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Entrevista de Yaron Avitov (y III)

P · ¿Hasta qué punto se parece al protagonista? Escribe: “Cómo se puede ser turista en Auschwitz”. Entiendo que usted estuvo en Auschwitz. ¿Qué sintió al salir de allí?

R · No me parezco al protagonista, aunque sí tengo su espíritu restaurador. Pero no soy yo. Quería que el lector se identificara con el protagonista desde el principio, y creo que si algún mérito tiene la novela, es ése: el verdadero “comprador de aniversarios”, al final, es el lector mismo, que va descubriendo la historia al mismo tiempo que el escritor. Y sí, estuve en Auschwitz y fue para mí una experiencia muy intensa. Conseguí hacer abstracción de los grupos de turistas y de los grupos de curas. Creo que Auschwitz tiene el riesgo de ser apropiado por la Iglesia católica polaca, que como todo el mundo sabe es la más peligrosa de todas.

P · ¿La historia del accidente es fruto de su imaginación?

R · Sí, por entero. Era una manera de poder comparar la Alemania de hoy con la del nazismo y también de amparar la falta de vinculación directa del narrador con los hechos narrados. Hice un ejercicio quijotesco, cervantino, que es interponer un narrador entre el escritor y el lector. Y sólo podía existir detenido en una especie de barracón de hoy en día en Alemania: un hospital. Al fin y al cabo, en un hospital se hizo Mengele.

P · ¿Su protagonista siente rechazo hacia Alemania y los alemanes y compara los médicos que le cuidan con los médicos nazis e incluso con Mengele. ¿Cuál es su actitud hacia los alemanes?

R · Hacia los alemanes no tengo ningún sentimiento particular, ni a favor ni en contra. Pero sí me parece que la historia ha cerrado demasiado pronto la memoria de los horrores, y que todos los males que amenazan ahora a Europa, mixtificaciones sofisticadas de los males que ha tenido siempre, cristalizados al extremo en los años 30 pasados, vuelven a verse de nuevo: el nacionalismo, la injusticia, la intolerancia, el racismo, la ira y la frustración. Soy muy pesimista sobre el futuro, aunque mi talante es optimista por naturaleza.

P · ¿Existe realmente otra Alemania? ¿Alemania nueva? ¿El libro ha sido traducido al alemán? ¿Cómo reaccionaron los alemanes?

R · Mire, cuando le hablé a una alemana, una escritora conocida en Alemania, sobre mi novela me dijo: “Tu novela sobre Auschwitz no se puede traducir en Alemania porque no entenderían que un tema tan nuestro lo trate un español”. Y yo le pregunté: “¿Un tema tan nuestro, Auschwitz? ¿No será mejor decir un tema tan judío, por desgracia, y por ello tan de todos?”. Me pareció ver en ella altivez, la soberbia de quien ha alcanzado el autoperdón por vía de la amnesia provocada.

Torre de vigilancia

P ·  Escribe: “Auschwitz está cerca”. ¿Teme usted que los hechos se puedan repetir? ¿Qué opina de Ahmadinejad y los negadores del Holocausto? ¿Intentan en su opinión hacer olvidar el pasado intencionadamente?

R · Ahmadinejad es un retrasado mental muy peligroso. Un fanático en el sentido más pernicioso del término, que es una mezcla de payaso y de visionario, aunque tiene aspecto de títere. No me extraña que haya encontrado alianzas en otros payasos peligrosos, Chavez y demás. Nasralá me da más miedo. En realidad creo que el enemigo común es el islamismo, radical o no, que posee una agresividad enorme y que en Europa, por ejemplo, no está catalogado como un mal, sino como una civilización diferente. Creo que Irán nos va a dar un gran disgusto.

P · Usted defiende a Israel en artículos que publica en España. Cuéntenos qué tipo de artículos escribe sobre Israel y qué opinan los intelectuales de la izquierda española sobre Israel y sobre usted. ¿Qué opinan del libro? ¿Cómo reaccionaron?

R · Mis artículos son recibidos con interés por mucha más gente de lo que parece, y publico en un medio –El País- que es realmente garante de la libertad de expresión, que da cabida a todo tipo de opiniones, algo que no se puede decir de muchos periódicos en España. Pero en la izquierda, que está bastante acobardada y es rehén de sus prejuicios con respecto a Israel, paso por ser islamófobo y sionista, sencillamente por ir en contra del discurso oficial sobre Israel. Pero no soy ningún mártir, al contrario, me defiendo bien en la distancia corta. En cuanto al libro, la crítica fue muy elogiosa, y unánime. Me ha dado muchos lectores y ha emocionado a mucha gente. Esta es mi mayor alegría.

P · ¿Cómo espera que sea la acogida del libro en Israel? ¿Espera que se convierta en éxito de ventas?

R · En cuanto a las ventas, querría que al menos mi editor, Uzi Agasi, que creyó en el libro con entusiamo desde el principio y a quien le estoy muy agradecido, quede contento con el resultado del libro. Tengo también que agradecer el entusiasmo a mi traductora, Einat Talmon, sencillamente extraordinaria. Y para mí es muy importante, pero mucho, ser traducido al hebreo con este libro precisamente, que sólo adquiere su sentido final ahora, en Israel y en hebreo, en las letras que seguramente estuvieron cerca de Hurbinek y de sus jóvenes padres. Para mí es un honor, y un regalo.


 

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