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LA
LITERATURA NO TIENE SEXO // |
¿Cómo
se sitúa a sí misma en la literatura latinoamericana?
Hay quien me clasifica como la única mujer del "boom" latinoamericano.
Sin embargo yo llegué después del "boom", todos eran ya escritores
consagrados cuando publiqué "La casa de los espíritus". Me resulta
difícil clasificarme. Diría que me siento muy solita, no pertenezco
a ningún club, a ninguna de esas complejas relaciones que los
escritores establecen y en las que unos se apoyan en los otros,
se inflan los unos a los otros. Eso se nota mucho en Chile,
donde las páginas de literatura de El Mercurio están manejadas
por cuatro o cinco escritores que siempre están echándose flores
los unos a los otros. Los que no pertenecen a esa pequeña mafia
no forman parte de ese movimiento literario. |
¿Cree que es cierta esa invisibilidad de la que se quejan las
mujeres escritoras de Latinoamérica? Desde luego. Hasta
hace muy poco, las mujeres estaban condenadas al silencio. Las
mujeres han escrito, en América, desde sor Juana Inés de la
Cruz. Han escrito maravillosos libros e incluso hay una premio
Nobel, Gabriela Mistral. Sin embargo, hay una especie de conspiración
de silencio en torno a su trabajo. No se espera que sea creativa
en un mundo machista. Tenemos que dar el doble de batallas para
ganar la mitad de reconocimiento. Cuesta mucho publicar, y cuando
se consigue, si tenemos éxito, se nos descalifica. Si no tenemos
éxito, los hombres se sienten más seguros, ya no importa y pueden
dar una crítica mejor. Pero eso sí, siempre que el libro no
se venda. En la última década más y más mujeres están escribiendo,
porque los editores han descubierto que más y más mujeres leen,
y que len mucha más ficción que los hombres. Ahí hay un mercado
que empiezan a explotar, están Ángeles Mastretta, Laura Esquivel
y muchas otras. Pero esto sucede por una necesidad comercial
de los editores. |
¿No cree entonces que exista la literatura femenina?
Creo que existe una perspectiva que la da el sexo, la edad,
la raza y las circunstancias en que uno nace. Todo determina
una perspectiva para ver la vida que, naturalmente, determina
lo que uno escribe. Pero la literatura misma tiene como única
materia prima la palabra, y esa no tiene sexo. A nosotras, como
mujeres, no nos conviene segregarnos, porque ya nos segregan
bastante, así que no creo necesario establecer un género que
se llame literatura femenina. |
Ahora la comunidad intelectual reconoce su trabajo y estudiantes
de literatura de Harvard estudian y escriben sus tesis sobre
su obra. ¿Cómo se siente?
Bueno, me enorgullece y me complace, pero no tiene nada que
ver conmigo. Hay un montón de gente que vive de la literatura
sin haber escrito una palabra. Ese es otro oficio: analizar
los libros, enseñarlos, promoverlos, publicarlos, criticarlos…
Eso no tiene nada que ver con el proceso íntimo y callado de
escribir. Esa es la parte que me toca a mí, la que tengo que
hacer yo calladamente, sobre esta mesa. Es un oficio modesto
que no tiene la grandeza ni la complicación que cree la gente
que vive en torno a la literatura. Escribir una novela es como
bordar una tapicería con hilos de muchos colores. Es un trabajo
artesanal, de cuidado y de disciplina. |
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