Presentación en la Fnac Callao (Mad)
Censura en Cuba
Expediente Marsé
Luis Pastor
Raymundo Gleyzer

 

Introducción Entrevista
Los informes El veredicto
La versión oficial  

Su versión de los hechos
Brujas en la memoria.
Tres preguntas a Juan Marsé


Al comienzo de "Si te dicen que caí", el narrador, en uno de sus vertiginosos exabruptos, hace una especie de declaración de principios: "ya soy mayor, ya soy memoria y no podréis conmigo, brujas". ¿Qué tiene Juan Marsé que decirle, treinta años después, a esas brujas que luchan en su memoria?

La transición democrática en España podía y debía haber sido más enérgica y más progresista, ya lo he dicho otras veces. Los restos funestos del franquismo aún se perciben. La justicia, por ejemplo, funciona por el culo en este país. Hay jueces impresentables. Pero, en fin, la dichosa transición también podía haber ido peor, nunca se sabe en este país de los mil demonios... Por mi parte, no añoro nada del franquismo, salvo los veranos de mi infancia, cuando me bañaba en pelotas con los amigos en las albercas, entre viñedos del campo del Penedés, en la provincia de Tarragona.
Además de la represión cultural, la intolerancia y la estupidez que caracterizó aquella época, sería bueno decir que no fueron los franquistas los únicos censores: igual que pasó con otras novelas mías, "Últimas tardes con Teresa", por ejemplo, cuando al fin salió el libro, hubo una crítica demoledora de exiliados en París, miembros del Partido Comunista al que yo también pertenecí durante algún tiempo, que me reprochaban el hecho de que la novela fuera completamente contraria a los principios con los que nos habíamos comprometido. Es decir que, en ese momento, la novela no fue mirada con buenos ojos por casi nadie.

Muchas veces has dicho que "Si te dicen que caí no es una novela política" sino un ajuste de cuentas con tu infancia.

El primer latido narrativo del libro fue el que describo en una de las páginas de la novela: un harapiento muchacho del barrio contando aventis a un coro de niños junto a las ruinas de un edificio. En seguida, una célula que dormía en algún rincón de la memoria, anestesiada por la represión franquista, empezó a despertar y me entregó el contexto que conformaría la crónica de una década atroz 1940-50-. Con todo, por encima de ese contexto histórico, predominó siempre, mientras se urdía la trama, la libertad literaria de algo, que una vez más, llamaré simple y llanamente, el placer estético. No renuncio en estas ficciones, si hace el caso, a vengarme de un sistema que saqueó y falseó mi pasado, mi adolescencia, el sol de mis esquinas. Pero, ciertamente, "Si te dicen que caí" no pretende tanto ser una revancha personal contra el franquismo como una nostálgica despedida de la infancia. Los políticos no suelen saberlo, pero detrás del supuesto huracán de intenciones de una novela, suele silbar el viento perdido de la niñez.

¿Qué puedes decirnos de las correcciones introducidas a la novela en 1988?

Poco tengo que añadir al "delantal", casi prólogo, que aparece en esa edición. Revisar libros ya publicados es una tentación que deben tener muchos escritores. A mí, lo que me gustaría a partir de ahora es corregir, reescribir todo lo que he publicado sin tener que inventar nada nuevo. Inventar es una lata. Pero cuando se reeditaron "Un día volveré" y "Si te dicen que caí" me vi casi obligado a revisarlas. En la primera novela, tuve que revisar sobre galeradas, mientras que en "Si te dicen que caí" fui más a fondo y reestructuré incluso algún capítulo. Cogí el libro y la máquina de escribir y redacté toda la novela de nuevo, de principio a fin. Al releerla pensé que era larguísima, una novela que no se terminaba nunca. Creo que yo también tengo una cierta tendencia a la retórica poética, cosa que he criticado muchas veces. Por eso tuve que hacer una poda importante en este sentido, dejando ambas novelas, en términos generales, escritas en un lenguaje más simplificado.

Caricatura de Gustavo Santalla aparecida en "Blanco y Negro" el 15/4/1977