquier disidencia
pasa a ser un acto de traición a la
patria. Me opongo completamente al Gobierno
de Bush.
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