Con
una familia como la suya, Allende casi no necesita usar
su imaginación: ellos la proveen de casi todo el material
que necesita para sus novelas. Muchos de sus familiares
han servido de modelo para personajes de sus novelas;
sus abuelos, por ejemplo, se convirtieron en Esteban Trueba
y Clara del Valle en "La casa de los espíritus". También
en "Paula" escribió bastante sobre alguno de ellos. Isabel
es la primogénita del matrimonio formado por Francisca
Llona Barros y Tomás Allende, y tiene dos hermanos, Juan
y Francisco. Por parte de los Llonas, proviene de una
familia vasca, y de españoles y portugueses por los Barros
Moreira. En los años cuarenta su padre fue funcionario
en la embajada de Chile en Lima, ciudad en la que Isabel
vivió hasta los tres años de edad. Poco después de su
arribo a Chile, cuando los niños son aún pequeños, Francisca
y Tomás Allende deciden separarse. |
Desde entonces, la madre de Isabel, a quien cariñosamente
llaman Panchita, ha desempeñado un papel fundamental
en la vida de su hija; además de la literatura, ambas
comparten la pasión por la pintura. Panchita se une en
segundas nupcias a otro diplomático chileno, Ramón Huidobro,
con quien recorre Europa en constantes misiones diplomáticas
y protocolares, pero tanto ella como su hija Isabel aprovechan
la rutina de exilios y viajes para alimentar el talento
literario y artístico.
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En 1975, dos años después del golpe militar en Chile, junto
a Miguel, su primer esposo, y sus hijos Nicolás y Paula, Isabel
se refugia en Caracas, Venezuela. En opinión de la escritora,
los trece años vividos en ese país fueron los más importantes
de su vida, puesto que la iniciaron en la escritura. El exilio,
como a tantos chilenos, separó momentáneamente a la gran familia,
pero muy pronto Isabel volvió a convivir con su madre y Ramón
Huidobro en el mismo edificio, lo que hizo más llevadero el
desarraigo. En Caracas Isabel comienza a escribir "La casa de
los espíritus", y es la propia Panchita quien se da cuenta de
que con aquella novela había nacido una gran obra, y encuentra
el canal para llegar hasta la agencia literaria de Carmen Balcells
en Barcelona. El resto es historia.
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Isabel
Allende llega a Estados Unidos en 1987, acompañada de Willie,
su segundo esposo. Ya para entonces es reconocida como una de
las narradoras más importantes en lengua hispana. El matrimonio
reside en San Rafael, un tranquilo suburbio californiano, en
una de las casas más acogedoras y pintorescas de la costa oeste,
desde donde puede dominarse una espléndida vista de la bahía
de San Francisco. La residencia de la escritora, conocida como
"La casa de los espíritus", está armoniosamente "ocupada" por
objetos que Isabel trae consigo de sus viajes por el mundo:
tapicería turca, orfebrería marroquí, cuadros pintados por ella
misma y enormes ramos de flores frescas. Entre los inquilinos
también se encuentran cuatro mapaches, un zorro, un gato, y
varios pájaros.
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La casa se ha visto consecutivamente poblada y despoblada
por los miembros de tan numerosa familia. Allí languideció
su hija, a quien Isabel cuidó con la ayuda de su amiga
Lygia, el ama de llaves nicaragüense que hoy le ayuda
a criar a sus nietos Andrea y Nicole; allí también terminó
de escribir "Paula", el doloroso testimonio que había
comenzado en Madrid en 1992 mientras su hija se encontraba
hospitalizada. |
La
oficina de Isabel en Sausalito es una especie de santuario
donde son admitidos muy pocos visitantes. Situada a veinte
minutos de su casa, ocupa la mayor parte de su tiempo, pero
aun le queda espacio para sus amigos, sus compromisos y sobre
todo, para su esposo Willie, con quien comparte el gusto por
las cosas simples y a la vez intensas de la vida familiar:
ambos adoran escuchar música clásica, ver vídeos de películas
viejas norteamericanas y recibir a los buenos amigos.
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