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  / LOS SECRETOS DE AFRODITA //
¿Cómo nace "Afrodita", un libro tan diferente de los demás que ha escrito?
Cuando acabé "Paula", a finales de 1993, me hundí en la depresión que me rondaba desde la muerte de mi hija, un año antes. Empecé a hacer terapia. Tomé Prozac durante cuatro meses, pero no me ayudó en lo más mínimo. Mi madre me decía: "¿Pero como puedes pensar que un comprimido va a hacer desaparecer el dolor por la muerte de una hija? Tienes que vivir con ese dolor hasta el fin". Y así pasé dos años que no pude escribir nada. Después encontré un tema: la historia de Sabrina, la nieta de Willie. Pero era un tema triste, porque la niña había nacido destinada a morir pronto. Su madre era drogadicta y tomaba todo tipo de drogas durante el embarazo, de forma que Sabrina nació prematuramente y con graves problemas neurológicos, y encima de todo afectada por el virus del SIDA. Sabrina es adorable. Evidentemente. Continúa con el virus, pero está bajo control. Cuando me di cuenta de que otra vez estaba escribiendo sobre el dolor y la muerte, decidí: "No, vamos a hacer un libro que sea exactamente lo contrario a esto". ¿Y qué puede ser lo contrario a la muerte sino la vida, que para mí tiene tanto que ver con el placer? Fue entonces que pensé en la comida, en el sexo y en los afrodisíacos.

"Afrodita" aboga claramente porque la gente haga más el amor y cocine y coma mejor. ¿No cree que el ritmo que marca esta sociedad no favorece ni una cosa ni la otra?

Vivimos demasiado agotados. Mire el número de horas que trabaja la gente… Hay estudios en Estados Unidos que confirman que las parejas, la gente normal que ha de trabajar para ganarse la vida hacen el amor una vez por semana, y saben incluso los días y la hora: viernes y sábados por la noche… El resto de la semana no tienen tiempo ni para comer. Se come de pie o, si no, se llevan unas cajitas a la oficina y las colocan al lado del ordenador. Ya no hay espacio ni siquiera para comer. Un libro como "Afrodita" se propone crear un espacio. Y si uno tiene buena disposición e intención para dedicar tiempo y espacio a la sensualidad, se ha de encontrar. Aunque cocinara y se comiera todas las recetas que salen en libro en un solo día, si no se crea ese espacio emocional para el amor, no funcionaría. Y es que, aparte de algunas drogas que provocan la erección, no existe ningún afrodisíaco real. Todos los filtros de amor y nuevas posturas son subjetivos. Lo único que no es subjetivo es el amor, porque si hay amor no necesitas ningún afrodisíaco.

¿El amor salva de una existencia vulgar a las personas?
Yo creo que sí, es una idea romántica y hay que tener mucho cuidado con la palabra romántico, porque está como desprestigiada, sobre todo en boca de mujeres. Cuando uno cree en ciertas cosas lo acusan de sentimental, de mujercita, como si ser mujercita fuera menos. Las mujeres se cuidan mucho de escribir sobre erotismo, sobre amor, porque les da miedo que las califiquen de literatura light, y que los críticos les caigan encima. Te voy a dar un ejemplo concreto: ninguna mujer se habría atrevido a escribir un libro como "El amor en los tiempos del cólera". Es un libro que sólo García Márquez se podía dar el placer, el gusto y el lujo de escribir. Y una mujer habría tenido miedo. ¿Cómo lo habría recibido la crítica?

   
© Isabel Allende 2001