
Su versión de los
hechos |
Brujas
en la memoria.
Tres preguntas a Juan Marsé |
Al comienzo de "Si te dicen
que caí", el narrador, en uno de sus vertiginosos
exabruptos, hace una especie de declaración
de principios: "ya soy mayor, ya soy memoria
y no podréis conmigo, brujas". ¿Qué
tiene Juan Marsé que decirle, treinta años
después, a esas brujas que luchan en su memoria?
La transición democrática en
España podía y debía haber sido
más enérgica y más progresista,
ya lo he dicho otras veces. Los restos funestos del
franquismo aún se perciben. La justicia, por
ejemplo, funciona por el culo en este país.
Hay jueces impresentables. Pero, en fin, la dichosa
transición también podía haber
ido peor, nunca se sabe en este país de los
mil demonios... Por mi parte, no añoro nada
del franquismo, salvo los veranos de mi infancia,
cuando me bañaba en pelotas con los amigos
en las albercas, entre viñedos del campo del
Penedés, en la provincia de Tarragona.
Además de la represión cultural, la
intolerancia y la estupidez que caracterizó
aquella época, sería bueno decir que
no fueron los franquistas los únicos censores:
igual que pasó con otras novelas mías,
"Últimas tardes con Teresa", por
ejemplo, cuando al fin salió el libro, hubo
una crítica demoledora de exiliados en París,
miembros del Partido Comunista al que yo también
pertenecí durante algún tiempo, que
me reprochaban el hecho de que la novela fuera completamente
contraria a los principios con los que nos habíamos
comprometido. Es decir que, en ese momento, la novela
no fue mirada con buenos ojos por casi nadie.
Muchas veces has dicho que
"Si te dicen que caí no es una novela
política" sino un ajuste de cuentas con
tu infancia.
El primer latido narrativo del libro fue el
que describo en una de las páginas de la novela:
un harapiento muchacho del barrio contando aventis
a un coro de niños junto a las ruinas de un
edificio. En seguida, una célula que dormía
en algún rincón de la memoria, anestesiada
por la represión franquista, empezó
a despertar y me entregó el contexto que conformaría
la crónica de una década atroz 1940-50-.
Con todo, por encima de ese contexto histórico,
predominó siempre, mientras se urdía
la trama, la libertad literaria de algo, que una vez
más, llamaré simple y llanamente, el
placer estético. No renuncio en estas ficciones,
si hace el caso, a vengarme de un sistema que saqueó
y falseó mi pasado, mi adolescencia, el sol
de mis esquinas. Pero, ciertamente, "Si te dicen
que caí" no pretende tanto ser una revancha
personal contra el franquismo como una nostálgica
despedida de la infancia. Los políticos no
suelen saberlo, pero detrás del supuesto huracán
de intenciones de una novela, suele silbar el viento
perdido de la niñez.
¿Qué puedes decirnos
de las correcciones introducidas a la novela en 1988?
Poco tengo que añadir al "delantal",
casi prólogo, que aparece en esa edición.
Revisar libros ya publicados es una tentación
que deben tener muchos escritores. A mí, lo
que me gustaría a partir de ahora es corregir,
reescribir todo lo que he publicado sin tener que
inventar nada nuevo. Inventar es una lata. Pero cuando
se reeditaron "Un día volveré"
y "Si te dicen que caí" me vi casi
obligado a revisarlas. En la primera novela, tuve
que revisar sobre galeradas, mientras que en "Si
te dicen que caí" fui más a fondo
y reestructuré incluso algún capítulo.
Cogí el libro y la máquina de escribir
y redacté toda la novela de nuevo, de principio
a fin. Al releerla pensé que era larguísima,
una novela que no se terminaba nunca. Creo que yo
también tengo una cierta tendencia a la retórica
poética, cosa que he criticado muchas veces.
Por eso tuve que hacer una poda importante en este
sentido, dejando ambas novelas, en términos
generales, escritas en un lenguaje más simplificado.
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| Caricatura
de Gustavo Santalla aparecida en "Blanco
y Negro" el 15/4/1977 |
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